Archivo mensual: junio 2012

Dos días

Estoy a dos días y medio de irme. Nada más. Me paraliza la ansiedad. Hay tantas, tantas cosas que quiero hacer… tengo trabajo para un mes a realizar en 48 horas. Me va a dar algo.

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El papel de un educador

No son solo los padres, la tele y los maestros quienes educan. Educa toda la sociedad. Cada persona, cada libro, cada lugar que pisa un niño le enseña de forma implícita ciertos valores. Nadie me enseñó cómo vestir para ir a una discoteca, pero a través del contacto con la gente lo averigüé antes incluso de comenzar a salir. Nadie me dijo que en el ascensor se debe mirar a la puerta, el espejo o los botones, pero por imitación aprendí que es la mejor opción para no incomodar a los demás.

No se educa solo a los niños. Los adultos también aprenden. Con el tiempo hay que adaptarse; no se viste igual a los sesenta que a los veinte. Si cambias de trabajo te tendrás que adaptar a las normas sociales de la nueva empresa. Es ley de vida.

La diferencia entre un educador explícito y uno implícito es que a los primeros nos piden que representemos un papel. A nadie le importa que las amigas de las crías con las que trabajo lleven cinturones a modo de minifalda, pero que ni se me ocurra a mí aparecer así en el trabajo, obviamente. Me parece bien. Hasta cierto punto.

La semana pasada envié una convocatoria de un castigo para varios estudiantes de la ONG en la que estoy. Esta mañana se han presentado… con un añadido extra: padres. Querían hablar conmigo en persona para saber por qué les he castigado. Saben que es porque los estudiantes han intentado beber alcohol y no están de acuerdo con que les castigue, ya que ellos son sus padres y por tanto ellos ponen las normas y los castigos que crean convenientes.

Entiendo la opinión de estos señores. De verdad que sí. Pero no la comparto.

Todo el mundo considera que su actitud en la vida es la correcta y que su modo de educar también lo es. Pero no todos podemos acertar. Conozco muchas familias (normalmente familias con pelas) que llevan a sus hijos únicamente a colegios que comparten su metodología y modo de pensar. Los amigos de los niños y sus familias tienen la misma ideología que los padres. Si aciertas supongo que está bien, pero, ¿cómo saber que aciertas?

Padres, maestros, profesores, psicólogos, educadores, trabajadores sociales y monitores son educadores explícitos. Están ahí para representar un papel, pero no el papel que tú quieras. Desde que empecé a dar clases particulares con dieciséis añitos me di cuenta de lo fácil que es influir en otras personas y trato de dar buen ejemplo en todo lo posible, pero hay límites. Me parece bien que me exijan un comportamiento que no atente contra los derechos humanos; no voy a llevar minifaldas porque se puede considerar discriminación de la mujer, y tampoco voy a defender conductas agresivas. Pero mi ideología en todo lo demás es mi ideología. Propia. Puede que no la compartas, pero escuchar otras opiniones es enriquecedor. Tal vez tú no aciertes y tal vez yo tampoco, pero a base de conocer opiniones tu hijo crecerá. Dar lo mejor a tus niños no es pagarle el colegio más caro ni los juguetes de moda, si no permitirle conocer mundo y formarse opiniones propias.

El tema de alcohol y drogas es complicado, los límites son difusos. Conozco gente que no admitiría que su hijo, veinteañero e independizado, se tomase una cerveza en su presencia, mientras que otras madres de mi entorno fumaban porros con los hijos a los trece años. En fin. Personalmente no pienso acosar a nadie para ver si se toma dos copas los fines de semana sea o no menor de edad, pero si le veo borracho y vomitando me preocuparé. También me preocupo cuando me pasa a mí, o les pasa a mis amigos. Beber no está mal, lo perjudicial es beber mal. Envenenar tu cuerpo.

Niños, adolescentes y adultos, todos nosotros necesitamos que alguien nos aconseje y nos eduque. A nadie le sienta mal una charla de vez en cuando; hablar sobre alcohol y borracheras puede ser divertido y constructivo al mismo tiempo, por mucho que lo llames “castigo”. He hecho lo que me parecía mejor. Puedo comprender que los padres se enfaden, especialmente si la responsable del castigo soy yo. Tengo veinte años, poco más que sus hijas. Ellos ya han criado a tres personas y yo apenas estoy comenzando a educarme a mí misma. Es lógico que piensen que no tengo ni idea de cómo educar a un adolescente. Y tengo que admitir que no tengo ni puta idea de qué es ser madre, pero de ser monitora tengo una ligera idea. Son distintos roles. Cada uno desempeña su rol lo mejor que sabe; interrumpir y dificultar la tarea de otra de las personas que forman parte de los educadores explícitos de una persona es poner trabas al desarrollo del niño**. Respetémonos, por favor.

* Obviamente con límites. Ni el maltrato ni la apología de delitos cuentan como “educar”.

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Simultanear estudios

Como prometí voy a hacer una entrada dando respuesta a una búsqueda frecuente en google: cómo simultanear estudios. Me parece algo interesante e importante. Es sencillo recabar datos sobre ello, pero a menudo la gente parece algo perdida al enfrentarse a Internet. Posiblemente la información que doy está algo desactualizada, ya que hace dos años de la última vez que me preocupé por estos temas, pero puedo dar una información general de cómo va el tema en Castilla- La Mancha y Madrid. En otras regiones tal vez varíe la normativa ya que Educación es competencia de las Comunidades Autónomas.

¿Qué es la simultaneidad de estudios?
Consiste en cursar dos estudios oficiales distintos en el mismo periodo distinto. Con estudios oficiales me refiero a la ESO, FP, Bachillerato o estudios universitarios que sigan un plan de estudios aprobado por el Gobierno. No siempre es posible simultanear estudios: la normativa establece diferencias en función del grado de estudios y la carga lectiva de éstos.

Caso 1. Simultanear dos modalidades de bachillerato.
Para cursar dos bachilleratos al mismo tiempo existen varias opciones.
– Algunos institutos ofertan clases “extraescolares” de asignaturas complementarias que te permiten obtener dos modalidades similares de bachillerato. En el mío, por ejemplo, la gente que seguía el itinerario tecnológico tenía la opción de quedarse a séptima hora para estudiar las asignaturas que les faltaban de la modalidad de Ciencias de la Salud. A la hora de hacer la media para Selectividad los propios estudiantes elegían qué asignaturas preferían que se tuviesen en cuenta. Sin embargo, esto se realiza cada vez menos, ya que supone más gastos y pocos estudiantes se aventuran a ello.
– Otros institutos ofrecen las asignaturas de modalidad como optativas. Es decir, que en lugar de estudiar como optativa francés o TIC puedes elegir Historia del Arte. Antes de matricularte en el instituto deberás informarte de las asignaturas que ofertan como optativas, teniendo en cuenta que sólo podrás cursar dos de ellas (una en 1º y otra en 2º). Sin embargo, puede ser un buen complemento a la hora de elegir asignaturas específicas para Selectividad, pues contarás con una asignatura más.
– Por último queda la opción de la educación a distancia. Es menos restrictiva en cuanto a horarios y número máximo de asignaturas, lo que te permite cursar más asignaturas por año. Sin embargo no todo el mundo puede matricularse en bachillerato a distancia, ya que el acceso está restringido a los estudiantes mayores de 18 años o a aquellos que justifiquen motivos laborales o de otra índole que les impidan ir a las clases presenciales.

Caso 2. Simultanear FP con otros estudios.
Simultanear FP con otros estudios es, en resumen, chungo. La ley es bastante restrictiva al respecto. Para simultanear dos FP, o FP con bachillerato, se piden dos requisitos: que los horarios de clase no coincidan (bastante lógico a mi parecer) y que uno de los cursos estudiados no se esté realizando a tiempo completo. Se pone un tope del 30% de asignaturas o de horas lectivas (nota: esta norma no se aplica para estudios universitarios).
Es una opción interesante si has repetido bachillerato u otro FP, sólo estás cursando una o dos asignaturas y quieres hacer algo con el resto de tu tiempo libre.
A menos que seas repetidor tanto bachillerato como FP  en su modalidad presencial (excepto las dirigidas a adultos) obligan a matricularse en el 100% de las asignaturas, lo cual supone un problema a la hora de seguir la normativa del 30%. Hay dos métodos para poder simultanear FP y Bachiller desde la primera matrícula:
– En muchas comunidades (tal vez en todas) existe la llamada Oferta Modular, que consiste en cursar solamente algunas de las asignaturas de un FP. Al finalizar el curso dan al alumno un certificado de haber aprobado con éxito las asignaturas que curse en Oferta Modular, y una vez complete todas las asignaturas recibe también el título de FP, siempre que cumpla con todos los requisitos de acceso a éste. De este modo puedes conseguir una matrícula parcial. El problema es que esta modalidad de matrícula no permite matricularse en cualquier asignatura, si no solo en aquellas que tengan plazas libres al finalizar el periodo de matriculación en FP… y muchos de ellos tienen lista de espera, las plazas libres escasean.
La Oferta Modular tiene otro punto muy interesante, y es que te permite cursar asignaturas de FP bajo el único requisito de tener 18 años. Esto implica que aunque no tengas bachillerato ni prueba de acceso podrás estudiar las asignaturas de un FP Superior, y recibir el título de técnico una vez apruebes bachiller.
– Otra opción es la llamada “Ingeniería Social“, que es la versión culta de “caerle bien al secretario“. Cuando quise simultanear FP y bachillerato me encontré con el problema del 30%; opté por matricularme a tiempo completo en FP, y, al estar repitiendo bachillerato, no supuso ningún problema apuntarme sólo en las dos asignaturas que tenía suspensas. Pero a mí me interesaba cursar ocho, ya que para subir mi nota media quería estudiar las asignaturas de otra modalidad de bachillerato distinta a la que había cursado inicialmente.
Me matriculé en las tres iniciales y le conté mi situación al jefe de estudios, que decidió saltarse olímpicamente la normativa que aquella misma mañana me habían contado en la Delegación de Educación y me dejó matricularme en todas las asignaturas que quise. Un encanto de señor.
– Una opción arriesgada y que si tienes los cojones suficientes para ello eres mi ídolo forever and ever es  prepararte por libre las pruebas de FP. Son pruebas que se convocan cada año y cuando a cada comunidad le sale de los cojones, aunque la convocatoria normalmente sale alrededor de enero-marzo, y los exámenes se realizan en mayo-junio (excepto en Castilla-La Mancha, que este año ha decidido atrasar cinco meses el proceso, porque examinarse en octubre es algo precioso). No hay limitaciones de asignaturas, puedes presentarte a tantas como quieras. Tiene restricción de edad: 18 años para presentarse a las pruebas libres de obtención de título de técnico, y 20 para técnico superior.

Caso 3. Simultanear estudios universitarios.

Je, ¿de verdad quieres esto? Pues buena suerte. Como si no fuese suficiente con lidiar con las secretarias tocapelotas de una universidad te va a tocar hacerlo con las secretarias de dos distintas.
Los requisitos para simultanear estudios universitarios dependen de cada universidad. Algunas universidades no permiten iniciar segundas titulaciones hasta haber cursado con éxito el primer año de otra carrera. Esta regla no se aplica en la UNED; si te interesa cursar dos carreras al mismo tiempo siendo una de ellas en esta universidad tienes que matricularte primero en la universidad donde vayas a hacer los otros estudios, ya que la autorización para simultanear dos carreras se la tienes que pedir a la uni donde hagas tus segundos estudios, y la UNED pasa olímpicamente de que hagas un grado o dieciocho.
Otras universidades sí permiten que los alumnos de 1º cursen dos estudios a la vez, pero limitan la elección de la segunda carrera a las facultades en las que sobran plazas en septiembre. Ten también en cuenta que las universidades presenciales están muy pesaditas con el tema de las asignaturas mínimas por año. A menos que entregues un contrato de trabajo te obligan a cursar el 100% de las asignaturas. Ir a una facultad toda la mañana y a otra toda la tarde puede ser complicado; e incluso obteniendo la matrícula parcial (en la que suelen pedir una matricula de al menos 30 créditos por curso), eso de trabajar e ir a clases de otra carrera puede ser bastante difícil. Hay soluciones para este pequeño problema espacio-temporal, pero pasan por echarle mucho morro o vivir el grado como si de una licenciatura se tratase.
Espero que esto os sirva a los que llegáis últimamente aquí interesados en realizar dos cursos a la vez. En cualquier caso, ¡mucho ánimo!

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De lo increíblemente duro que es vivir sola.

Este no iba a ser un blog personal, pero hay momentos y experiencias en la vida que es necesario recordar, y como mi memoria es una mierda aprovecho estos espacios y lo escribo. Y qué coño, que es mi blog y en él digo lo que me da la gana, chincha rabiña. Pero como mi principal fuente de visitas en google y nadie llega aquí buscando información sobre vidas privadas de desconocidos hoy voy a redactar dos entradas, una contando mi vida porque me apetece, y la otra respondiendo a alguna de las búsquedas que os han traído últimamente a este blog.

El miércoles llegó mi nueva compañera de piso. Sí, semana y media montándome el pollo mental y no tan mental con eso de estar sola, llorando por las esquinas y pensando que lo iba a pasar mal, y al final solo estuve sola dos días. Y luego lo solucioné mediante terapia de choque: convirtiendo mi piso en un taller ilegal de chinos. Solo que sin chinos (aunque sí con turcos, alemanes, estadounidenses y finlandeses). Y sin taller ni ánimo de lucro. Sólo con un cojón y medio de gente a todas horas, pidiendo que por favor me lavasen algún plato o bajasen la basura antes de que echase patas y se bajase ella solita… y bueno, beneficios económicos no, al menos no en dinero, sólo digamos que mis amigos consideran educado que si yo ofrezco alojamiento, ellos ponen la comida… y, ¿habéis escuchado aquello de que con una guinness y un limón al día tienes todos los nutrientes necesarios para sobrevivir? Pues eso no sé, pero con una pizza y una mahou parece que sí. Durante cinco días he desayunado, comido y cenado pizza, acompañada siempre de cervezas de distinto tipo. Hay cosas que sólo aprendes cuando te independizas, como que el papel higiénico no aparece en el baño por generación espontánea, pero que el alcohol en tu nevera sí. En tu nevera, y en otras partes curiosas de tu casa que no viene al caso comentar.

Todo el que viene trae más alcohol del que puede consumir. Y así va, que como mi madre vea la cantidad de botellas que hay en mi cuarto me voy derechita a Proyecto Hombre.

En fin, el caso es que según ha llegado mi nueva compañera he empezado a pasarme a lo bestia. Me he llegado a sentir mal. Soy consciente de cuándo me estoy pasando. Eso de recibir un whatsapp preguntando si me molesta que traiga a una amiga a dormir a casa , cuando yo he invitado a cinco personas sin pedir permiso… Eso de que haya amigos míos en casa incluso cuando yo no estoy… Eso de que venga gente a mi casa para hacer tortitas, para estudiar o para teñirse el pelo de verde… Soy consciente de que es pasarse tratándose de un piso en el que no vivo yo sola.

Pero mi compañera tiene una paciencia tan grande como la torre de latas de cerveza que adorna ahora mismo en la cocina y no se ha quejado. Por mi parte, he prometido que esto no se vuelve a repetir, ahora me centraré en trabajar, estudiar, y esas cosas de la gente educada y responsable.

Esta chica ha pasado ya cuatro noches en casa, pero creo que hoy ha sido el único día que hemos hablado más allá de lo básico. Es curioso ese momento de conocer a tus compañeros de piso. Bueno, técnicamente la conocía de antes, pero hay una diferencia entre “conocer” referido a saber que existe y “conocer” referido a un compañero de piso. Sí, ha cenado en casa varias noches, tiene facebook y twitter, tengo claro que no es producto de mi mente. Pero conocer a un compañero es establecer rutinas, aficiones comunes y descubrir la compatibilidad de ambos, si es alguien con quien vas a hablar cada noche o si la relación de limitará a un gruñido a modo de saludo al cruzarse por el pasillo. La gente normal inicia el establecimiento de rutinas el primer día de convivencia, pero la situación en casa no ha sido la más adecuada. Supuse que ya estaba bastante hasta los cojones de mí y de tener gente alrededor todo el maldito día y que no era plan de ponerme en plan psicoterapeuta pesada a preguntarle qué opina de la vida. Pero hoy tras ver una peli nos hemos quedado hablando hasta las dos de la mañana. Ha sido interesante. Parece que seremos capaces de mantener conversaciones más allá del “has olvidado fregar los platos“, lo cual es sencillamente genial, y no tan fácil como pudiera parecer. He llegado a tener compañeros con los que tenía tan poca relación que podrían haber muerto y habría tardado una semana en enterarme siquiera… pero eso es otra historia.

Estoy de buen humor. La vida es genial. Y los veinte años aún mejores.

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Una nueva fase

Las cosas vuelven a ser como tenían que ser.

Vuelvo a ser ese ser humano con mil planes por hora. No me ha costado demasiado volver a las antiguas rutinas; nada más contarle a la gente que me he quedado sola y disponible para volver a salir y a hacer cosas he vuelto a recibir las antiguas llamadas que convertían mi agenda en un continuo examen de bilocación.

Mi casa ya no está vacía. Ayer vino la amiga de mis compañeras de piso, aunque es como si llevase más tiempo aquí. Supongo que porque ya la conozco los tres días que necesito habitualmente para adaptarme a una situación se han visto reducidos drásticamente. También vino un chaval de una de las ONG en la que colaboro para pasar unos días en Madrid. Ayer estuvimos hablando hasta las tantas de la noche, y hoy se ha venido con otros conocidos, estudiantes de intercambio como él, y cada uno de un rincón del mundo, para cenar, tomar algo y preparar una fiesta sorpresa que le haremos mañana a una chica. En dos días he pasado de la más absoluta soledad, de no abrir la boca en dos días enteros porque no tenía a quién dirigir la palabra, a tener la casa -otra vez- llena de gente.

He tenido mi última clase de mates con una de mis estudiantes favoritas. Es un encanto. Me define como una amiga, y hemos quedado en escribirnos emails de vez en cuando este verano. Es curioso ver cómo ha pasado el tiempo. Es algo que me encanta de las clases particulares, ver cómo en invierno llego a sus casas siempre de noche y con frío, y cómo va cambiando la situación para dar paso a un tiempo cálido y veraniego, al tiempo que el avanza el temario y mejoran los conocimientos de los estudiantes. Es raro pensar que.. ¡hey!, ¡esto acaba! ¡El mejor año de mi vida hasta la fecha (todos lo son) toca a su fin! La semana que viene me despediré de mis otros estudiantes, y… wow. ¿No es increíble?

También he vuelto a estudiar. Poco pero con éxito. Como siempre ha sido. Estos meses he sido consciente de no haber sido yo misma. Soy procrastinadora por excelencia, y es común en mí eso de salir hasta las tantas teniendo examen al día siguiente aunque todavía no haya estudiado nada de nada; sin embargo, en cuanto vuelvo a casa, esté sobria, ebria o al borde de la muerte, abro el libro y estudio como si no hubiera mañana. Por lo tanto, compartir piso no debería haber afectado a mis notas, pues por mucho que hasta las doce de la noche esté en el salón con mis compañeras el resto de la noche todavía lo puedo dedicar a estudiar. Pero no lo hacía. Me sentía cansada. Chorradas. Desde que se fueron las chicas madrugo y trasnocho mucho más y por supuesto sigo dejando todo para el último minuto. He transformado el cuarto de una de mis compañeras en mi lugar de estudio guión habitación de invitados, allí me concentro mucho más para estudiar. Pero también pongo más de mi parte. Ayer estuve con este chaval hasta las dos de la mañana, pero a las dos, como un reloj, abrí el libro y comencé a estudiar para un examen que daría comienzo ocho horas más tarde. Solo decir que he llenado seis páginas y me ha faltado tiempo para terminar, podría haber seguido escribiendo dos horas más. Supongo que no me puedo quejar.

Salgo, vuelvo a quedar con gente, soy consciente de que esto acaba sin sentirme deprimida por ello y estudio (a buenas horas, sí). Vuelvo a ser como antes. Pero además, otro detalle.

Esta noche llamó a casa una de mis ex-compañeras. Me alegró escuchar su voz. Sin embargo, según el cronómetro del inalámbrico hablamos poco más de ocho minutos. Porque no tenemos nada que decirnos. Debería ser triste, pero era consciente de que esto iba a ser así; es como los campamentos de verano, mucho “nos vemos, nos escribimos y quedamos“, pero todos sabemos que son promesas que al final se quedan en nada… y así tiene que ser. Estos seis meses han sido sencillamente increíbles, de los mejores de mi vida. Guardaré siempre un recuerdo estupendo de este tiempo y de todos aquellos que ayudaron a que fuese tan bonito. Pero las cosas cambian y el tiempo pasa, es ley de vida.

Ya no lloro cada noche de la felicidad. Tampoco de la tristeza. No me siento triste (ni tengo tiempo para ello). Me divierto, estoy bien. Soy consciente de que hasta hace muy poquito era increíblemente feliz, pero no lo echo en falta, curiosamente. Sigo en el mismo sitio, pero estoy en otra etapa de mi vida.

Supongo que por fin estoy preparada para aceptarlo. Para disfrutarlo. Me voy de Erasmus.

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Un secreto

Cuando vi en noviembre este piso dudé durante mucho tiempo si venir aquí. Mucho tiempo. Estaba cerrando la maleta y todavía dudaba de si quería o no venirme a vivir. Por un lado, los alemanes me habían metido muchas ideas raras en la cabeza sobre estética y decoración, y mi cerebro había interiorizado que no era capaz de ser feliz en un hogar cuyas cortinas no hicieran juego con los cojines y el mando de la tele. Bobadas. Por otra, como creo que ya he dicho, el estilo de vida de estas chicas no era para nada como el mío; pero además había algo más. Algo que hasta hoy ha sido un secreto. Y es que estas dos chicas me recordaban a otras dos amigas con las que acabé muy mal. Por motivos demográficos, sociológicos, por sus gustos, por su forma de vivir. No quería vivir otra vez aquella experiencia.

Lo cierto es que sí, se parecían. En algunos aspectos. Pero en otros tantos, por no decir en la mayoría, son terriblemente diferentes. Aunque, hey, acerté: la experiencia se repitió. Aprendí a confiar en ellas, a convivir en ellas. Durante este tiempo, tal y como ocurrió la vez anterior, encontré trabajo, di grandes avances en mi independencia y conseguí ser feliz. Suspendí casi todas. Me enamoré de la vida. Y otra vez ha acabado con muchos kilómetros de distancia de por medio, y conmigo pasándolo muchísimo peor de lo que cabría esperar y tratando de racionalizar todo.

No soy idiota. Sé que estoy overreacting (se diga como se diga en castellano). También sé que la tristeza y las lágrimas son una estrategia emocional con finalidad adaptativa. La presencia de un cambio muy fuerte en mi entorno social elicita comportamientos dirigidos a la reestructuración de éste. Soy consciente de que el que se queda siempre lo pasa peor que el que se va, ya que es más fácil acostumbrarse a un entorno lleno de nuevos estímulos, construir una nueva rutina, que tratar de adaptar el modo de vida habitual a las ausencias o excesos producidos por los cambios en el ambiente. Bah. Tonterías de psicólogos. Sé perfectamente lo que está ocurriendo en mi cabeza, pero eso no me ayuda a sentirme mejor.

Pero algo tengo que reconocer, y es que ahora entiendo. Ahora entiendo por qué la mujer con la que viví como au pair en Francia quería alguien que la ayudase a cuidar de su hija, pese a estar ella de baja y tener mucho tiempo libre. Ahora entiendo por qué había lágrimas en su mirada cuando regresé a España y por qué buscó a alguien que me sustituyera. No era por la niña, era por ella. Porque tiene que ser duro separarte e irte a vivir sola. Porque tiene que ser duro llegar cada día a casa y que tu única compañía sea un bebé cuya presencia en la casa se limita a manchar pañales. Supongo que, por muy adulta que seas, se sigue agradeciendo llegar a casa y que alguien te salude y te pregunte qué tal te ha ido el día, aunque no sea más que una adolescente que apenas chapurrea tu idioma; fui injusta al considerar que únicamente quería que alguien se encargase de quitarle los pañales a la niña.

Ahora entiendo por qué mi ex-compañera de trabajo era tan habladora, salía tanto de fiesta y me sugirió la posibilidad de irme a vivir con ella. No necesitaba dinero para pagar el alquiler. Le sobraba el trabajo, y las pelas no digamos. Lo que le faltaba era compañía. Acabó adoptando un gato. Con 21 años puede ser difícil llegar a casa y no tener un ser vivo al que dedicar una sonrisa.

Supongo que era algo de lógica, algo de manual para una futura psicóloga, pero en realidad nunca había entendido cómo se sentían las personas. Comprendía que la gente mayor pudiese sentir soledad, pero no sabía que los jóvenes también.

Tras una semana muy jodida ya estoy muchísimo mejor. Me gustaría decir que ha sido gracias a mi duro esfuerzo por adaptarme a esta situación, pero dado que mi primera reacción fue irme a pasar tres días a casa de mis padres (no, la afrontación no es mi fuerte) creo que sería mentir. En realidad, y quitando el día que se fueron mis compañeras, sólo he pasado sola el lunes. Si algo he aprendido en el escaso tiempo que he pasado sola en estos años es que estando sola aprendo mucho en pocas horas.

Pero… ¿sabes qué? Que le jodan al aprendizaje. Desde mañana y hasta finales de mes tendré en casa una nueva compañera de piso. Una amiga de una de mis compañeras, con la que hemos ido alguna vez a tomar algo y que se ha quedado a dormir en casa varias veces. Es estupendo tener en casa a alguien que, además, ya conozco. Claro que nunca hemos estado las dos solas, y quién sabe si tendremos siquiera tema de conversación, pero no importa: estoy deseando que en esta casa vuelva a haber alguien que deje los platos sucios tirados por el salón.

Y esta vez hablo en serio.

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Matricularse en FP ahora ya no es tan barato

Todos sabemos que en este país sobran personas con titulación universitaria. Somos conscientes de que por mucha carrera, máster e idiomas que tengas, hay cientos de personas con cualificación igual o incluso superior. Pero nadie quiere ser menos que nadie; hace apenas un par de generaciones poca gente podía permitirse estudiar una carrera, así que ahora nos lo transmiten a nosotros como nuestro único objetivo de la juventud.

Lo cual es absurdo, porque no todo el mundo sirve para estudiar una carrera. Lo cual no es ni mejor ni peor. De algún modo mucha gente sigue teniendo la concepción de que hacer FP es de tontos, lo cual es absurdo, por cierto. He hecho FP de grado medio y sigo sin entender las p**** matemáticas financieras, mientras que las mates de la carrera las aprobé a la primera y casi sin estudiar (vale, lo admito, era estadística). Tan tontos tan tontos no eran quienes consiguieron aprobarlas. Pero es verdad que el temario de FP es más práctico, y el de la carrera más teórico; no encuentro absolutamente nada negativo en no ser capaz de memorizar 4000 páginas cada semestre, cada persona tiene más desarrollada un tipo de memoria, y la que sirve para memorizas grandes cantidades de información no relacionada con la experiencia vital del sujeto no es, ni mucho menos, la que más ejercitamos normalmente. Por otra parte, no sé qué manía ha dado últimamente con convertir todo en carrera universitaria. No sé si es por decir que los estudiantes españoles salen muy bien preparados porque todos son universitarios, por tenernos más tiempo estudiando y menos en las listas del paro o por hacernos pagar más tasas, pero últimamente están surgiendo carreras de las cosas más absurdas existentes, alargan temarios, se estudian cosas que no sirven absolutamente de nada… mí no entender. Hay cosas que sólo se pueden estudiar en FP, y en general es absurdo alargarlas más tiempo. Vitivinicultura, lengua de signos, estética, caracterización, cocina… No acabo de ver la necesidad de hacer un máster en esmaltes de uñas, ni un doctorado en postres de chocolate. Los FP dan formación suficiente, lo demás lo hará la práctica; y sin duda son profesionales muy demandados en la sociedad.

Es obvio que sobran titulados universitarios y que hay que fomentar la formación profesional. Y nuestra estupenda comunidad madrileña ha pensado en ello y ha decidido fomentarlo con una estupenda medida: aumentando la matrícula en 250 eu… espera, ¿qué? Pero, ¿esto no se trataba de que necesitamos gente útil y formada, pero que no todos los sean en ADE y derecho? ¿Cómo pretenden fomentar así la más que necesaria formación profesional? Hasta ahora había sido siempre gratuita. Y me parece estupendo. Me parece muchísimo más útil incluso que la universidad. La FP es más corta (menor coste), es útil a nivel profesional, es variada y para todos los gustos, y, aunque no cuento con datos estadísticos, me atrevería a decir que tiene menor tasa de abandono, al menos la superior.

250€ no es mucho y hay becas para ello. Pero hay familias a las que les puede costar mucho reunir ese dinero. Las familias adineradas no suelen dejar a sus hijos cursar FP (cosas de ricos), pero es común entre gente cuyas familias no se pueden permitir pagarles durante cuatro o cinco años los gastos derivados de la universidad. A ellos sí les afecta.

Esta medida afecta no solo a los madrileños, si no a los estudiantes de localidades colindantes de Guadalajara y Toledo que a menudo se desplazan a diario a esta comunidad para estudiar debido a la amplia oferta formativa disponible.

Y eso en el caso de que Cospedal no decida copiar la medida, porque con lo estupenda que es seguro que ganas no le faltan. Temblad, albaceteños, temblad.

 

 

PD: Dejo aquí un enlace a una investigación muy interesante sobre desigualdad de oportunidades educativas en FP. No dejéis de leer al menos las conclusiones finales, merece la pena verlo escrito.

 

 

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