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Geografía

Hay gente a la que le gusta recorrer el mundo. A mí me interesa más recorrer mentes; la orografía del pensamiento ajeno es mucho más gratificante de trazar. Me gustan esas personas que desde el principio captan mi atención y aquellas otras que resultan anodinas hasta que dejan de serlo. Las que son tan laberínticas que nunca sé si considerarlas normales o excepcionales. Las que me dan mil vueltas y consiguen que me pierda sin moverme del sofá.

Me gustan los pequeños gestos que me llaman la atención de las personas. Es, quizá, lo único que me anima a salir de entre las sábanas cada mañana; y no quisiera que lo único sonase a despectivo, porque no lo empequeñezco. Es lo único, pero lo es todo. Saber que quizá hoy se crucen mis ojos con una sonrisa, o una falta de ella, que me invite a indagar su pensamiento. Porque son muchos los gestos que hacen mención a una mente interesante, pequeña es la cabeza que necesita comenzar una conversación hablando.

Viajes

Ideas para viajar sin invertir un duro

Para cambiar un poco el tono pesimista de las últimas entradas y hablar a la vez de algo que interesa a casi todos los estudiantes voy a dedicar esta entrada a algo que nos interesa a todos, y especialmente a mí, que en menos de un mes vuelvo a estar de vacaciones: cómo viajar a cualquier lado cuando no tienes dinero.

Es información básica que todo viajero low cost debe conocer de sobra a estas alturas, pero aún me sigue sorprendiendo el desconocimiento que tiene mucha gente de estos temas. Me gustaría aclarar que no todos estos medios sirven para cualquier persona. Hay que tener claro que todo tiene sus pros y sus contras: tienes que tener muy claro quién eres y en quién te puedes convertir, a qué te puedes adaptar. Me gustaría explicar esto en pocas líneas pero es difícil relatar experiencias personales tan intensas en un espacio tan reducido.

Nueve opciones recomendables para comer, dormir gratis y vivir una experiencia única. No voy a dedicar espacio a los medios para transportarse de manera barata porque requieren menos moral y más tendencia al riesgo, quizá más adelante hable de ello. Por el momento olvídate de las agencias de viaje y las experiencias concebidas únicamente para turistas: ahora vamos a tal museo, ahora vemos este monumento, ahora un helado en la cafetería más famosa de la zona y por supuesto, foto en cada nuevo excenario. Cada día detesto más al turista medio, que vuelve de pasar una semana en Alemania hablando de lo maravillosos que son los alemanes cuando solo han conocido a los trabajadores de hotel (cariño, claro que son amables; les pagan por ello) y de lo bien que se come, sin haber pisado un solo restaurante que no saliese en la guía de viajes. Viajando low cost puedes finalizar tu estancia en París sin haber visto ni de lejos la Torre Eiffel y que no te importe un comino, porque has visto cosas mucho menos turísticas pero mil veces más interesantes.

 – PROGRAMA AU PAIR

Supongo que a estas alturas todo el mundo sabe ya en qué consiste. Se trata de ir a ayudar a familias con niños en el cuidado de éstos (en situaciones excepcionales puede tratarse también de personas mayores o con movilidad reducida) a cambio de comida y alojamiento. El horario puede variar desde las 15 horas de trabajo semanal hasta las 30, en cuyo caso se recibe una cantidad de dinero semanal que depende del país (creo recordar que 60€ en Alemania, 80€ en Francia, 80£ en UK…). La familia puede optar también por pagarte el avión, un curso de idiomas, el transporte local, el teléfono móvil… conocí a una chica a la que le pagaban incluso las clases de danza del vientre.
La familia de acogida se puede buscar bien a través de agencia, cuyo precio varía entre gratis hasta 800€ (personalmente me he ido con ésta, cuyo precio hace dos años era 250€ + IVA), o también a través de internet. La página que solemos recomendar es Au Pair World, donde hay muchísima variedad de familias y que tiene la ventaja de no ser obligatoriamente de pago (puedes crear tu perfil gratis pero no ver los datos de contacto de las familias. Sin embargo sí puedes enviar mensajes a través de la web a las familias, que suelen hacerse cuenta premium para poder tener acceso a todos tus datos y así contactar contigo por correo o telefónicamente). La gente se preocupa mucho por la seguridad, pero tengo que decir que me he ido de au pair utilizando ambos medios y en los dos he estado igual de acojonada; y es cierto que ambas cosas pueden dar problemas. Por lo general los problemas es tener una familia neurótica o unos hijos repelentes, cosas con las que se aprende a lidiar; solo en dos ocasiones he conocido casos de problemas serios, no es en absoluto frecuente.
¿Merece la pena irse de au pair? Sí. Y puedo decir que ahora mismo solo recuerdo la parte mala de serlo-, pero también sé que si volviese a aquel momento de mi vida no lo dudaría ni por un segundo y volvería a irme. Los dos veranos que fui au pair cambié lo suficiente para saber que hoy no sería quien soy de no haberme ido. Entre otras, por ejemplo, no os escribiría desde mi propio piso si no desde casa de mis padres; no tendría la ropa que tengo, ni mi trabajo actual, ni habría conocido a toda la gente que conozco en Madrid y en medio mundo. Y al final es verdad que vives momentos bonitos, y muchos, pero no soy lo bastante sentimental como para ponerme a hablar de lo increíblemente bonito que son los quais de la Garonne al anochecer, aunque en ciertas épocas de mi vida habría hecho cualquier cosa con tal de regresar allí solo unas horas.

WWOOFING

Trabajar en granjas ecológicas a cambio de alojamiento y comida. Ideal si te gusta el campo, las nuevas experiencias y aprender idiomas. En muchos casos se trata de granjas donde hay una gran cantidad de voluntarios internacionales, por lo que puedes conocer a mucha gente; además tienes la oportunidad de conocer técnicas de autoabastecimiento que son muy útiles e interesantes. Yo personalmente no he hecho nunca wwoofing, pero una amiga mía estuvo tres meses en Estados Unidos y volvió encantada. Entre semana trabajaba y aprendía inglés, los fines de semana les prestaban el coche y se iban a la ciudad a tomar algo… trabajo duro pero gratificante. Suena bien, ¿no?
Las listas de granjas ecológicas de cada país se pueden conseguir por internet y tienen un coste de 20€ por lista.

HELPX

Se trata de una web donde puedes registrarte para echar una mano en cualquier parte del mundo y casi en cualquier actividad. Abundan las granjas pero hay de todo, desde “píntame una pared de casa” hasta “restauremos una iglesia del siglo XVII“, pasando por “soy un escritor que vive en su barco viajando alrededor de Europa y necesito alguien que cocine mientras yo redacto“. El registro cuesta 20€ y dura dos años; me dolió pagarlos en su momento pero gracias a ello viví una de las mejores experiencias de mi vida. Necesitaría un libro entero para contar lo muchísimo que viví allí. En mi caso opté por ir a un observatorio astronómico que anteriormente pertenecía al gobierno francés pero que finalmente tuvieron que abandonar; una asociación lo adquirió para realizar en él actividades culturales. Cada verano suben allí dos personas que se encargan de convertir una especie de cobertizo sin agua, electricidad ni WC en un lugar habitable para acoger a dieciséis visitantes cada día, que tras una larga jornada de senderismo, pues el lugar solo es accesible a pie, disfrutan contemplando las estrellas a través del enorme telescopio de la cúpula. Un sitio sencillamente increíble y maravilloso que no dejaré nunca de recomendar. Mira que me dan miedo las alturas (y estábamos a 2000 metros), mira que la soledad me da pánico (y vivía con solo dos personas totalmente distintas a mí con quienes ni siquiera podía comunicarme con fluidez), mira que los bichos y yo no nos llevamos, pero fueron los mejores días de todo el año. Levantarme pronto cada mañana, limpiar, ayudar a cocinar. Sentarme a degustar la comida rústicamente preparada al sol, a 40º de temperatura. Preparar cena para veinte personas en un horno de butano y una cocina pequeña. Tomar un aperitivo y una copa de anís. Cenar disfrutando de un buen vino, de quesos estupendos y comida sana, riquísima y casera. Subir a las nueve a ver la puesta de sol con un vinito y un cigarro. Fregar los platos y la cocina rodeada de los clientes, que igual cantaban que me daban un masaje que me ayudaban a limpiar. Tomar una copa en la cocina cuando los huéspedes se marchaban. O dos. O tres. Licores caseros tan ricos como pocos he probado. Un cigarrito luego a la luz del cielo más estrellado que jamás haya contemplado. Un cigarrito aliñado. Subir a la cúpula con los clientes, escuchar embobada la historia de las constelaciones intentando que mi pésimo francés no me impidiese comprender el bello significado; quedarme allí hasta la una y levantarme a las cuatro para ver Venus en su mejor momento. Ver miles de cuerpos celestes. Ver a lo lejos las luces de Marsella, de Niza; más allá las españolas, restos de Italia en la otra dirección. Dormir un rato y levantarme a las seis para observar la puesta de sol, y ver el cielo despertarse en la mayor tranquilidad que jamás he presenciado. Caminar por la montaña, por zonas altas y llenas de piedritas – mi gran fobia-. Disfrutar de la compañía de la gente más rara que pueda haber conocido nunca -y mira que el listón estaba alto-. Que hoy me sobra la gente, que dieciséis guiris son muchos, que lo único que quiero es una cerveza y una palabra en español, una cara conocida; que hoy me encanta esto y adoro la soledad, las horas de calma, los clientes que me hablan en idiomas que no entiendo, que me siento mal aquí pero en cierto modo reconforta.
Mi mundo entero cambió en los pocos días que estuve allí. Recomiendo sin dudarlo una experiencia similar. Y también aquí lo pasé mal, he de decirlo. Quienes me conocen desde hace poco me tienen por una persona sociable y bla bla bla, pero nada más lejos de la realidad; en realidad me cuesta interactuar fuera de lo que estoy acostumbrada, y fuera de mi cultura y mi idioma me vuelvo la persona más reservada del mundo. No hablo, me rallo como solo yo sé hacerlo, pierdo el hilo de las cosas, no sé qué se espera de mí. Me siento fatal por ser tan inútil, me rallo y todo va a peor. Ufff. Pues no me habré odiado yo a mí misma en aquella montaña… anda que no me habré sentido fuera de lugar. Y sin embargo aquí me tienes, deseando volver allí arriba.

COUCHSURFING y HOSPITALITY CLUB

Consisten en hacer lo que tu madre siempre te dijo que no hicieras: ir a dormir a casa de un desconocido. Los miembros de estas webs abren su casa a cualquier viajero por el simple interés de conocer gente y conocer otras culturas; no es un intercambio, no hace falta que vayan luego ellos a tu casa. Tampoco tienes que limpiar ni cocinar (aunque por simple educación siempre se cocina, se compra algo de comer o lo que sea). En la web cada persona deja claro qué clase de alojamiento puede ofrecer a sus visitantes pero aún así tienes que estar preparado para dormir en cualquier sitio y cualquier condición. He hecho couchsufing un par de veces, y desde compartir cama con tres personas hasta tener mi propio cuarto con un Mac para mi uso y disfrute, todo vale. Por lo general mis host han sido amables y me han dado de comer, beber y fumar, y todo el pago que han aceptado ha sido ayudarles a recoger la cocina. Hay registrada gente de absolutamente todas las edades; en las ciudades grandes siempre encuentras a alguien de gustos similares con quien compartir ratos agradables. Me ha sorprendido la amabilidad y confianza que he encontrado en esta página, donde totales desconocidos me han llegado a dar las llaves de su casa nada más conocerles.
La eterna pregunta: ¿es esto seguro? Pues depende. Creo que el mayor peligro que tiene es que te dé un infarto quince minutos antes de conocer a tu anfitrión, al menos si eres una persona tan susceptible como una servidora. En esta web hay gente tan rara que puedes preocuparte seriamente por su estado de salud mental, pero no conozco a nadie que haya tenido problemas. La página tiene un sistema para verificar la identidad de los usuarios (a través de una donación voluntaria mediante tarjeta de crédito, gracias a lo cual reciben el nombre y apellidos de la persona para comprobar que son reales) y su dirección (enviándoles una carta al domicilio). Además, los usuarios tienen la opción de dejar referencias en los perfiles de aquellas personas que conozcan en persona contando la experiencia que hayan tenido con ellos; de este modo si tu anfitrión resulta ser más psicópata de lo que parecía, leyendo su perfil puedes saber como ha tratado a sus invitados anteriores.
Ests webs te permiten conocer cualquier ciudad acompañado de nativos, tener alguien con quien quedar en cualquier rincón del mundo aunque sea tu primera noche en el país. Nunca estás solo. Sin embargo puedes acabar agobiándote por no tener nada de intimidad -si te toca dormir en el salón o compartir cuarto, que es lo más frecuente- o acabar hasta los cojones de estar siempre hablando con personas desconocidas -y es que más vale estar solo que mal acompañado-. Depende mucho de la personalidad de cada uno.

INTERVAC

Tú A Londres y yo a California. O donde sea que vivamos, vaya. Intervac consiste en el intercambio de casas; yo me voy a la tuya y tú a la mía. Así puedes permanecer en cualquier ciudad sin pagar nada por el alojamiento y además con toda la tranquilidad de estar como en tu casa, pues los dueños no están allí para intimidarte. El problema está en encontrar alguien que viva en una ciudad que a ti te interese y que casualmente quiera ir a la tuya, y además en las mismas fecha, pero es posible. Nunca he hecho intercambio de casas, básicamente porque no tengo casa (se aceptan casas en alquiler, pero claro, yo lo que alquilo es un cuarto por lo que no me sirve). Sin embargo conozco a gente de mi edad cuya familia se dedica a esto desde antes de que yo naciera, y se les ve bastante contentos con el invento.
La página ofrece otros servicios, como intercambio no simultáneo o house-sitting (ir a cuidar la casa de alguien mientras esa persona está de vacaciones).
Hay muchas otras páginas de intercambio de casas. Échale un vistazo a google 😉

– ALBERGUES

Sí, típico perroflauta, ayudar unas horas diarias a cambio de comida y alojamiento. Por suerte en el siglo XXI ya no hace falta arriesgarse, puedes hablar con los albergues desde el sofá de tu casa antes de salir de ella. Es cuestión de buscar en internet los albergues de la zona que te interesa y llamar uno a uno ofreciendo tus servicios; también puedes buscar en la página de HelpX o contactar con los Equity Point, una cadena de albergues a los que cabe casi nombrar como albergues de cinco estrellas. Tienen centros en Nueva York, Londres, Marraketch, Lisboa, Barcelona, Madrid…
Mi experiencia en este caso fue… bueno, fue rara. Acababa de volver de estar perdida en mitad de las montañas francesas e ir al centro de una ciudad joven, bulliciosa y turística en pleno mes de agosto fue incluso difícil. Pero el ambiente en sí es estupendo si eres joven y te encanta la fiesta: mucha gente joven, todos los días clientes nuevos en el hostel, todos los ganas de fiesta y de cenar. Vives en un mundo raro porque el idioma en que se habla es siempre inglés, se te hace raro salir luego a la calle y ver a la gente hablando en el idioma local. Conoces mucha gente, ligas como nunca, todo son copas y cervezas, fiestas en la terraza del albergue, fiestas fuera, llegar a las siete y media de la mañana y saber que a las ocho estás trabajando. Normalmente se duerme en habitaciones grandes, con diez o quince personas, y se hace extraño pero acabas considerando eso tu habitación. Te acostumbras a la mayor falta de intimidad de tu vida, a no tener baño propio, a colgar tus bragas a secar en un patio que pisan ciento cincuencia personas cada día. Cada cliente es un mundo, una historia, una posibilidad, alguien con quien quizás acabes hablando hasta las cuatro de la mañana. El día que no sales tal vez venga alguien con una guitarra, se ponga a tocar, se reúna alrededor gente cantando, viajeros solitarios sin ritmo ni prisa con quien compatir una cerveza más antes de que te venza el sueño.
La opción de los albergues en ciudades grandes es muy interesante si te encanta estar de fiesta, si eres super sociable. Y como de todo, algo se aprende. ¿Merece la pena? Sin dudarlo.

– CAMPOS DE TRABAJO.

Opción ampliamente conocida y no sin motivos. Los campos de trabajo son una excelente oportunidad de ir una semana a una zona cualquiera del mundo a trabajar durante unas semanas. A cambio tienes la gran parte del día libre, comida, alojamiento, actividades de ocio gratuitas y la compañía de gente joven llegada de cualquier rincón del Europa. El trabajo puede consistir en cualquier cosa, desde organizar conciertos hasta limpiar ríos. Hay varias organizaciones que se encargan de la organización de WorkCamps; en España lo lleva principalmente el Injuve o la oficina joven de cada región, y suelen tener un coste de 72-90€ más desplazamiento. Son muchas las organizaciones que gestionan campos de trabajo; puedes comenzar a investigar el tema por aquí.

– YOUTH IN ACTION

A mamá Europa le gusta que nos mantengamos unidos. Para ello diseña programas de cualquier tipo. Entre mis favoritos están los short courses del programa Jóvenes en Acción, que puedes consultar en esta web. Su objetivo es fomentar la conciencia europea, para lo cual lleva a jóvenes de entre 18 a 30 años a pasar una semana en casi cualquier ricón del continente a realizar talleres de temas relacionados con el liderazgo, la participación juvenil y similares. No todos los programas son gratuitos y es difícil ser aceptado, pero es una opción.

– ECHARLE MORRO Y SIMPATÍA

Que al final es una gran opción. Sé simpátic@ con la gente y la gente te lo devolverá en forma de pases de metro gratis, cerveza, comida, alojamiento o entrada gratuita a la zona reservada del museo de moda de la zona. Vuelve a ser una opción que pocas madres recomendarían -ir a dormir gratis a casa de alguien del que no conoces ni su perfil en internet no es mucho peor que ir a casa de alguien que conoces de Couchsurfing, pero suena raro que un desconocido te invite así porque sí a su casa- pero da lugar a grandes anécdotas y recuerdos.
Con un poco de gracia la gente comienza a encontrarte divertido y te ayuda en lo que haga falta; es cuestión de perder la vergüenza. Puede que al principio te parezca triste eso de suplicar en un hostel que te dejen dormir por tu cara bonita o decirle al primer desconocido que te encuentres que no tienes donde dormir y que si puedes ir a su casa, pero llega un momento en el que descubres que la dignidad vale menos que un buen techo. La dignidad está sobrevalorada, en cualquier caso; no te da de cenar ni de beber, mientras que un desconocido sí puede hacerlo. En el mundo hay mucho loco pero poco psicópata, las probabilidades de acabar durmiendo en casa de un peligroso asesino en serie de perroflautas sin techo son menores de lo que te insinúa tu madre interior. En última instancia, una habitación en casa de cualquiera sale gratis y te proporciona una anécdota que recordar, mientras que un hotel es caro y aburrido. Tú decides.

Webs similares a las mencionadas anteriormente son The Caretaker Gazette, Travelers for Travelers, Housecares, Be Welcome, Servas (reconocida por la ONU y las Naciones Unidas)… es cuestión de buscar. Recuerda que todos estos sistemas nacen con una filosofía detrás; no es solo alojamiento gratuito, es un modo de compartir y conocer el mundo. No te comportes como si estuvieses en un hotel, no es así como funciona.

Hasta aquí mi charla de hoy sobre Como Viajar Sin Un Duro Por Periodos Cortos. Otro día hablaré sobre long term stay, aunque es un mundo que por el momento apenas conozco. Espero que esta entrada sirva de ayuda a estudiantes sin un duro pero con ganas de viajar. Las experiencias del camino merecen la pena 🙂

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Gregorio Samsa

No quiero levantarme una mañana convertida en un Gregorio convertido en cucaracha, agitando mis piernas al aire con el único objetivo de llegar a tiempo a trabajar.

Hay muchos Gregorios Samsa a mi alrededor. Salimos de bachillerato convertidos en cucarachas; es ahí cuando se produce la metamorfosis. Incluso el más holgazán de la promoción -cargo con el honor- se graduó con la idea de seguir adelante en su vida. Progresar, lo llaman. Madurar. Pospón la felicidad para más adelante; ya llegarán las vacaciones, y ya harás ese viaje cuando acabes la carrera, cuando encuentres un trabajo que te lo permita, cuando te jubiles y te sobre el tiempo.

Echo de menos aquellos años de mi vida cuando mi única obligación era faltar a clase; esconderme en los baños, fumar un cigarro y estudiar de golpe todo el libro el día antes de la recuperación. Me quejaba de ir cada día por obligación a aquel maldito instituto pero pisaba más el patio que las aulas. Había normas que desobedecer y ningún castigo por ello. ¿Y ahora? Sigo encerrándome cada mañana en un edificio aburrido y gris, pero, ¡ay de mí si falta mi presencia en la silla durante más de diez minutos! ¡Qué cara pondría mi jefe si se me ocurre salir a fumar! Y ahora no es hasta que cumplas los 16, hasta que acabes la ESO. No es un trabajo de verano, ni para sacar unas pelas por las tardes, ni hasta que me ingresen la beca. Tengo que comer, ¿verdad? Y será unos cuantos años. Cuarenta y uno, en concreto, si tengo la mala suerte de vivir hasta entonces. ¿De verdad estuve alguna vez de acuerdo con tener una limosna de treinta días propios al año? ¿A convenir con la empresa?

¿Cómo coño lo aguantáis?

Supongo que este es mi primer trabajo serio. No me durará demasiado y no quiero que me dure, pero es serio en el sentido de que no tengo esperanzas -ni intención- de progresar mucho más. No tengo becas, vivo sola y el dinero no cae del cielo. No son trabajos de cuando quiera lo dejo, dependo de ello para comer. Para siempre. No estoy acostumbrada a este estilo de vida, ¿sabéis? Siempre he tenido cierta sensación de libertad. De me voy cuando quiero, convenzo al jefe de irme de puente,me largo cuatro o cinco meses a Francia porque me apetece y cuando vuelva me contratarán, y si no qué más da. Siempre he odiado sentirme atada a lugares o personas, pero esto comienza a ser peor: estoy atada al dinero. Tengo que intentar tener un buen trabajo y tengo que lograr mantenerlo. Duele darse cuenta de que cada día queda menos tiempo de libertad. De que aún se me puede ir la pinza y acabar de voluntaria en Moldavia, de au pair en Suecia o de SVE en Liubliana, pero arriesgo muchas cosas al hacerlo y cada día son más.
Pese al tono más o menos pesimista de los dos últimos días no estoy mal en el trabajo. En absoluto. Estoy haciendo un bonito intrusismo profesional en el sector del turismo sin haber estudiado nada relacionado, no cobro mal, hay buen ambiente. Dejan que entre luz natural por las ventanas -en mis anteriores empresas no- y disfrutamos de unas vistas preciosas de Madrid. Es solo que he pasado un cuarto de vida trabajando, y me queda el doble de los años que tengo, y no quiero pasarme mi existencia alegrándome y dando palmas porque en la oficina me dejan mirar por la ventana. Si lee esto alguien con muchos años de experiencia laboral, por favor, cuéntame: ¿cómo se hace para estar a gusto así? Dime algo que me anime.

Orientación, UNED, Universidad

Minipost: estudiar Psicología, ¿es más fácil a distancia o presencial?

Muchos habéis llegado a este blog realizando una interesante pregunta a la que creo que voy a tener que contestar con mucho cuidado para no ofender a nadie.

Hablando desde la experiencia, en un principio diré que en general es más fácil estudiar en régimen presencial. De esta manera se cuenta con clases a diario, lo que ayuda a retener el temario y organizar el calendario de estudio; los temarios son generalmente más cortos, en ocasiones hay exámenes parciales… Los profesores tienden a redondear la nota hacia arriba (un 4,8 suele ser un aprobado; en la UNED con un 4,95 REZAMOS para que al equipo docente de turno le apetezca aprobarnos), y, al conocer al equipo docente, puedes hacerte idea de qué clases de preguntas van a caer (aquello en lo que el profesor haga más énfasis, le interese más, sea su especialidad o diga abiertamente que es información muy importante y que puede caer en examen). Los exámenes de recuperación en ocasiones son los mismos que los de la evaluación normal, y los de la evaluación normal a menudo son sacados de otros años. Además, si en un examen no entiendes una pregunta puedes consultar al profesor, que en ocasiones (contabas) responde hasta la mitad del enunciado en el intento de aclararlo.

Los alumnos de la UNED nos enfrentamos a diario a problemas como organizar nuestro calendario de estudios, estudiar libros de 700 páginas en los que hasta la última coma es importante (nada de paja de por medio), en los exámenes no podemos realizar preguntas (lo cual es importante, pues en ocasiones son preguntas ambiguas y no siempre se entiende el significado), no se repiten los exámenes y hasta el último punto del libro es susceptible de caer en la prueba. Tenemos tal vez menos carga de deberes, pues no tenemos tarea semanal como en las universidades presenciales; pero a cambio tenemos que presentar un trabajo por asignatura y cuatrimestre que tiende a ser más bien largo. Conozco a mucha gente de la UNED que cambiaría a la universidad presencial sin dudarlo de tener el tiempo suficiente para asistir a clase, pues existe la creencia de que es menos difícil que la UNED.

Por último, Psicología se puede estudiar en dos universidades a distancia privadas: la UDIMA (de Madrid) y la UOC (de Cataluña; imparte titulaciones en castellano y catalán y es concertada, por lo que el precio se asemeja al de cualquier otro centro educativo). No conozco en absoluto los métodos educativos de la primera; de la segunda dicen que es pagar para que te regalen el título, pero no le doy demasiada credibilidad. Lo mismo dicen las malas lenguas de la UNED, y ya os digo yo que sigo esperando mi diploma. El sistema de estudios de la UOC permite elegir entre acudir a examen final (prueba de dos horas) o realizar una evaluación continua, consistente en tres trabajos cuatrimestrales por asignatura más una prueba final corta.

De todos modos no recomiendo preguntar qué universidad es más fácil, ya que es algo subjetivo. Pregúntate qué capacidades tienes tú. ¿Te gusta el trato diario con los compañeros? ¿Tienes facilidad para realizar trabajos en grupo? ¿Cuentas con el tiempo suficiente para ir a clase todos los días? La universidad presencial está hecha para ti. ¿Eres capaz de organizarte bien y cumplir tus horarios? ¿Eres más solitario, o no te importa tanto el trato con la gente? ¿Estás harto de hacer trabajo en grupos? ¿Tienes buena memoria, entiendes todo rápido y cuentas con paciencia suficiente para memorizar libros interminables? ¿No llevas muy bien lo de tener que ir a clase por obligación? En ese caso, la UNED es una opción interesante.

Pregúntate también qué vas a aprender. Hay gente que memoriza libros enteros en cuestión de horas, pero lo olvida tan rápido como lo aprendió. La universidades que tienen temarios más cortos tienen el inconveniente de que aprendes menos materia, pero si tienes mala retentiva tal vez te compense más saber menos cosas, pero saberlas bien, que contar con mucha información difusa en tu cabeza. Excepto en el caso de que solo quieras el título por tener un diploma en tu pared, seguramente quieras bien trabajar de ello, bien tener la satisfacción de haber aprendido algo interesante durante tus años de estudio; en ambos casos querrás salir de la carrera con la sensación de saber lo más posible. Recuerda que vas a invertir en ello tu tiempo y tu dinero. No pienses nunca “qué es fácil”, si no “qué es mejor para mí”.

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Independencia

Decían que independizarme me enseñaría a crecer, pero en realidad me ha enseñado a querer vivir.

He aprendido que da igual llegar arriba o abajo, que me la sudan los diplomas y los títulos. Lo único que quiero es la experiencia. Mirar hacia el pasado y decir: “yo hice esto” o “en esto la cagué“. Y ese aprendizaje será siempre más profundo y personal que simples palabras memorizadas de un libro.

He aprendido que me la suda el dinero, la responsabilidad económica. Que sí, que sería bonito vivir sabiendo que el mes que viene volveré a poder comer, pero no es mi caso. No tengo dinero y no pienso preocuparme por él. Seré feliz con lo que tengo, y lo disfrutaré. Dejemos eso de ahorrar a la gente tan rica de espíritu o de billetes que no tiene la capacidad de disfrutar de un capricho.

He aprendido que me la suda el tabaco y el dinero que en él invierto. He conocido más gente fumando en la puerta del trabajo que en seis años de instituto rodeada todo el tiempo de personas. Me ha quitado más penas un cigarro que cualquier amigo con palabras bienintencionadas. Me quita una parte de mi vida, sí, pero afrontemos la realidad: ¿para qué quiero una vida tan larga?

He aprendido que no por ganar más es un mejor trabajo.

He aprendido sobre la soledad. Vaya que si he aprendido. A estar sola, totalmente sola, sin compañía física ni mental, sin que nadie me comprenda ni entienda mi idioma. A estar sola físicamente, pero rodeada en la distancia de los mejores amigos del mundo. A estar físicamente acompañada, a salir de fiesta cada día hasta las 8, a tener decenas de contactos en el móvil y saber que para todos ellos se queda grande la palabra amigo. A estar conmigo misma, y puedo decir que eso ha sido siempre lo más duro.

He aprendido que la cerveza hace amigos, pero que me la sudan todos ellos. Que hay que buscar entre la mierda para encontrar a esas escasas personas que merecen la pena, que no necesitas vodka para aguantarlas.

He aprendido a apreciar a aquellos que ignoraron los 600 km que separan Burdeos de Madrid y mantuvieron el contacto cada día. A quienes no les importa que ahora viva a una hora de distancia, y siguen visitándome de tanto en tanto. A quienes no llevan la cuenta de cigarros y caladas. A quienes se toman la confianza de venir a casa y eternizar sus visitas; a ellos les adoro. A los que sabiendo que no tenía un duro para salir se han venido a casa un sábado por la noche acompañados de la cena y unas birras. A quienes no se comportan como si fuesen invitados, y si quieren cocinar cocinan, y si quieren fregar friegan. A quienes han hecho el esfuerzo en retomar una amistad que yo, sinceramente, no recordaba.

He aprendido a dar un abrazo.

He aprendido que prefiero una conversación con una persona interesante que un fin de semana de fiesta sin parar. Que si la conversación es a oscuras y de madrugada da igual de qué se hable, porque bajo la luz del cielo nocturno cualquier conversación es especial.

He aprendido que quiero vivir, sea lo que sea eso. He aprendido que no me queda clara la definición de “vida“; solo sé que no es eso que pasa entre sueños, ni entre pantallas ni libros. Que sí, que para un rato está bien, pero no quiero gastar mi tiempo leyendo la vida de otros. Quiero que mi vida sea ésa sobre la que merece la pena escribir. Quiero que cada cosa que hago me apasione, quiero sentir cada día ese hambre de hacer algo diferente, de tener siempre algún reto por superar.

He aprendido que la lavadora o las facturas son lo menos importante. Lo fácil. Que lo complicado de la vida es levantarse un domingo a horas más que indecentes, cansada, quizá de resaca, y sin compañía que te haga olvidar las penas que los domingos traen consigo y aún así tener fuerzas para aprovechar el día.

He aprendido que adoro mi ciudad. Que se me parte el alma cuando estoy lejos, que besaría el suelo cada vez que regreso y veo Madrid despertando con el alba. Siempre regreso a la hora de desayunar para sentarme en cualquier bar de la zona a ver maletines y trajes, deportivas y vaqueros, pasar rápidamente delante del cristal camino al trabajo. Me dan pena esas pobres almas que siguen un ritmo de vida tan poco natural a cambio de acumular millones en sus cuentas bancarias; yo con un vaso de zumo soy feliz.

He aprendido que no volveré a estresarme por un trabajo que no sea el de mis sueños; no me merece la pena.

He aprendido que mi memoria es una mierda y que antes o después todo esto desaparecerá de mi cabeza. Los compañeros, los amigos, los momentos, los lugares… antes o después todo pasa a ocupar un lugar inaccesible de la mente. Dentro de cinco, tal vez diez años, recordaré caras borrosas, algunos nombres, anda, ¿tú estabas allí esa noche?, no me acordaba. Será triste olvidar lo muchísimo que ha significado esta ciudad para mí. Pero hoy puedo sonreír. Porque aunque no sepa hasta cuando, de momento vivo aquí.