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Gregorio Samsa

No quiero levantarme una mañana convertida en un Gregorio convertido en cucaracha, agitando mis piernas al aire con el único objetivo de llegar a tiempo a trabajar.

Hay muchos Gregorios Samsa a mi alrededor. Salimos de bachillerato convertidos en cucarachas; es ahí cuando se produce la metamorfosis. Incluso el más holgazán de la promoción -cargo con el honor- se graduó con la idea de seguir adelante en su vida. Progresar, lo llaman. Madurar. Pospón la felicidad para más adelante; ya llegarán las vacaciones, y ya harás ese viaje cuando acabes la carrera, cuando encuentres un trabajo que te lo permita, cuando te jubiles y te sobre el tiempo.

Echo de menos aquellos años de mi vida cuando mi única obligación era faltar a clase; esconderme en los baños, fumar un cigarro y estudiar de golpe todo el libro el día antes de la recuperación. Me quejaba de ir cada día por obligación a aquel maldito instituto pero pisaba más el patio que las aulas. Había normas que desobedecer y ningún castigo por ello. ¿Y ahora? Sigo encerrándome cada mañana en un edificio aburrido y gris, pero, ¡ay de mí si falta mi presencia en la silla durante más de diez minutos! ¡Qué cara pondría mi jefe si se me ocurre salir a fumar! Y ahora no es hasta que cumplas los 16, hasta que acabes la ESO. No es un trabajo de verano, ni para sacar unas pelas por las tardes, ni hasta que me ingresen la beca. Tengo que comer, ¿verdad? Y será unos cuantos años. Cuarenta y uno, en concreto, si tengo la mala suerte de vivir hasta entonces. ¿De verdad estuve alguna vez de acuerdo con tener una limosna de treinta días propios al año? ¿A convenir con la empresa?

¿Cómo coño lo aguantáis?

Supongo que este es mi primer trabajo serio. No me durará demasiado y no quiero que me dure, pero es serio en el sentido de que no tengo esperanzas -ni intención- de progresar mucho más. No tengo becas, vivo sola y el dinero no cae del cielo. No son trabajos de cuando quiera lo dejo, dependo de ello para comer. Para siempre. No estoy acostumbrada a este estilo de vida, ¿sabéis? Siempre he tenido cierta sensación de libertad. De me voy cuando quiero, convenzo al jefe de irme de puente,me largo cuatro o cinco meses a Francia porque me apetece y cuando vuelva me contratarán, y si no qué más da. Siempre he odiado sentirme atada a lugares o personas, pero esto comienza a ser peor: estoy atada al dinero. Tengo que intentar tener un buen trabajo y tengo que lograr mantenerlo. Duele darse cuenta de que cada día queda menos tiempo de libertad. De que aún se me puede ir la pinza y acabar de voluntaria en Moldavia, de au pair en Suecia o de SVE en Liubliana, pero arriesgo muchas cosas al hacerlo y cada día son más.
Pese al tono más o menos pesimista de los dos últimos días no estoy mal en el trabajo. En absoluto. Estoy haciendo un bonito intrusismo profesional en el sector del turismo sin haber estudiado nada relacionado, no cobro mal, hay buen ambiente. Dejan que entre luz natural por las ventanas -en mis anteriores empresas no- y disfrutamos de unas vistas preciosas de Madrid. Es solo que he pasado un cuarto de vida trabajando, y me queda el doble de los años que tengo, y no quiero pasarme mi existencia alegrándome y dando palmas porque en la oficina me dejan mirar por la ventana. Si lee esto alguien con muchos años de experiencia laboral, por favor, cuéntame: ¿cómo se hace para estar a gusto así? Dime algo que me anime.

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6 thoughts on “Gregorio Samsa”

  1. No sabes cómo y cuánto me siento identificada con lo que escribes últimamente; tanto en el anterior como en este post. A mí al menos los trabajos de verano como monitora si que me motivaban. Ahora, que en el sitio donde me paso más de 10 horas diarias sentada no le llega la luz del sol……

    1. En mi nuevo curro por lo menos puedo decir que veo el cielo de Madrid, que ya es mucho más de lo que he podido decir en los curros anteriores… pero exactamente eso: ser monitora me molaba más. Era algo pasajero, algo que sabías que no era para siempre, bastante flexible (mi empresa al menos nunca tenía problema en darte un día libre así porque sí para irnos a la playa, siempre que lo solicitásemos con unos días de antelación para que se pudieran organizar) y sobretodo muy dinámico. Currar de vez en cuando no está mal, es una experiencia más. Saber que me voy a pasar toda mi vida así me resulta en cambio bastante deprimente T_T
      En qué estás trabajando?

    2. He releído el post que escribí hará cosas de dos semanas y estoy encontrando el problema. Después del verano que he pasado -trabajando voluntariamente a cambio de ningún dinero, un tiempo en una capital y otro en una montaña aislada en mitad de la nada- he podido comparar muchas cosas. Nunca he sido una chica de campo, pero en aquella montaña sentí que podría ser realmente feliz. Me pasaba el día entero trabajando, desde las nueve hasta quizá medianoche, y no me importaba porque todo mi trabajo era para cosas importantes de la vida: comer bien, hablar con gente interesante y vivir en un lugar decente (no teníamos ninguna comodidad ya que no había ni WC, pero eso no es excusa para que no esté todo limpio). Y me encantaba. Aunque vivía en un lugar cuya lengua no hablaba correctamente, lo cual me aislaba y me hacía sentir mal en ocasiones y blablabla, pero en general estuve mucho mejor que en Lisboa. Allí sí me entendía con todo el mundo, pues el albergue en el que vivía se manejaba básicamente en inglés, tenía todas las comodidades disponibles.. y acabé hasta los eggs de realizar tareas absurdas para gente banal. Y me di cuenta de que en la vida solo importan tres cosas: comer bien, dormir bien y compartir tu tiempo con gente interesante (que no con cualquiera). Todo lo demás me sobra. Me sobra el dinero, me sobra ese estilo de vida artificial que implica levantarme a la hora a la que quiera mi empresa, no tener tiempo para mí. No me motiva. Y no encuentro el modo de salir de ello ni quiero encontrarme a gusto con este estilo de vida. Mis ideas chocan con sí mismas y no sé qué hacer; hasta este verano nunca había sido así, siempre había amado el estrés de la vida urbana, el estar pluriempleada y tener mil cosas que hacer a cada momento. Necesito aprender a integrar todo o me volveré loca pensando lo mucho que detesto la vida urbana, sin la que, por otro lado, no sabría vivir.
      ¿Y por qué te cuento esto a ti, y por qué en comentarios? Pues por lo de siempre. Escribir me ayuda a pensar. Sorry por darte la chapa XD

  2. Trabajo de becaria jajaja. En una gran empresa española constructora.
    A mí trabajar como monitora, pese4 a que como dices trabajabas 24 horas diaria, me daba más sensación de libertad que estar 10 horas sentada bajo los focos fluorescentes. Pero en mi caso yo creo que el problema radica en que me mandan más bien poco trabajo o, en su caso, poco motivador… no hay retos, no tengo que pensar, resolver problemas, elaborar proyectos, negociar, moverme, pensar hasta la extenuación.
    Mientras estudiaba y me dedicaba a otras muchas cosas (trabajar, representación, estudiar…) siempre había retos, aunque sólo fuera estudiarse el examen de mañana en 6 horas…. o creatividad, aunque fuera en “voy a ver qué dinámica de grupo me invento para unir más a mi grupo de acampados”.
    Ahora estoy en el curro y echo de menos estudiar, cuando hace un año apenas podía ponerme a ello para terminar la carrera porque me sentía agotada. Ahora hecho de menos el estrés de, ahora tengoq ue ir a esta clase, ahora al laboratorio, ahora súbete a ciencias a hacer un trabajo…
    QUizá el problema sea el tipo de trabajo que estamos haciendo… que se nos quedá pequeño y nos aburrimos mucho .

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