Archivo mensual: noviembre 2012

Ya no merece la pena vivir

Ya no merece la pena vivir cuando no tienes ni para dar de comer a tus hijos. Que si la hipoteca, no tienes trabajo… solo queda la desesperación.

 

Alguien llegó a mi blog hoy buscando estas palabras. Me encantaría conocer a su dueño. No sé si será un fragmento de algún texto  que esta persona buscaba en google o si simplemente era un intento de encontrar gente con los mismos sentimientos, a menudo llega gente buscando cosas así. En todo caso, querido lector, te invito a enviarme un mensaje si vuelves a entrar en esta página. Un saludo.

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Desde hace un año siento que me niego a crecer. Que voy hacia atrás. Veo legiones de antiguos amigos creciendo y madurando, dejando atrás esas modas, avanzando en sus vidas. Visten cada vez con más decencia, acaban sus estudios, se independizan, se van a vivir fuera, tienen parejas estables y ganas de una vida normal. Casi todas salen menos, no beben, no arriesgan, más de una tiene ya una hipoteca a su nombre. Se las ve felices, y es que ser feliz es fácil; solo tienes que olvidar que no eres lo único del universo.

A veces me las cruzo, a veces no. A veces decidimos aguantarnos un rato. Por los viejos tiempos, pensaremos las dos. Y digo las porque de ellos ni hablemos. Nos tomamos una copa y me cuentan sus movidas, y no puedo evitar sentirme como una cucaracha bocarriba. Que sí, que muy divinas todas, que muy bonito el local, que brillan mucho las paredes, que me alegro por tu vida, pero daría lo que sea por pasar de ti y tirarme en un parque con gente de ésa a la que se la suda el mundo. Que son egoístas, egocentristas, que a la sociedad se la sudan y ella a ellos aún más. Que cualquier día crecerán, pero mientras tanto tienen diesiete y ganas solamente de pasar el rato. A las cucarachas no nos gusta la luz; preferimos con certeza los lugares oscuros donde abunde el ron y los problemas.

Que me gusta escuchar, que soy tolerante, que no suelo juzgar, que todo tiene su límite. Que me aburre escuchar a las personas hablar de lo agobiadas que están porque no saben si comprar el exfoliante de Clarins o de Estée Lauder. Porque apenas tienen dinero, porque qué va, este año apenas me he comprado un par de cosillas de Ralph Lauren, lo demás es todo de Zara, no te creas. Porque no tienen ideas y son demasiado mayores para tenerlas. Porque las juzgo, sí, y las creo incompetentes. Porque una sola conversación más sobre lo zorra que es Elena, que se queja de que que no le dan becas a ella que tiene padres multimillonarios, cuando los míos cobran solo tres mil euros al mes y explotaré viendo lo ciego que está el mundo. Porque me la suda si te vas de intercambio a Londres, París, Shangai, New York o Tokio. Por mí puedes irte a la mierda directamente, no hace falta que hagas escalas por el camino. No me consultes el itinerario.

Piénsalo.

¿Cuantas personas han muerto en el mundo en la última hora?
¿Cuantas de ellas han sido asesinatas?
¿Cuantas no tenían para comer?
¿Cuantas sufren un destino aún peor que la muerte?

¿Qué coño me importa a mí el dónde compras tus cremas?

¿De verdad presumes de ir allí de vacaciones? ¿De intercambio? ¿A una de las zonas más conflictivas del mundo? ¿A beber vino en restaurantes caros porque tú te lo puedes permitir, mientras por la ventana pasan miles de caras anónimas que mañana estarán muertas? ¿Y luego qué? ¿Enseñarás al volver las fotos? ¿Sonriendo, bien vestida? ¿Presumirás de haber estado allí? ¿De haber contaminado, haber malgastado, haberte reído de las desgracias de medio mundo para burlarte ignorando las desgracias de otros?

Intento callarme y estar sonriendo, asentir, compartir la noticia. Los seres humanos son bonitos, intento pensar. Todos tienen algo importante que contar. Que sus problemas no sean los tuyos no significa que no sean problemas, quiero creer, que para ti no sean importantes las notas y los vestidos no significa que no tengan que serlo para nadie. Aprende a escuchar. Pero escucho y me asombro y me dan asco las personas, porque todos somos igual de imbéciles y egoístas, y eso supongo que me incluye a mí, y debería darme vergüenza consumir oxígeno y comida si solo sirve para esto.

Dicen por ahí que es una pena vivir eternamente amargado, pero peor me parece ser eternamente ignorante.

No quiero crecer para ser como ella. No aguanto a la gente así. Me niego a desperdiciar más que unas tardes al año escuchando conversaciones insulsas sobre la vida en sociedad. No me importa lo nuevo del cine, los colores de la nueva colección de primavera, los comentarios más absurdos sobre la música más comercial de cada estilo, las series japonesas hechas por y para la venta. Sé que he crecido en sociedad y que por ello tengo mis manías tontas de las que debería deshacerme. Mi móvil, mi ordenador. Los viernes por la tarde. El vodka que con suerte nubla mi vista cada fin de semana. Las tres series que aún sigo. Sé que no me gusta el mundo y que soy muy mayor para decir estas chorradas. Sé que tengo que buscar un camino, y que el correcto es el suyo, el que te lleva a la adecuada vida en sociedad, a ganar lo suficiente para no tener agobios, a encajar, a sentirte superior a los demás. Sé que antes o después casi todos siguen por ese camino, que no me voy a pasar la vida aguantando a quinceañeros solo porque aún no les tocó hacer su elección. Sé que estoy escribiendo gilipolleces y que si has llegado hasta aquí estarás afirmando que soy idiota; yo también lo estaría pensando. Sé que no me sobra el tiempo. Que hay que ponerle solución. Y no la encuentro.

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Geografía

Hay gente a la que le gusta recorrer el mundo. A mí me interesa más recorrer mentes; la orografía del pensamiento ajeno es mucho más gratificante de trazar. Me gustan esas personas que desde el principio captan mi atención y aquellas otras que resultan anodinas hasta que dejan de serlo. Las que son tan laberínticas que nunca sé si considerarlas normales o excepcionales. Las que me dan mil vueltas y consiguen que me pierda sin moverme del sofá.

Me gustan los pequeños gestos que me llaman la atención de las personas. Es, quizá, lo único que me anima a salir de entre las sábanas cada mañana; y no quisiera que lo único sonase a despectivo, porque no lo empequeñezco. Es lo único, pero lo es todo. Saber que quizá hoy se crucen mis ojos con una sonrisa, o una falta de ella, que me invite a indagar su pensamiento. Porque son muchos los gestos que hacen mención a una mente interesante, pequeña es la cabeza que necesita comenzar una conversación hablando.

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Como viajar sin tener un duro

Para cambiar un poco el tono pesimista de las últimas entradas y hablar a la vez de algo que interesa a casi todos los estudiantes voy a dedicar esta entrada a algo que nos interesa a todos, y especialmente a mí que en menos de un mes vuelvo a estas de vacaciones: cómo viajar a cualquier lado cuando no tienes dinero.

Es información básica que todo perroflauta o amigo de perroflauta debe conocer de sobra a estas alturas, pero aún me sigue sorprendiendo el desconocimiento que tiene mucha gente de estos temas. Me gustaría aclarar que no todos estos medios sirven para cualquier persona. Hay que tener claro que todo tiene sus pros y sus contras: tienes que tener muy claro quién eres y en quién te puedes convertir, a qué te puedes adaptar. Me gustaría explicar esto en pocas líneas pero es difícil relatar experiencias personales tan intensas en un espacio tan reducido.

Nueve opciones recomendables para comer, dormir gratis y vivir una experiencia única. No voy a dedicar espacio a los medios para transportarse de manera barata porque requieren menos moral y más tendencia al riesgo, quizá más adelante hable de ello. Por el momento olvídate de las agencias de viaje y las experiencias concebidas únicamente para turistas: ahora vamos a tal museo, ahora vemos este monumento, ahora un helado en la cafetería más famosa de la zona y por supuesto, foto en cada nuevo excenario. Cada día detesto más al turista medio, que vuelve de pasar una semana en Alemania hablando de lo maravillosos que son los alemanes cuando solo han conocido a los trabajadores de hotel (cariño, claro que son amables; les pagan por ello) y de lo bien que se come, sin haber pisado un solo restaurante que no saliese en la guía de viajes. Viajando a lo barato puedes salir de París sin haber visto ni de lejos la Torre Eiffel y que no te importe un comino, porque has visto cosas mucho menos turísticas pero mil veces más interesantes.

 – PROGRAMA AU PAIR

Supongo que a estas alturas todo el mundo sabe ya en qué consiste. Se trata de ir a ayudar a familias con niños en el cuidado de éstos (en situaciones excepcionales puede tratarse también de personas mayores o con movilidad reducida) a cambio de comida y alojamiento. El horario puede variar desde las 15 horas de trabajo semanal hasta las 30, en cuyo caso se recibe una cantidad de dinero semanal que depende del país (creo recordar que 60€ en Alemania, 80€ en Francia, 80£ en UK…). La familia puede optar también por pagarte el avión, un curso de idiomas, el transporte local, el teléfono móvil… conocí a una chica a la que le pagaban incluso las clases de danza del vientre.
La familia de acogida se puede buscar bien a través de agencia, cuyo precio varía entre gratis hasta 800€ (personalmente me he ido con ésta, cuyo precio hace dos años era 250€ + IVA), o también a través de internet. La página que solemos recomendar es Au Pair World, donde hay muchísima variedad de familias y que tiene la ventaja de no ser obligatoriamente de pago (puedes crear tu perfil gratis pero no ver los datos de contacto de las familias. Sin embargo sí puedes enviar mensajes a través de la web a las familias, que suelen hacerse cuenta premium para poder tener acceso a todos tus datos y así contactar contigo por correo o telefónicamente). La gente se preocupa mucho por la seguridad, pero tengo que decir que me he ido de au pair utilizando ambos medios y en los dos he estado igual de acojonada; y es cierto que ambas cosas pueden dar problemas. Por lo general los problemas es tener una familia neurótica o unos hios repelentes, cosas con las que se aprende a lidiar; solo en dos ocasiones he conocido casos de problemas serios -en un caso acoso sexual y en el otro violación-.
¿Merece la pena irse de au pair? Sí. Y puedo decir que ahora mismo solo recuerdo la parte mala de serlo -soledad, dificultades de comunicación, sentirte explotada, sentirte como la última mierda del país, sentir que te pasas el día rodeado de críos, que tu vida social consista en estar rodeada de gente detestable [esto es más problema mío que de otras au pairs; yo siempre he sido muy especialita con la gente y no aguantaba a gran parte de las chicas de mi zona]-, pero también sé que si volviese a aquel momento de mi vida no lo dudaría ni por un segundo y volvería a irme. Los dos veranos que estuve de au pair cambié lo suficiente para saber que hoy no sería quien soy de no haberme ido. Entre otras, por ejemplo, no os escribiría desde mi propio piso si no desde casa de mis padres; no tendría la ropa que tengo, ni mi trabajo actual, ni habría conocido a toda la gente que conozco en Madrid y en medio mundo. Y al final es verdad que vives momentos bonitos, de verdad, y muchos, pero no soy lo bastante sentimental como para ponerme a hablar de lo increíblemente bonito que son los quais de la Garonne al anochecer, aunque en ciertas épocas de mi vida habría hecho cualquier cosa con tal de regresar allí solo unas horas.

WWOOFING

Trabajar en granjas ecológicas a cambio de alojamiento y comida. Ideal si te gusta el campo, las nuevas experiencias y aprender idiomas. En muchos casos se trata de granjas donde hay una gran cantidad de voluntarios internacionales, por lo que puedes conocer a mucha gente; además tienes la oportunidad de conocer técnicas de autoabastecimiento que son muy útiles e interesantes. Yo personalmente no he hecho nunca wwoofing, pero una amiga mía estuvo tres meses en Estados Unidos y volvió encantada. Entre semana trabajaba y aprendía inglés, los fines de semana les prestaban el coche y se iban a la ciudad a tomar algo… trabajo duro pero gratificante. Suena bien, ¿no?
Las listas de granjas ecológicas de cada país se pueden conseguir por internet y tienen un coste de 20€ por lista.

HELPX

Se trata de una web donde puedes registrarte para echar una mano en cualquier parte del mundo y casi en cualquier actividad. Abundan las granjas pero hay de todo, desde “píntame una pared de casa” hasta “restauremos una iglesia del siglo XVII“, pasando por “soy un escritor que vive en su barco viajando alrededor de Europa y necesito alguien que cocine mientras redacto“. El registro cuesta 20€ y dura dos años; me dolió pagarlos en su momento pero gracias a ello viví una de las mejores experiencias de mi vida. Necesitaría un libro entero para contar lo muchísimo que viví allí, y mira que apenas fueron diez días, pero fueron diez días increíbles. En mi caso opté por ir a un observatorio astronómico que anteriormente pertenecía al gobierno francés pero que finalmente tuvieron que dejar; una asociación lo adquirió para realizar en él actividades culturales. Cada verano suben allí dos personas que se encargan de convertir una especie de cobertizo sin agua, electricidad ni WC en un lugar habitable para acoger allí a dieciséis visitantes cada día, que tras una larga jornada de senderismo (solo se puede llegar a pie) disfrutan contemplando las estrellas a través del enorme telescopio de la cúpula. Un sitio sencillamente increíble y maravilloso que no dejaré nunca de recomendar. Mira que me dan miedo las alturas (y estábamos a 2000 metros), mira que la soledad me da pánico (y vivía con solo dos personas totalmente distintas a mí con quienes ni siquiera podía comunicarme con fluidez), mira que los bichos y yo no nos llevamos, pero fueron los mejores días de todo el año. Levantarme pronto cada mañana, limpiar, ayudar a cocinar. Sentarme a degustar la comida rústicamente preparada al sol, a 40º de temperatura. Preparar cena para veinte personas en un horno de butano y una cocina pequeña. Tomar un aperitivo y una copa de anís. Cenar disfrutando de un buen vino, de quesos estupendos y comida sana, riquísima y casera. Subir a las nueve a ver la puesta de sol con un vinito y un cigarro. Fregar los platos y la cocina rodeada de los clientes, que igual cantaban que me daban un masaje que me ayudaban a limpiar. Tomar una copa en la cocina cuando los huéspedes se marchaban. O dos. O tres. Licores caseros tan ricos como pocos he probado. Un cigarrito luego a la luz del cielo más estrellado que jamás haya contemplado. Un cigarrito aliñado. Subir a la cúpula con los clientes, escuchar embobada la historia de las constelaciones intentando que mi pésimo francés no me impidiese comprender el bello significado; quedarme allí hasta la una y levantarme a las cuatro para ver Venus en su mejor momento. Ver miles de cuerpos celestes. Ver a lo lejos las luces de Marsella, de Niza; más allá las españolas, restos de Italia en la otra dirección. Dormir un rato y levantarme a las seis para observar la puesta de sol, y ver el cielo despertarse en la mayor tranquilidad que jamás he presenciado. Caminar por la montaña, por zonas altas y llenas de piedritas – mi gran fobia-. Disfrutar de la compañía de la gente más rara que pueda haber conocido nunca -y mira que el listón estaba alto-. Que hoy me sobra la gente, que dieciséis guiris son muchos, que lo único que quiero es una cerveza y una palabra en español, una cara conocida; que hoy me encanta esto y adoro la soledad, las horas de calma, los clientes que me hablan en idiomas que no entiendo, que me siento mal aquí pero en cierto modo reconforta.
Mi mundo entero cambió en los pocos días que estuve allí. Recomiendo sin dudarlo una experiencia similar. Y también aquí lo pasé mal, he de decirlo. Quienes me conocen desde hace poco me tienen por una persona sociable y bla bla bla, pero nada más lejos de la realidad; en realidad me cuesta interactuar fuera de lo que estoy acostumbrada, y fuera de mi cultura y mi idioma me vuelvo la persona más reservada del mundo. No hablo, me rallo como solo yo sé hacerlo, pierdo el hilo de las cosas, no sé qué se espera de mí. Me siento fatal por ser tan inútil, me rallo y todo va a peor. Ufff. Pues no me habré odiado yo a mí misma en aquella montaña… anda que no me habré sentido fuera de lugar. Y sin embargo aquí me tienes, deseando volver allí arriba.

COUCHSURFING y HOSPITALITY CLUB

Consisten en hacer lo que tu madre siempre te dijo que no hicieras: ir a dormir a casa de un desconocido. Los miembros de estas webs abren su casa a cualquier viajero por el simple interés de conocer gente y conocer otras culturas; no es un intercambio, no hace falta que vayan luego ellos a tu casa. Tampoco tienes que limpiar ni cocinar (aunque por simple educación siempre se cocina, se compra algo de comer o lo que sea). En la web cada persona deja claro qué clase de alojamiento puede ofrecer a sus visitantes pero aún así tienes que estar preparado para dormir en cualquier sitio y cualquier condición. He hecho couchsufing un par de veces, y desde compartir cama con tres personas hasta tener mi propio cuarto con un Mac para mi uso y disfrute, todo vale. Por lo general mis host han sido amables y me han dado de comer, beber y fumar, y todo el pago que han aceptado ha sido ayudarles a recoger la cocina. Hay registrada gente de absolutamente todas las edades; en las ciudades grandes siempre encuentras a alguien de gustos similares con quien compartir ratos agradables. Me ha sorprendido la amabilidad y confianza que he encontrado en esta página, donde totales desconocidos me han llegado a dar las llaves de su casa nada más conocerles.
La eterna pregunta: ¿es esto seguro? Pues depende. Creo que el mayor peligro que tiene es que te dé un infarto quince minutos antes de conocer a tu anfitrión, al menos si eres una persona tan susceptible como una servidora. En esta web hay gente tan rara que puedes preocuparte seriamente por su estado de salud mental, pero no conozco a nadie que haya tenido problemas. La página tiene un sistema para verificar la identidad de los usuarios (a través de una donación voluntaria mediante tarjeta de crédito, gracias a lo cual reciben el nombre y apellidos de la persona para comprobar que son reales) y su dirección (enviándoles una carta al domicilio). Además, los usuarios tienen la opción de dejar referencias en los perfiles de aquellas personas que conozcan en persona contando la experiencia que hayan tenido con ellos; de este modo si tu anfitrión resulta ser más psicópata de lo que parecía, leyendo su perfil puedes saber como ha tratado a sus invitados anteriores.
Ests webs te permiten conocer cualquier ciudad acompañado de nativos, tener alguien con quien quedar en cualquier rincón del mundo aunque sea tu primera noche en el país. Nunca estás solo. Sin embargo puedes acabar agobiándote por no tener nada de intimidad -si te toca dormir en el salón o compartir cuarto, que es lo más frecuente- o acabar hasta los cojones de estar siempre hablando con personas desconocidas -y es que más vale estar solo que mal acompañado-. Depende mucho de la personalidad de cada uno.

INTERVAC

Tú A Londres y yo a California. O donde sea que vivamos, vaya. Intervac consiste en el intercambio de casas; yo me voy a la tuya y tú a la mía. Así puedes permanecer en cualquier ciudad sin pagar nada por el alojamiento y además con toda la tranquilidad de estar como en tu casa, pues los dueños no están allí para intimidarte. El problema está en encontrar alguien que viva en una ciudad que a ti te interese y que casualmente quiera ir a la tuya, y además en las mismas fecha, pero es posible. Nunca he hecho intercambio de casas, básicamente porque no tengo casa (se aceptan casas en alquiler, pero claro, yo lo que alquilo es un cuarto por lo que no me sirve). Sin embargo conozco a gente de mi edad cuya familia se dedica a esto desde antes de que yo naciera, y se les ve bastante contentos con el invento.
La página ofrece otros servicios, como intercambio no simultáneo o house-sitting (ir a cuidar la casa de alguien mientras esa persona está de vacaciones).
Hay muchas otras páginas de intercambio de casas. Échale un vistazo a google 😉

– ALBERGUES

Sí, típico perroflauta, ayudar unas horas diarias a cambio de comida y alojamiento. Por suerte en el siglo XXI ya no hace falta arriesgarse, puedes hablar con los albergues desde el sofá de tu casa antes de salir de ella. Es cuestión de buscar en internet los albergues de la zona que te interesa y llamar uno a uno ofreciendo tus servicios; también puedes buscar en la página de HelpX o contactar con los Equity Point, una cadena de albergues a los que cabe casi nombrar como albergues de cinco estrellas. Tienen centros en Nueva York, Londres, Marraketch, Lisboa, Barcelona, Madrid…
Mi experiencia en este caso fue… bueno, fue rara. Acababa de volver de estar perdida en mitad de las montañas francesas e ir al centro de una ciudad joven, bulliciosa y turística en pleno mes de agosto fue incluso difícil. Pero el ambiente en sí es estupendo si eres joven y te encanta la fiesta: mucha gente joven, todos los días clientes nuevos en el hostel, todos los ganas de fiesta y de cenar. Vives en un mundo raro porque el idioma en que se habla es siempre inglés, se te hace raro salir luego a la calle y ver a la gente hablando en el idioma local. Conoces mucha gente, ligas como nunca, todo son copas y cervezas, fiestas en la terraza del albergue, fiestas fuera, llegar a las siete y media de la mañana y saber que a las ocho estás trabajando. Normalmente se duerme en habitaciones grandes, con diez o quince personas, y se hace extraño pero acabas considerando eso tu habitación. Te acostumbras a la mayor falta de intimidad de tu vida, a no tener baño propio, a colgar tus bragas a secar en un patio que pisan ciento cincuencia personas cada día. Cada cliente es un mundo, una historia, una posibilidad, alguien con quien quizás acabes hablando hasta las cuatro de la mañana. El día que no sales tal vez venga alguien con una guitarra, se ponga a tocar, se reúna alrededor gente cantando, viajeros solitarios sin ritmo ni prisa con quien compatir una cerveza más antes de que te venza el sueño.
La opción de los albergues en ciudades grandes es muy interesante si te encanta estar de fiesta, si eres super sociable. Y como de todo, algo se aprende. ¿Merece la pena? Sin dudarlo.

– CAMPOS DE TRABAJO.

Opción ampliamente conocida y no sin motivos. Los campos de trabajo son una excelente oportunidad de ir una semana a una zona cualquiera del mundo a trabajar durante unas semanas. A cambio tienes la gran parte del día libre, comida, alojamiento, actividades de ocio gratuitas y la compañía de gente joven llegada de cualquier rincón del Europa. El trabajo puede consistir en cualquier cosa, desde organizar conciertos hasta limpiar ríos. Hay varias organizaciones que se encargan de la organización de WorkCamps; en España lo lleva principalmente el Injuve o la oficina joven de cada región, y suelen tener un coste de 72-90€ más desplazamiento. Son muchas las organizaciones que gestionan campos de trabajo; puedes comenzar a investigar el tema por aquí.

– YOUTH IN ACTION

A mamá Europa le gusta que nos mantengamos unidos. Para ello diseña programas de cualquier tipo. Entre mis favoritos están los short courses del programa Jóvenes en Acción, que puedes consultar en esta web. Su objetivo es fomentar la conciencia europea, para lo cual lleva a jóvenes de entre 18 a 30 años a pasar una semana en casi cualquier ricón del continente a realizar talleres de temas relacionados con el liderazgo, la participación juvenil y similares. No todos los programas son gratuitos y es difícil ser aceptado, pero es una opción.

– ECHARLE MORRO Y SIMPATÍA

Que al final es una gran opción. Sé simpátic@ con la gente y la gente te lo devolverá en forma de pases de metro gratis, cerveza, comida, alojamiento o entrada gratuita a la zona reservada del museo de moda de la zona. Vuelve a ser una opción que pocas madres recomendarían -ir a dormir gratis a casa de alguien del que no conoces ni su perfil en internet no es mucho peor que ir a casa de alguien que conoces de Couchsurfing, pero suena raro que un desconocido te invite así porque sí a su casa- pero da lugar a grandes anécdotas y recuerdos.
Con un poco de gracia la gente comienza a encontrarte divertido y te ayuda en lo que haga falta; es cuestión de perder la vergüenza. Puede que al principio te parezca triste eso de suplicar en un hostel que te dejen dormir por tu cara bonita o decirle al primer desconocido que te encuentres que no tienes donde dormir y que si puedes ir a su casa, pero llega un momento en el que descubres que la dignidad vale menos que un buen techo. La dignidad está sobrevalorada, en cualquier caso; no te da de cenar ni de beber, mientras que un desconocido sí puede hacerlo. En el mundo hay mucho loco pero poco psicópata, las probabilidades de acabar durmiendo en casa de un peligroso asesino en serie de perroflautas sin techo son menores de lo que te insinúa tu madre interior. En última instancia, una habitación en casa de cualquiera sale gratis y te proporciona una anécdota que recordar, mientras que un hotel es caro y aburrido. Tú decides.

Webs similares a las mencionadas anteriormente son The Caretaker Gazette, Travelers for Travelers, Housecares, Be Welcome, Servas (reconocida por la ONU y las Naciones Unidas)… es cuestión de buscar. Recuerda que todos estos sistemas nacen con una filosofía detrás; no es solo alojamiento gratuito, es un modo de compartir y conocer el mundo. No te comportes como si estuvieses en un hotel, no es así como funciona.

Hasta aquí mi charla de hoy sobre Como Viajar Sin Un Duro Por Periodos Cortos. Otro día hablaré sobre long term stay, aunque es un mundo que por el momento apenas conozco. Espero que esta entrada sirva de ayuda a estudiantes sin un duro pero con ganas de viajar. Las experiencias del camino merecen la pena 🙂

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Gregorio Samsa

No quiero levantarme una mañana convertida en un Gregorio convertido en cucaracha, agitando mis piernas al aire con el único objetivo de llegar a tiempo a trabajar.

Hay muchos Gregorios Samsa a mi alrededor. Salimos de bachillerato convertidos en cucarachas; es ahí cuando se produce la metamorfosis. Incluso el más holgazán de la promoción -cargo con el honor- se graduó con la idea de seguir adelante en su vida. Progresar, lo llaman. Madurar. Pospón la felicidad para más adelante; ya llegarán las vacaciones, y ya harás ese viaje cuando acabes la carrera, cuando encuentres un trabajo que te lo permita, cuando te jubiles y te sobre el tiempo.

Echo de menos aquellos años de mi vida cuando mi única obligación era faltar a clase; esconderme en los baños, fumar un cigarro y estudiar de golpe todo el libro el día antes de la recuperación. Me quejaba de ir cada día por obligación a aquel maldito instituto pero pisaba más el patio que las aulas. Había normas que desobedecer y ningún castigo por ello. ¿Y ahora? Sigo encerrándome cada mañana en un edificio aburrido y gris, pero, ¡ay de mí si falta mi presencia en la silla durante más de diez minutos! ¡Qué cara pondría mi jefe si se me ocurre esconderme a fumar en el baño! Y ahora no es hasta que cumplas los 16, hasta que acabes la ESO. No es un trabajo de verano, ni para sacar unas pelas por las tardes, ni hasta que me ingresen la beca. Tengo que comer, ¿verdad? Y será unos cuantos años. Cuarenta y uno, en concreto, si tengo la mala suerte de vivir hasta entonces. ¿De verdad estuve alguna vez de acuerdo con tener una limosna de treinta días propios al año? ¿A convenir con la empresa?

¿Cómo coño lo aguantáis?

Supongo que este es mi primer trabajo serio. No me durará una mierda y no quiero que me dure, pero es serio en el sentido de que no tengo esperanzas -ni intención- de progresar mucho más. No tengo becas, vivo sola y el dinero no cae del cielo. No son trabajos de cuando quiera lo dejo, dependo de ello para comer. Para siempre. No estoy acostumbrada a este estilo de vida, ¿sabéis? Siempre he tenido cierta sensación de libertad. De me voy cuando quiero, convenzo al jefe de irme de puente,me largo cuatro o cinco meses a Francia porque me apetece y cuando vuelva me contratarán, y si no qué más da. Siempre he odiado sentirme atada a lugares o personas, pero esto comienza a ser peor: estoy atada al dinero. Tengo que intentar tener un buen trabajo y tengo que lograr mantenerlo. Duele darse cuenta de que cada día queda menos tiempo de libertad. De que aún se me puede ir la pinza y acabar de voluntaria en Moldavia, de au pair en Suecia o de SVE en Liubliana, pero arriesgo muchas cosas al hacerlo y cada día son más.
Pese al tono más o menos pesimista de los dos últimos días no estoy mal en el trabajo. En absoluto. Estoy haciendo un bonito intrusismo profesional en el sector del turismo sin haber estudiado nada relacionado, no cobro mal, hay buen ambiente. Dejan que entre luz natural por las ventanas -en mis anteriores empresas no- y disfrutamos de unas vistas preciosas de Madrid. Es solo que he pasado un cuarto de vida trabajando, y me queda el doble de los años que tengo, y no quiero pasarme mi existencia alegrándome y dando palmas porque en la oficina me dejan mirar por la ventana. Si lee esto alguien con muchos años de experiencia laboral, por favor, cuéntame: ¿cómo se hace para estar a gusto así? Dime algo que me anime.

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Miss Clase Media

Miss Clase Alta vive en Manhattan. Estudia en Nueva York; vive en un apartamento que sus padres le pagan desde el rincón del mundo en que sea que vivan ellos ahora. Viajan bastante. Tienen pelas. Algo de compañías petrolíferas, no recuerdo bien el qué. Le pagan a ella todos sus caprichos. Nunca ha trabajado; un par de prácticas -por enchufe- en algunas multinacionales destacadas. Los ricos nunca empiezan currando en el bar de Paco.
Pretende ir de alternativa. Pihippie; nada la describe mejor que esa palabra. Mezcla ropa de mercadillo con prendas caras de marcas nada éticas, es que el color es bonito. Mata el tiempo sintiéndose especial. Alimentando su ego. De vez en cuando cae un -o dos, o tres- porros, de tanto en tanto anfetas. Monster, Redbull y Starbucks. A veces no le queda dinero a final de mes, pero en su fuero interno no le importa. Disfruta arrasando con el mundo durante tres semanas y quejándose la última de no tener dinero para comer; mientras disfruta de aficciones gafapastas. Duerme poco. A veces me pregunto si piensa en la misma cantidad.
Miss Clase Alta me da a veces envidia. Vida a todo trapo, solo diversión y un par de trabajos de la facultad que entregar para mañana. Tiene veintidos años y el mundo a sus pies.Pero no es el dinero lo que envidio con ganas, sólo el tiempo; el poder elegir qué hacer en cada momento sin tener que atarse a horarios. Pero me da pena. Malgasta sus días fingiendo ser una persona que no es; y es que por mucho que vistas de mercadillo y vayas de rebelde por la vida no vives en el mismo mundo que la gente sin pelas. Miss Clase Alta vive en un mundo irreal. Posiblemente le de igual. Ni siquiera se entera.

Miss Clase Media/Media-Alta vivía hasta hace poco en Londres. Ha trabajado algo así como dos semanas en su vida, y todo por gusto, por la experiencia de decir he trabajado en Reino Unido. Pertenece a esa generación que nunca serviría mesas ni copas de no ser en una ciudad grande, lujosa, vibrante, pero que internamente considera que bajo los focos de un país extranjero todo suena mejor. Su plan de vida es fácil: nace, estudia, vete de Erasmus, haz un máster, encuentra trabajo fijo, independízate, cásate, ten hijos. Considera raro cualquier valor que no sea el que le han inculcado a ella. Cualquier barrio que no haya pisado es un mal barrio; cualquier idea que se salga de su plan de vida una locura. No lo dice así pero yo lo sé con certeza: la palabra de su madre es sagrada en su cabeza.
Miss Clase Media-Alta me da pena, mucha. Ella es feliz, pero también ciega. No ha salido jamás del camino trazado. Nunca lo hará. Está demasiado bien integrada en los valores sociales para siquiera intentarlo. Carece de la más mínima empatía porque no entiende que haya gente que no sea como ella. Tendrá la vida de sus sueños, estoy convencida, pero no vive la vida.

Miss Clase Media-Baja es la peor. En algún momento de su existencia tuvo que elegir entre intentar encajar en el mundo medio o intentarlo directamente con los no integrados. Eligió la segunda. Ahora repite con ahinco eslóganes izquierdistas en los que cree creer con el corazón, pero que en realidad acepta como dogmas. Se identifica con los de su estilo; piercings, ropa de mala calidad y colores estridentes, camisetas con eslóganes anarkistas -a los que solo hay que dar un par de vueltas para que confiese que en realidad no cree en ellos- y grupos de música -porque estamos en contra del capitalismo pero hacer publicidad nos encanta-. No la conocí con antelacion suficiente para poder afirmarlo con rotundidad, pero estoy convencida de que hubiese sido una chica inteligente. Ahora se lía petas a diario mientras anuncia con orgullo los numerosos delitos de los que sus amigos han cometido últimamente. Las dos Misses anteriores carecieron siempre de la oportunidad de conocer el mundo; Clase Media-Baja siempre la tuvo ahí. Podría haber conocido, comparado, reflexionado y aprendido, y hubiese sido una de las personas que más envidia e interés me habrían causado en este planeta; pero era más fácil, y tal vez más reconfortante, amoldarse simplemente a una tribu urbana, a una clase social.

Son los arquetipos de mucha gente que veo a diario. Habrá más, sin duda, pero estos son los que más veo. Quería reflexionar sobre ellos, y para pensar no hay mejor manera que escribir. Sé quién no quiero ser, pero quién, o qué, o cómo, lo tengo menos claro. A veces toca reflexionar sobre ello.

Hoy ha sido mi segundo día de trabajo en una nueva empresa y he tenido todo el día para reflexionar sobre la fauna que habita la oficina; todos parecemos sacados del mismo molde. Estudié X, pasé una temporada en X país, hablo tres lenguas europeas, no encuentro trabajo de lo mío. Cada vez que conozco a alguien nuevo me resume su vida en estas cuatro oraciones; da igual que sea Mari, o Cristina, o uno de los tres Joses del área. ¿Es esto lo que pretendemos? ¿Tener vidas idénticas, anodinas, impersonales? ¿Que nuestras experiencias vitales se limiten a lo que se puede contar en el currículum? Me preocupa que a mis veintiún años mi vida se resuman en exactamente lo mismo que la vida del resto de mi departamento. Me preocupa ser la más joven y estar tan bien integrada en ese sentido. Lo único que me salva es que no he terminado los estudios, no pasé la temporada fuera de prácticas ni de Erasmus, llevo un mechón de pelo pseudorosa y nunca he buscado trabajo de lo mío, porque no hay mío que valga; si acaso de monitora, y de eso nunca me ha faltado. Pero son diferencias banales, meras justificaciones. Si el mundo se acaba en diciembre merezco el arrepentimiento eterno porque lo más que pude decir de mi vida es fue normal.

Vivir en sociedades grandes es deprimente.

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Minipost: estudiar psicología, ¿es más fácil a distancia o presencial?

Habéis llegado a este blog realizando esta interesante pregunta a la que creo que voy a tener que contestar con mucho cuidado para no ofender a nadie.

En un principio contestaré que en general es más fácil en presencial. En presencial se suele ir a clase a diario, lo que ayuda a retener el temario y organizar el calendario de estudio; los temarios son más cortos, en ocasiones hay exámenes parciales… Los profesores tienden a redondear la nota hacia arriba (un 4,7 suele ser un aprobado; en la UNED con un 4,95 REZAMOS para que al equipo docente de turno le apetezca aprobarnos), puedes hacerte una idea de qué clases de preguntas van a caer (aquello en lo que el profesor haga más énfasis, le interese más, sea su especialidad o diga abiertamente que es información muy importante y que puede caer en examen), los exámenes de recuperación en ocasiones son los mismos que los de la evaluación normal, y los de la evaluación normal a menudo son sacados de otros años, con lo que basta preguntar a alumnos que ya tienen superada la asignatura. Además, si en un examen no entiendes una pregunta puedes consultarle al profesor, que en ocasiones te chiva hasta la mitad del respuesta en el intento de aclararlo.

Los alumnos de la UNED nos enfrentamos a diario a problemas como organizar nuestro calendario de estudios, estudiar libros de 700 páginas en los que hasta la última coma es importante (nada de paja de por medio), en los exámenes no podemos realizar preguntas (lo cual es importante, pues en ocasiones son preguntas ambiguas y no sabes qué te están pidiendo), no se repiten los exámenes y hasta el último punto del libro es susceptible de caer en la prueba. Tenemos tal vez menos carga de deberes, pues no tenemos tarea semanal como en las universidades presenciales; pero a cambio tenemos dos trabajos por asignatura y cuatrimestre que tienden a ser más bien largos. Conozco a mucha gente de la UNED que se cambiaría a presencial sin dudarlo de tener el tiempo suficiente para asistir a clase, pero con esto de Bolonia es más bien complicado lo de tomarse cualquier universidad como una facultad a distancia.

Por último psicología se puede estudiar en dos universidades a distancia privadas: la UDIMA (de Madrid) y la UOC (de Cataluña; imparte titulaciones en castellano y catalán, y de matricularte en la segunda lengua te beneficias de la subvención de la Generalitat, por el cual el precio de la matrícula es casi idéntico a una universidad pública). No conozco en absoluto los métodos educativos de la primera; de la segunda dicen que es pagar para que te regalen el título, pero no le doy demasiada credibilidad porque de la UNED también lo dicen y ya os digo yo que sigo esperando mi diploma. Cuando me informéme dijeron que el sistema era a elegir entre examen final directamente (prueba de dos horas) o evaluación continua, consistente en tres trabajos cuatrimestrales por asignatura más una prueba final más corta a la que se puede ir por apuntes.

De todos modos no te recomiendo preguntarte qué universidad es más fácil porque eso es subjetivo. Pregúntate qué capacidades tienes tú. ¿Te gusta el trato diario con los compañeros? ¿Tienes facilidad para realizar trabajos en grupo? ¿Cuentas con el tiempo suficiente para ir a clase todos los días? La universidad presencial es lo tuyo. ¿Eres capaz de organizarte bien y cumplir tus horarios? ¿Eres más solitario, o no te importa tanto el trato con la gente? ¿Estás harto de hacer trabajo en grupos? ¿Tienes buena memoria, entiendes todo rápido (sin necesidad de que te lo explique un profesor) y cuentas con paciencia suficiente para memorizar libros interminables? ¿No llevas muy bien lo de tener que ir a clase por obligación? La UNED está hecha para ti.

Pregúntate también qué vas a aprender. Hay gente que memoriza libros enteros en cuestión de horas, pero lo olvida tan rápido como lo aprendió. La universidades que tienen temarios más cortos tienen el inconveniente de que aprendes menos materia, pero si tienes mala retentiva tal vez te compense más saber menos cosas, pero saberlas bien, que contar con mucha información difusa en tu cabeza. Excepto en el caso de que solo quieras el título por tener un diploma en tu pared, seguramente quieras bien trabajar de ello, bien tener la satisfacción de haber aprendido algo interesante durante tus años de estudio; en ambos casos querrás salir de la carrera con la sensación de saber lo más posible. Recuerda que vas a invertir en ello tu tiempo y tu dinero. No pienses nunca “qué es fácil”, si no “qué es mejor para mí”.

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