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Báilame el agua

Sí, sé lo que quiero.

Prefiero morir vicioso y feliz a vivir limpio y aburrido. Prefiero encontrar una estrella en el fango a cuatro diamantes sobre un cristal. Prefiero que la estrella queme, sea fuego, a un tacto rezumante de frialdad. Prefiero besar el duro suelo veinte veces para llegar una sola vez a lo más alto a escalar poco a poco, sin caer nunca pero sin llegar jamás a la cima. Prefiero que me duela a que me traspase, que me haga daño a que me ignore. Prefiero sentir. Prefiero una noche oscura y bella, sucia y hermosa, a un montón de días claros que no me digan nada. Prefiero una cadena a un bozal. Prefiero quedarme en la cama todo el día pensando en mi vida a levantarme para pensar en la de otros. Prefiero un gato a un perro. Porque el gato te araña, es infiel, te ignora, se escapa, pero sabes que, a pesar de todo, no podría vivir sin ti. En cambio, el perro es tonto, no sabe nada, te obedece hasta el absurdo. Prefiero las mujeres gato a las mujeres perro, por las mismas razones. Prefiero el mar a la montaña. La vida es una noche tumbado en la playa, mirando las estrellas sin verlas, soñando despierto, dejando que la arena se cuele entre los dedos de mis pies, embriagado de todo. Y la noche, siempre la noche. Nunca la luz del sol. La noche es mágica. Me hace vivir, no pensar. Me pone en movimiento. Rompe mis esquemas. Prefiero las noches frescas de verano, andar con poca ropa, sentarme en el suelo y meterme algo de vida en el cuerpo. La mañana me sabe a dolor de cabeza. Me da sueño. Me quita las ganas de hablar. Me recuerda que soy mortal. Me recuerda que soy normal. La noche me hace único. Prefiero experimentar las cosas, aunque me hagan mal. Aunque me hiervan la sangre. Prefiero probarlo todo a morirme sin saber lo que me gusta. Y, más que nada, prefiero la vida que dan sus besos de caramelo y la suave caricia de su piel caliente.

 

Fragmento de Báilame el Agua, de Daniel Valdés.

Técnicamente este blog trata sobre educación, no sobre cosas chachis que he leído últimamente, lo sé. Pero técnicamente todo encaja, ¿no? Todo es parte de lo mismo. La educación es parte de la enseñanza. Los valores son parte de la educación. Los valores son parte de la sociedad. La sociedad es parte de las personas. Sin reflexionar sobre personas, sociedad y valores no se puede intentar mirar más allá.

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La estrella de la mañana

De pronto se dio cuenta de lo evidente: les odiaba, y no se sentía culpable de ese sentimiento. Les odiaba por ser distintos, y por saberlo, por hacer que él se sintiera diferente aún sin pretenderlo. Eran refinados, cultos, imbéciles… No, eso sí que no era justo. ¿Imbéciles por qué, solo por ser ricos? Quizá no tuvieran la culpa. Habían nacido así y no podían saber nada más. Pensar de esa forma era, además, otro tipo de racismo.

¿Cómo le veán a él?
Fragmento de La estrella de la mañana, de Jordi Sierra i Fabra. No suelo leer nada de este autor, pero hace unas semanas me vi tentada de releer el único de sus libros que me gustó (El loco de la colina) y al final salí de la biblioteca cargada de obras suyas. La estrella de la mañana ha sido, hasta el momento, una de las mayores pérdidas de tiempo de mi vida, pero este párrafo enconcreto merece la pena. Me gusta mucho porque describe no solo las diferencias de clase, si no las diferencias. Así, a secas.

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