Educación no reglada, Uncategorized

Error informático en la notificación de suplencias para la beca de inmersión lingüística del MEC y la UIMP

Como ya habréis visto el Ministerio ha enviado esta mañana un email bastante mal redactado -a mi entender, por lo menos, porque más de uno ha sido incapaz de hallar la nueva resolución con las instrucciones enviadas- indicando que ha habido un error en la información publicada sobre las listas de espera de esta beca.

Por si sois de los que aún seguís dudando en qué puesto os encontráis, lo podéis averiguar del siguiente modo:

1) Haced log in con vuestros datos de acceso.2) Clic en “mis trámites”.
3) De las opciones que os aparecen, seleccionad “becas”.
4) De la lista de becas a las que hayáis postulado en los últimos años, debéis seleccionar aquella titulada “Convocatoria de ayudas para participar en cursos de inmersión en lengua inglesa…” seguido del nivel educativo para el que se convoca (hay una para enseñanza de estudios superiores y otra para magisterio y bachillerato, creo recordar, así que el nombre cambia). Haced clic justo debajo, sobre “formulario de solicitud y consulta de solicitudes“.
5) En la pantalla que os aparece, debajo del cuadrito azul, clic en “acceso a la solicitud“.
6) Y en esta pantalla ya podéis encontrar vuestro número de suplente actualizado, en la última línea de texto.

Suerte!

Y, querido ministro Wert, un poquito de atención a los becarios que envían los emails, que los pobres no se deben de concentrar trabajando 40 horas por 200 euros al mes.

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Minipost: ¿se puede entrar en ingeniería en la UNED con Bachillerato de Ciencias Sociales?

Sí, se puede. La UNED no tiene límite de plazas ni nota de corte, así que es perfectamente posible acceder a carreras científicas habiendo realizado un Bachillerato de letras y con una nota de 5 en Selectividad.. Sin embargo, en carreras como psicología llevan ya un par de años hablando de instaurar numerus clausus, por lo que es posible que las condiciones de acceso varíen en el futuro.

Sin embargo, debes de tener en cuenta que estudiar a distancia no es sencillo, especialmente si careces de la base adecuada en las materias que pretendes cursar. Por ello te recomiendo que valores bien las posibles dificultades. Existen numerosos cursos introductorios donde mejorar los conocimientos de base antes de comenzar una carrera universitaria.

Hagas lo que hagas, ¡suerte!

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Cursos de Operaciones y Observadores de Paz

La Escuela de Guerra del Ejército de Tierra organiza nuevamente para el 2013 los cursos de Observadores de Paz y  los de Operaciones de Paz dos por semestre, respectivamente. Ambos están abiertos a la participación de personal no militar y no suponen ningún gasto de matrícula, aunque cada alumno deberá hacerse cargo de los gastos de manutención y alojamiento si fuera necesario su desplazamiento, siempre teniendo en cuenta que la mayor parte del desarrollo de las materias se impartirán en la mencionada Escuela, en la calle Santa Cruz de Marcenado, número 25, de Madrid.

Los  cursos de Operaciones de Paz, tendrán  lugar en su primera edición entre el 19 de febrero y el 8 de marzo y en su segunda edición entre el 12 y el 29 de noviembre, abarcando materias muy diversas, por ejemplo, sobre la política exterior española en este tipo de operaciones, el apoyo del psicólogo a las mismas, el Ejército de Aire y la Armada en ellas, su aspecto financiero, la aproximación al Islam o la gestión de equipos en situaciones de crisis, todo ello apoyado por prácticas.

Los cursos de Observadores para Misiones de Paz tendrán lugar del 21 de mayo al 13 de junio el correspondiente al primer semestre y del 8 al 31 de octubre para el segundo semestre, y en él se impartirán materias como el Derecho Internacional Humanitario, conducción todoterreno, seguridad y autoprotección, la protección de la población civil en conflictos armados, las ONGs en misiones de paz o la actuación policial del observador de paz, además de varias clases y ejercicios prácticos que tendrán lugar fuera de la Escuela.

Para optar a los cursos no es necesario rellenar ningún formulario de inscripción, aunque sí efectuar un contacto previo un mes antes del inicio del curso con el organismo seleccionador del alumnado, la Dirección General  de Política de Defensa, a través de la Subdirección General de Cooperación y Defensa Civil (Área de crisis), en el Ministerio de Defensa, avenida de la Castellana 109 de Madrid, o en el teléfono: 913 955 000. Si necesita una mayor información sobre los cursos contacte con el Departamento de Operaciones de Paz de la Escuela de Guerra del Ejército de Tierra, teléfono 915242000 (centralita).

Nota: este texto me ha llegado a través del Centro de Empresa de Guadalajara. No me gusta plagiar tan descaradamente pero me parecía interesante compartirlo.

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Aportación económica a los estudiantes Erasmus 2012-2013

Acabo de descubrir esta información. El primero punto no tiene ningún desperdicio. La ayuda económica para los Erasmus del próximo curso es de 100€ si no son becarios del Ministerio, 185 si sí lo son.

Esto, por supuesto, por un plazo máximo de 8 meses. Conozco a gente que tiene que estar 10 en su universidad de destino; dado que estos dos meses no se los cubre ninguna beca se quedan en (atención), CIENTO CUARENTA Y OCHO EURAZOS AL MES, eh. Dineral. Esto para los becarios, claro, para los demás ni eso.

Qué, futuros Erasmus, ¿en qué pensáis emplear tan generosa cifra? No os quejéis que os da para comprar el papel higiénico de marca, cuidado.
Noticia también para los estudiantes de Andalucía, que por todos son conocidos por tener las becas Erasmus más jugosas de todas: se os acaba el chollo. Compañeros andaluces me comentan que las becas han bajado de 900€ a 333€ por mes (becarios) y 600€ a 350€ en el caso de los no becarios. Sí, los no becarios reciben más dinero que quienes sí lo son. Esto para el destino de Portugal, pues para cada país tiene unas cifras distintas… pero vamos, que Portugal tiene de barato lo mismo que España (si tienes sueldo alemán es un chollo, si eres de Murcia no tanto) y estoy segura de que los estudiantes que deseen solicitar una Erasmus en Portugal no acogerán con alegría esta noticia… cuando tenga ganas de reírme un rato revisaré las ayudas económicas para otros países, que seguro que son de leer y no creer.

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Geografía

Hay gente a la que le gusta recorrer el mundo. A mí me interesa más recorrer mentes; la orografía del pensamiento ajeno es mucho más gratificante de trazar. Me gustan esas personas que desde el principio captan mi atención y aquellas otras que resultan anodinas hasta que dejan de serlo. Las que son tan laberínticas que nunca sé si considerarlas normales o excepcionales. Las que me dan mil vueltas y consiguen que me pierda sin moverme del sofá.

Me gustan los pequeños gestos que me llaman la atención de las personas. Es, quizá, lo único que me anima a salir de entre las sábanas cada mañana; y no quisiera que lo único sonase a despectivo, porque no lo empequeñezco. Es lo único, pero lo es todo. Saber que quizá hoy se crucen mis ojos con una sonrisa, o una falta de ella, que me invite a indagar su pensamiento. Porque son muchos los gestos que hacen mención a una mente interesante, pequeña es la cabeza que necesita comenzar una conversación hablando.

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Gregorio Samsa

No quiero levantarme una mañana convertida en un Gregorio convertido en cucaracha, agitando mis piernas al aire con el único objetivo de llegar a tiempo a trabajar.

Hay muchos Gregorios Samsa a mi alrededor. Salimos de bachillerato convertidos en cucarachas; es ahí cuando se produce la metamorfosis. Incluso el más holgazán de la promoción -cargo con el honor- se graduó con la idea de seguir adelante en su vida. Progresar, lo llaman. Madurar. Pospón la felicidad para más adelante; ya llegarán las vacaciones, y ya harás ese viaje cuando acabes la carrera, cuando encuentres un trabajo que te lo permita, cuando te jubiles y te sobre el tiempo.

Echo de menos aquellos años de mi vida cuando mi única obligación era faltar a clase; esconderme en los baños, fumar un cigarro y estudiar de golpe todo el libro el día antes de la recuperación. Me quejaba de ir cada día por obligación a aquel maldito instituto pero pisaba más el patio que las aulas. Había normas que desobedecer y ningún castigo por ello. ¿Y ahora? Sigo encerrándome cada mañana en un edificio aburrido y gris, pero, ¡ay de mí si falta mi presencia en la silla durante más de diez minutos! ¡Qué cara pondría mi jefe si se me ocurre salir a fumar! Y ahora no es hasta que cumplas los 16, hasta que acabes la ESO. No es un trabajo de verano, ni para sacar unas pelas por las tardes, ni hasta que me ingresen la beca. Tengo que comer, ¿verdad? Y será unos cuantos años. Cuarenta y uno, en concreto, si tengo la mala suerte de vivir hasta entonces. ¿De verdad estuve alguna vez de acuerdo con tener una limosna de treinta días propios al año? ¿A convenir con la empresa?

¿Cómo coño lo aguantáis?

Supongo que este es mi primer trabajo serio. No me durará demasiado y no quiero que me dure, pero es serio en el sentido de que no tengo esperanzas -ni intención- de progresar mucho más. No tengo becas, vivo sola y el dinero no cae del cielo. No son trabajos de cuando quiera lo dejo, dependo de ello para comer. Para siempre. No estoy acostumbrada a este estilo de vida, ¿sabéis? Siempre he tenido cierta sensación de libertad. De me voy cuando quiero, convenzo al jefe de irme de puente,me largo cuatro o cinco meses a Francia porque me apetece y cuando vuelva me contratarán, y si no qué más da. Siempre he odiado sentirme atada a lugares o personas, pero esto comienza a ser peor: estoy atada al dinero. Tengo que intentar tener un buen trabajo y tengo que lograr mantenerlo. Duele darse cuenta de que cada día queda menos tiempo de libertad. De que aún se me puede ir la pinza y acabar de voluntaria en Moldavia, de au pair en Suecia o de SVE en Liubliana, pero arriesgo muchas cosas al hacerlo y cada día son más.
Pese al tono más o menos pesimista de los dos últimos días no estoy mal en el trabajo. En absoluto. Estoy haciendo un bonito intrusismo profesional en el sector del turismo sin haber estudiado nada relacionado, no cobro mal, hay buen ambiente. Dejan que entre luz natural por las ventanas -en mis anteriores empresas no- y disfrutamos de unas vistas preciosas de Madrid. Es solo que he pasado un cuarto de vida trabajando, y me queda el doble de los años que tengo, y no quiero pasarme mi existencia alegrándome y dando palmas porque en la oficina me dejan mirar por la ventana. Si lee esto alguien con muchos años de experiencia laboral, por favor, cuéntame: ¿cómo se hace para estar a gusto así? Dime algo que me anime.

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Independencia

Decían que independizarme me enseñaría a crecer, pero en realidad me ha enseñado a querer vivir.

He aprendido que da igual llegar arriba o abajo, que me la sudan los diplomas y los títulos. Lo único que quiero es la experiencia. Mirar hacia el pasado y decir: “yo hice esto” o “en esto la cagué“. Y ese aprendizaje será siempre más profundo y personal que simples palabras memorizadas de un libro.

He aprendido que me la suda el dinero, la responsabilidad económica. Que sí, que sería bonito vivir sabiendo que el mes que viene volveré a poder comer, pero no es mi caso. No tengo dinero y no pienso preocuparme por él. Seré feliz con lo que tengo, y lo disfrutaré. Dejemos eso de ahorrar a la gente tan rica de espíritu o de billetes que no tiene la capacidad de disfrutar de un capricho.

He aprendido que me la suda el tabaco y el dinero que en él invierto. He conocido más gente fumando en la puerta del trabajo que en seis años de instituto rodeada todo el tiempo de personas. Me ha quitado más penas un cigarro que cualquier amigo con palabras bienintencionadas. Me quita una parte de mi vida, sí, pero afrontemos la realidad: ¿para qué quiero una vida tan larga?

He aprendido que no por ganar más es un mejor trabajo.

He aprendido sobre la soledad. Vaya que si he aprendido. A estar sola, totalmente sola, sin compañía física ni mental, sin que nadie me comprenda ni entienda mi idioma. A estar sola físicamente, pero rodeada en la distancia de los mejores amigos del mundo. A estar físicamente acompañada, a salir de fiesta cada día hasta las 8, a tener decenas de contactos en el móvil y saber que para todos ellos se queda grande la palabra amigo. A estar conmigo misma, y puedo decir que eso ha sido siempre lo más duro.

He aprendido que la cerveza hace amigos, pero que me la sudan todos ellos. Que hay que buscar entre la mierda para encontrar a esas escasas personas que merecen la pena, que no necesitas vodka para aguantarlas.

He aprendido a apreciar a aquellos que ignoraron los 600 km que separan Burdeos de Madrid y mantuvieron el contacto cada día. A quienes no les importa que ahora viva a una hora de distancia, y siguen visitándome de tanto en tanto. A quienes no llevan la cuenta de cigarros y caladas. A quienes se toman la confianza de venir a casa y eternizar sus visitas; a ellos les adoro. A los que sabiendo que no tenía un duro para salir se han venido a casa un sábado por la noche acompañados de la cena y unas birras. A quienes no se comportan como si fuesen invitados, y si quieren cocinar cocinan, y si quieren fregar friegan. A quienes han hecho el esfuerzo en retomar una amistad que yo, sinceramente, no recordaba.

He aprendido a dar un abrazo.

He aprendido que prefiero una conversación con una persona interesante que un fin de semana de fiesta sin parar. Que si la conversación es a oscuras y de madrugada da igual de qué se hable, porque bajo la luz del cielo nocturno cualquier conversación es especial.

He aprendido que quiero vivir, sea lo que sea eso. He aprendido que no me queda clara la definición de “vida“; solo sé que no es eso que pasa entre sueños, ni entre pantallas ni libros. Que sí, que para un rato está bien, pero no quiero gastar mi tiempo leyendo la vida de otros. Quiero que mi vida sea ésa sobre la que merece la pena escribir. Quiero que cada cosa que hago me apasione, quiero sentir cada día ese hambre de hacer algo diferente, de tener siempre algún reto por superar.

He aprendido que la lavadora o las facturas son lo menos importante. Lo fácil. Que lo complicado de la vida es levantarse un domingo a horas más que indecentes, cansada, quizá de resaca, y sin compañía que te haga olvidar las penas que los domingos traen consigo y aún así tener fuerzas para aprovechar el día.

He aprendido que adoro mi ciudad. Que se me parte el alma cuando estoy lejos, que besaría el suelo cada vez que regreso y veo Madrid despertando con el alba. Siempre regreso a la hora de desayunar para sentarme en cualquier bar de la zona a ver maletines y trajes, deportivas y vaqueros, pasar rápidamente delante del cristal camino al trabajo. Me dan pena esas pobres almas que siguen un ritmo de vida tan poco natural a cambio de acumular millones en sus cuentas bancarias; yo con un vaso de zumo soy feliz.

He aprendido que no volveré a estresarme por un trabajo que no sea el de mis sueños; no me merece la pena.

He aprendido que mi memoria es una mierda y que antes o después todo esto desaparecerá de mi cabeza. Los compañeros, los amigos, los momentos, los lugares… antes o después todo pasa a ocupar un lugar inaccesible de la mente. Dentro de cinco, tal vez diez años, recordaré caras borrosas, algunos nombres, anda, ¿tú estabas allí esa noche?, no me acordaba. Será triste olvidar lo muchísimo que ha significado esta ciudad para mí. Pero hoy puedo sonreír. Porque aunque no sepa hasta cuando, de momento vivo aquí.

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Báilame el agua

Sí, sé lo que quiero.

Prefiero morir vicioso y feliz a vivir limpio y aburrido. Prefiero encontrar una estrella en el fango a cuatro diamantes sobre un cristal. Prefiero que la estrella queme, sea fuego, a un tacto rezumante de frialdad. Prefiero besar el duro suelo veinte veces para llegar una sola vez a lo más alto a escalar poco a poco, sin caer nunca pero sin llegar jamás a la cima. Prefiero que me duela a que me traspase, que me haga daño a que me ignore. Prefiero sentir. Prefiero una noche oscura y bella, sucia y hermosa, a un montón de días claros que no me digan nada. Prefiero una cadena a un bozal. Prefiero quedarme en la cama todo el día pensando en mi vida a levantarme para pensar en la de otros. Prefiero un gato a un perro. Porque el gato te araña, es infiel, te ignora, se escapa, pero sabes que, a pesar de todo, no podría vivir sin ti. En cambio, el perro es tonto, no sabe nada, te obedece hasta el absurdo. Prefiero las mujeres gato a las mujeres perro, por las mismas razones. Prefiero el mar a la montaña. La vida es una noche tumbado en la playa, mirando las estrellas sin verlas, soñando despierto, dejando que la arena se cuele entre los dedos de mis pies, embriagado de todo. Y la noche, siempre la noche. Nunca la luz del sol. La noche es mágica. Me hace vivir, no pensar. Me pone en movimiento. Rompe mis esquemas. Prefiero las noches frescas de verano, andar con poca ropa, sentarme en el suelo y meterme algo de vida en el cuerpo. La mañana me sabe a dolor de cabeza. Me da sueño. Me quita las ganas de hablar. Me recuerda que soy mortal. Me recuerda que soy normal. La noche me hace único. Prefiero experimentar las cosas, aunque me hagan mal. Aunque me hiervan la sangre. Prefiero probarlo todo a morirme sin saber lo que me gusta. Y, más que nada, prefiero la vida que dan sus besos de caramelo y la suave caricia de su piel caliente.

Fragmento de Báilame el Agua, de Daniel Valdés.

Técnicamente este blog trata sobre educación, no sobre cosas chachis que he leído últimamente, lo sé. Pero técnicamente todo encaja, ¿no? Todo es parte de lo mismo. La educación es parte de la enseñanza. Los valores son parte de la educación. Los valores son parte de la sociedad. La sociedad es parte de las personas. Sin reflexionar sobre personas, sociedad y valores no se puede intentar mirar más allá.