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Ser monitor de ocio y tiempo libre.

Me gustan los adolescentes. No sé, me caen bien. Les soporto. Son más razonables que los adultos y, por mucha fama de egoístas que les demos, a menudo no lo son tanto como otras personas ya creciditas. En la adultez hay demasiadas preocupaciones para sentirnos interesados por las aflicciones de los vecinos; los adolescentes suelen tener más tendencia de grupo y ello, por mucho que implique modas absurdas, conlleva también una serie de virtudes que no siempre reconocemos en su justa medida. En ocasiones parecen crueles y todo lo que tú les pongas, pero sus obstinaciones tienen cura. Ojalá se pudiese decir lo mismo de mucha gente de treinta para arriba.

Me gustan los adolescentes tirando a rebeldes. Me gustan los que incordian, dan la lata, se ríen del mundo, juegan con él y se pasan a veces un poquito. Me divierten. Me gusta seguirles el juego. Me parece un reto. Ser lo suficientemente adulta y responsable para poner límites, ser lo suficientemente cercana y divertida para que te recuerden con aprecio. No es sencillo, y creo que menos a mi edad. Soy demasiado similar a ellos, es difícil ser cercana y a la vez una figura de autoridad. En ocasiones dudo qué es correcto. ¿Qué grado de permisividad debo mostrar? ¿Hasta qué punto hago la vista gorda? ¿Qué debo guardar como secreto y qué contar a alguien con más experiencia en el tema? Lo he llegado a pasar mal planteándome estas preguntas; no tengo edad para ser responsable de nadie. Apenas llevo unos años siendo realmente responsable de mí misma.

Y todo son dudas, y miedos, y nervios, y preocuparme constantemente pensando donde estarán, si estarán bien, si les pasará algo y qué haría entonces. Entendí con veinte años como se había sentido mi madre durante toda mi adolescencia la primera noche que tuve que asumir la responsabilidad de un grupo de chavales. Jesús, qué cruz. No les puedes impedir divertirse, claro, están en la edad, pero los peligros son muchos y se te clavan en el corazón quieras o no. Y de repente te sientes como una maldita vieja (¿qué hago yo preguntándome los peligros que tendrá la noche? Por favor, tengo veinte años, ¿no debería estar más bien tentándolos?). Y como no son tus hijos, si no solo los críos que han puesto a tu cargo, pero a los que además aprecias más de los que ellos nunca se imaginarán, te toca cargar con la triple responsabilidad moral, legal y personal. Es más difícil de lo que ellos imaginan. Y entonces recuerdas los viajes del instituto y los profesores que durante varios días aguantaron estos mismos miedos para conseguir que te divirtieras. Y tú sin apreciarlo y pensando qué estrictos que son, como se pasan.

Pero absolutamente todo tiene su recompensa cuando mucho más tarde tus chic@s te dan un abrazo y las gracias, se acuerdan de ti, te agregan a facebook, te envían un mensaje o incluso una carta; cuando ves que ellos también se han hecho monitores y que de algún modo no te han terminado de olvidar. No podéis imaginar la alegría que se siente. Suponen un reto para mí, pero gracias a ellos crezco y aprendo, y comparto momentos muy bonitos, profundos y emocionantes.

Considero que son pocas las profesiones realmente éticas en el mundo. Me gustan los cocineros porque su trabajo es lo más importante del mundo, comer sano y bien. Me gustan los artistas callejeros porque su trabajo consiste en regalar sonrisas y momentos agradables. Me gusta ser monitora porque no hay nada más bonito que ayudar a crecer a adolescentes. Y no hablo de enseñar, que la lengua y las mates me resultan indiferentes, hablo de compartir la vida.

Puede que acabe teniendo dos carreras. Puede que acabe hablando correctamente los cinco idiomas que he estudiado. Puede incluso que consiga un buen trabajo. Pero de lo que más orgullosa estaré en el ámbito profesional es de las muestras de agradecimiento de mis chavales; y si algo quiero mejorar en mi vida es la capacidad de generar esas sonrisas.

Lamento una entrada tan pastelosa. Los monitores y profes me entenderán 🙂

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2 thoughts on “Ser monitor de ocio y tiempo libre.”

  1. Que guays. Yo también he sido monitora, y educadora ambiental, y en los últimos años, coordinadora.

    Lo que más me gustaba era monitora en pernoctas, y por supuesto, de medianos o mayores, siempre y preferiblemente.

    Lo disfrutaba. Sin embargo, he tenido, primero compañeros monitores, y luego, monitores a mi cargo, que puff…

    Desde vagos irresponsables que se creen que están en unas vacaciones pagadas y van desde el mínimo esfuerzo hasta cometer irresponsabilidades; hasta endiosados que miraban a las chicas del grupo de mayores con lascivia y les gustaba “jugar” con el rol de autoridad de monitor.

    Es un mundo con claros muy claros (los que comentas, y comparto); pero con oscuros muy oscuros….

    1. Madre mía, qué gente! Yo por suerte siempre he trabajado con un equipazo estupendo. Todos los monitores de la zona nos conocemos y nos llevamos bien, así que el ambiente de trabajo es estupendo. Creo que lo que peor llevaba de trabajar de monitora eran los niños XDD Nunca he aguantado a los críos y al principio solían ponerme con los peques peques… luego mi cordi se dio cuenta de que no era lo mío y me subió al grupo de 8-10 años, con los que ya me entiendo mejor.
      De coordinadora he estado muy poquito y en situaciones muy especiales -en el campamento urbano en el que llevaba años de monitora, en una ONG donde todos somos voluntarios y nos llevamos genial..-, así que no sé como va el tema. Es más, no sé ni como buscar curre de cordi. ¿Podrías guiarme un poco con eso, porfaplis? 🙂

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