Bachillerato, Empleo, Orientación, Universidad

Cómo elegir a qué te quieres dedicar

En una semana los estudiantes de Madrid comenzarán los exámenes de Selectividad. Es un momento bonito, emocionante y tenso, muy tenso. Cada uno vive la experiencia a su modo, supongo. Yo pasé tres días durmiendo sobre apuntes -literalmente; tenía tan ocupados el suelo y la mesa con libros y cuadernos diversos que acabé colocando algunos en la cama, y no sabía dónde moverlos por la noche-, intentando estudiar pero hablando finalmente por facebook, hojeando libros sin concentrarme realmente en el texto… Fueron tres mañanas de estrés porque a mi DNI le gustaba jugar al escondite, y tres tardes de sueño intentando no dormirme antes del examen de las 16.00.

Pero lo peor vino después, a la hora de elegir estudios. Y esto creo que fue igual para la mayoría de nosotros, sin importar la nota obtenida o la rama del bachillerato que hubiésemos cursado. Porque todos sabíamos lo que nos interesaba, pero no sabíamos si tenía salidas, no sabíamos si sería adecuado a nuestro nivel de conocimientos, no sabíamos si sería muy caro, si estaba bien o mal visto (este criterio es importante para mucha más gente de la que parece), si nos cogerían en la universidad cercana a casa… Y al final todos, y digo todos, tuvimos problemas por la nota. Unos porque era demasiado baja para acceder a los estudios de sus sueños, y otros porque tenían una nota demasiado alta y la gente les insistía para entrar en Medicina/ doble grado de Derecho para “no desperdiciar” sus buenos resultados académicos. Llevábamos meses pensando en qué estudiar, por no decir años; habíamos reflexionado mil veces este tema, lo habíamos discutido con profesores y tutores… y seguíamos igual. Para colmo, muchos profesores imbéciles tradicionales, por llamarlos de algún modo, continuaban dando el ya demasiado escuchado consejo de “si no sabes qué hacer, estudia ADE“.

Muchos se deprimieron al ver en qué estudios les admitieron. Muchos decidieron continuar con la carrera que les había tocado (sí, como en una lotería) simplemente por no perder un año. Algunos entraron en la carrera de sus sueños y descubrieron que no era tan soñada como creían.

Equivocarse de carrera es fácil, es un hecho que hay que aceptar. He aquí unos consejos para elegir estudios. No hay respuestas mágicas para nada, pero tal vez te puedan orientar.

– Persigue tus sueños. Por algún motivo la sociedad prefiere empujar a la gente a estudiar carreras conocidas y con salidas. El problema es que esas carreras están saturadas, y si no lo están aún lo estarán en dos o tres generaciones. Piénsalo. ¿Cuantas facultades en España ofrecen la carrera de ADE? ¿Cuántas clases tiene cada una? ¿Cuántos alumnos por clase? Si de verdad te gusta la carrera, adelante, no te lo pienses. Si sólo vas interesado en el dinero o en las salidas laborales vas por mal camino. Te gustarán menos tus estudios, es posible que obtengas peores notas, todo para acabar en un trabajo que tal vez no te gusta, ¡y eso si encuentras trabajo! Puestos a estar en el paro, mejor estar en paro tras pasar cuatro años estudiando algo que te apasiona que algo que te es indiferente.
Si no me crees habla con los cientos de maestros que están ahora mismo en paro, cuando en sus tiempos era una profesión con trabajo garantizado. Las cosas cambian.
– No hay carreras sin salidas, solo tontos que opinan. Traducción del inglés tendrá muchas salidas, sí, pero también muchos titulados. Filología portuguesa no es la carrera con más salidas en España, no lo voy a negar, pero, ¿cuánta gente se gradúa cada año en esta carrera? ¿Cincuenta personas? No habrá mucho trabajo, pero tampoco hay mucha competencia. Céntrate en estudiar, en sacar buenas notas y sobretodo en aprender, y trabajo no te faltará, estudies lo que estudies. Ey, ¡si hasta hay licenciados en filosofía con contrato fijo y vacaciones!
– Opositar o no opositar: ésa es la cuestión. Las carreras que van más enfocadas a la docencia suelen acabar pasando por las oposiciones; o al menos, no opositar limita muchísimo tus opciones laborales. Por no hablar de otras carreras que requieren prácticas obligatorias tras aprobar un examen de tipo oposición, como medicina y el MIR, psicología y el PIR, químicas y el QIR, farmacia y el FIR… Si no te ves capacitado para estudiar ocho horas al día durante meses y meses o no tienes una alta tolerancia a la rutina y al fracaso tal vez debas plantearte un plan B.
–  Posibilidades económicas: sólo tienes una vida, y tienes que aprovecharla al máximo. Si la carrera de tus sueños está en una universidad privada y cuesta un pastizal, si quieres estudiar en otro país… Pues te toca buscarte la vida. No hay nada imposible. Hay becas, ayudas económicas y préstamos. Tú puedes. Miles de personas lo han conseguido antes que tú. Supéralas.
– ¿Cerca o lejos de casa? Estudiar lejos de cada es una gran oportunidad para madurar, conocerte a ti mismo y vivir la nueva época que se abre ante ti de un modo más adulto. Vivir en cada de los padres implica menos gasto y más comodidad, pero también menos crecimiento personal. En otras palabras, es prolongar tu vida de adolescente o avanzar ya hacia la verdadera juventud. Si no tienes recursos económicos puedes solicitar becas o buscar trabajo parcial. Pero si ahora no puedes, no pasa nada; ya habrá momento para independizarse más adelante. Además, las universidades ofrecen un montón de becas de intercambio y convenios que te permitirán ir a pasar un tiempo fuera de casa para conocer la experiencia de estudiar y vivir solo.
– ¿Ganaré mucho dinero?, chorradas. El dinero no da la felicidad. Cualquier carrera puede dar dinero si eres bueno; es más, hay gente que no ha pisado una universidad en su vida y gana al año más de lo que ganaremos tú y yo juntos en toda nuestra vida. Esfuérzate en ser el mejor y los resultados llegarán..
– ¿Y si no sé qué quiero estudiar? Pues no malgastes tu tiempo y no estudies. Pasar un año en una carrera que pensaste que te gustaría, pero finalmente no era para ti no es perder un año, es invertirlo. Durante ese tiempo habrás aprendido un montón de cosas, te habrás conocido a ti mismo un poco mejor y te habrás librado de la sensación de “qué pasaría si hubiese estudiado (insertar aquí el nombre de la carrera); ya has probado la experiencia, no te ha gustado, y a otra cosa. Pero perder un año probando carreras al azar es perder dinero y tiempo.
Fingimos ser avanzados, pero lo cierto es que los españoles somos muy cerrados de mente. Preescolar – primaria – instituto – bachillerato – carrera – año erasmus – máster – trabajo serio y estable – compartir piso con tu pareja – boda – hijos – nietos. ¿Te suena este esquema? Es lo que nos meten desde críos en mente. Cuando encuentres a la persona de tu vida o el trabajo de tus sueños tu vida quedará definida durante años. Aprovecha que tienes 18 años y un mundo de elecciones a tu alrededor para hacer lo que tú quieres. Tómate un año sabático. Estudiar idiomas, irte de au pair, ir a trabajar al extranjero, o tal vez cerca de casa; irte de voluntariado con una ONG, o quizá hacer ese curso de piano para el que nunca tuviste tiempo y ahora te apetece hacer. Al final de este año tendrás muchísimo más claras las ideas y te resultará más fácil elegir a qué dedicar tu vida.

Recuerda esto: las empresas no buscan solo gente bien cualificada. Eso valía antes, en la época de tus padres y tus profesores. Ahora que todo el mundo tiene titulación de FP o universitaria las empresas buscan algo más.  Buscan gente con idiomas, con experiencia en entornos internacionales, con habilidades sociales, con facilidad de adaptación, con ideas e ingenio y con capacidad de mando y liderazgo. Esto no se aprende en clase, si no en la calle. Las empresas buscan gente que ofrezca algo diferente. Piénsalo. ¿Cuánta gente se gradúa en economía anualmente? Cientos. Miles. ¡Millones! ¿Por qué tendría una empresa que contratarte precisamente a ti entre todos ellos? Demostrarles que piensas diferente al resto y que has pasado un año de tu vida aprendiendo de la vida o adquiriendo experiencia en ella te diferenciará de los demás.

– Quiero hacer un FP. Enhorabuena. Has optado por una opción inteligente. Los titulados en FP realizan una formación más corta, práctica y con mucha salida -dependiendo de la formación profesional que quieras cursar, claro-. Si quieres aprender a realizar un trabajo este es tu lugar. La Universidad es interesante, pero una gran parte del temario está compuesta por teoría que realmente no tiene aplicación práctica en el trabajo. Al fin y al cabo, está orientada a la investigación y al conocimiento general de una rama amplia del conocimiento, mientras que la mayoría de los trabajos implican la especialización en una pequeña parte de él.
Esto no te pasará con FP. Tienes un amplio abanico de posibilidades, no tienes que pagar para cursarlo, tienes prácticas aseguradas, y la opción de estudiar en la universidad más adelante si finalmente te apetece hacerlo.
– No te obceques con tu nota media para elegir estudios. Sí, has sacado un 13,95 en el bachillerato sanitario pero te apetece hacer peluquería. Pues adelante. Mejor peluquero y feliz que médico y amargado.
También en el caso contrario: te has quedado a las puertas de los estudios de tus sueños porque la nota de corte era muy alta. Para todo hay solución. Si es la carrera de tus sueños, se merece un pequeño sacrificio por el camino. Puedes repetir selectividad, hacer un FP desde el cual puedas acceder al grado que querías o matricularte en una titulación universitaria similar a la que pretendías cursar y cambiarte de estudios a final del primer año, teniendo en cuenta que si los estudios tienen asignaturas comunes te los convalidan.
No es perder un año. Lo bueno se hace esperar.
– La opinión de tus padres.  Hay padres muy bien informados que conocen perfectamente a sus hijos y son los mejores consejeros posibles, pero la mayoría se dejan llevar por ideas falsas. Por ejemplo, el mercado no demanda lo mismo a los trabajadores ahora que hace treinta años; es un error seguir preparándose para el mundo laboral como si estuviésemos todavía en los años ochenta. Además, a muchos padres les hace ilusión que el niño estudie algo que suene bien, o lo que estudiaron el padre o el abuelo. El problema es que la ilusión tiene que venir del niño, no del resto de la familia.
Si quieres hablar con alguien que te pueda dar una opinión realmente formada prueba a hablar con un psicólogo industrial o un sociólogo especializado en recursos humanos. Han estudiado básicamente para conocer las exigencias del mercado en cuanto a capital humano se refiere. Saben lo que hay, y saben lo que se pide.
 Asiste a clases en la universidad: antes de que acabe el curso asiste a alguna clase de la carrera que tienes en mente. Verás cómo son las clases, el ambiente, y te harás una idea del entorno educativo en general.
 – Ten en cuenta tus capacidades y habilidades: es estupendo que tengas ilusiones y me parece genial que quieras hacer ingeniería industrial… pero si la última vez que hiciste bien un ejercicio de mates todavía echaban Barrio Sésamo en la tele tal vez deberías pensar que quizá algo un poco menos complejo matemáticamente hablando sería más adecuado para ti.

Y si tras tu primer año de carrera descubres que te has equivocado no pasa nada. Tendrás 19 años y una vida entera por delante para dedicarte a tu verdadera vocación.

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3 thoughts on “Cómo elegir a qué te quieres dedicar”

  1. Es importante saber (que al menos lo relacionado con las carreras ténicas, biológicas, químicas, ambientales), no tiene nada que ver el instituto con la universidad. He conocido mucha gente (demasiada) que se metió en esa o aquella porque solo era un 5 y en el instituto se le daba bien y le gustaba y al acabar el primer año migración total…

    1. Cierto. Las carreras universitarias suelen tener mayor nivel de exigencia de lo que pensamos cuando estamos en el instituto. En otras palabras, nuestra mente todavía es incapaz de imaginar que podría haber tantos números juntos en un solo examen XD
      He visto a mucha gente salir corriendo de ingenierías, o peor aún, quedándose a pesar de los suspensos -siendo gente de sobresalientes en el instituto- por no ser capaces de considerar otras opciones. Pero equivocarse de carrera en este sentido no me parece preocupante. Ver que hay algo demasiado difícil para ti te ayuda también a crecer, a ser realista con tus metas y a aceptar que hay diversidad de capacidades y que no eres el mayor genio del universo.
      Este tema me tiene muy sensible, porque yo llevaba sin tocar un número desde la ESO (comencé bachiller con matemáticas, pero me tocó la que debía de ser la peor profesora de toda mi comunidad autónoma, gracias a la cual aprobaron 4 personas de 30 y con un 5; si ya se me daban mal los números, imagínate el ánimo que me dio tener de profe a esa señora), y menos aún temario de fyq (quería hacer bachiller tecnológico o sanitario pero me acojoné en el último momento y elegí la modalidad de bachi al azar), pero he decidido que no me muero sin estudiar químicas o bioquímica. Así que aquí me tienes, que he pedido libros de fyq de bachillerato y todo XD Estoy repasando un temario que pensé que no estudiaría en mi vida.. quiero informarme para ver si me admiten en bachi tecnológico a distancia.. y algún día enfrentarme a mi primera carrera técnica. No me gusta que me recuerden que son mucho más difíciles de lo que creo, jo, me destrozáis mis ilusiones XD

      1. Realmente, no son TAN difíciles, lo que pasa es que si no se te dan especialmente bien (si eres nul@, no hay nada que hacer, eso sí), te requieren muchas horas y una constancia y capacidad de trabajo tremendísima para paliar ese hecho. ¿Qué no la tienes? Entonces fracasas. Simplemente, tendrás que acostumbrarte (quizás) que a lo que igual a un compañero tuyo le cuesta 2h, a tí te cuesta diez.

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