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Los secretos de Harvard, la universidad de élite.

Uno de mis antiguos profesores colgó en su blog un enlace que me ha parecido interesante. Se trata de un artículo del periódico Le Monde acerca de la opinión de una socióloga francesa sobre el sistema educativo de Harvard. Lo he colgado aquí traducido al castellano para facilitar la comprensión, que luego con el traductor de google salen cosas muy raras. No tengo ni idea de traducción y aprendí francés de oídas, así que pido disculpas de antemano por los errores que cometa al traducir el texto**.

Harvard, ¡un mito! En el 2011 la prestigiosa universidad americana encabeza todavía la clasificación de Shangai. Nada menos que 44 premios Nobel, 46 premios Pulitzey y 8 presidentes de los Estados Unidos han salido de sus filas. Harvard acoge a la élite intelectual en sus diez facultades, que van desde la medicina al arte pasando por el derecho y los negocios. La socióloga Stéphanie Grousset-Charrière a trabajado allí como lectora entre los años 2004 y 2008, lo que le ha permitido descubrir desde el interior el “sistema Harvard”. Y, en primer lugar, quiénes son los profesores.

Su propio proceso de selección la enfrentó desde el primer momento a las exigencias de esta universidad. “Mi candidatura fue seleccionada después de cuatro entrevistas de más de media hora cada una con la directora del departamento y tres profesores“, cuenta la socióloga, que tras esta experiencia ha publicado un libro titulado “La cara oculta de Harvard“. El prólogo* es claro: en Harvard no se enseña sólo a los estudiantes, si no que también a los profesores se les amolda a la imagen que deben transmitir. “No tenemos derecho a faltar a clase; incluso con 39ºC de fiebre se asegura que la clase se impartirá; tenemos que estar siempre bien vestidos, sonrientes, afables y dar buen ejemplo. Puntualidad, amabilidad, gentileza, comprensión, eficiencia, disponibilidad, capacidad, rendimiento y disciplina son algunas de las cualidades que se atribuyen a la figura del profesor“.

El año lectivo comienza con un curso de una semana previo al comienzo de las clases para recibir y dar formación intensiva a los nuevos profesores. La primera clase es grabada y analizada. “Nos enseñan a ocupar el espacio, a situarnos delante del escritorio y a recorrer toda la clase con la mirada. Los profesores nuevos tienen clases de ciencias de la educación durante un semestre. Cómo hacer las clases interactivas, cómo presentarse, cómo fomentar las preguntas y cómo utilizar los documentos y soportes informáticos.  Las clases deben gustar. Los alumnos no deben aburrirse, y debemos plantearnos siempre cómo se tomarán nuestras clases. Jamás me había preocupado de esto cuando enseñaba en Francia, lo que importaba era el contenido de la clase“, admite Stéphanie Grousset-Charrière.

Tras este curso llega el momento de la shopping week, una semana en la que los estudiantes eligen entre las 900 clases propuestas. Es entonces cuando hay que convencerles*: “es importante tener éxito en tu primera clase y ser elegido por un número de estudiantes suficientemente grande para que se mantenga la clase, o si no la suprimen sin dudar“. Cada profesor debe conocer a todos sus alumnos por su nombre y atenderles personalmente en su despacho. “Durante esta entrevista se crea un vínculo que rompe el anonimato, pero también permite vencer la timidez de ambas partes, sobretodo la del profesor, algo que a mis compañeros franceses no les gusta admitir. Aquí el estudiante y su profesor se eligen y se comprometen mutuamente a realizar todos los esfuerzos necesarios para alcanzar el éxito de ambos“.

En Harvard los profesores y los estudiantes se evalúan mutuamente. Al final de cada semestre los estudiantes tienen la posibilidad de puntuar a sus profesores. Si obtienen un 4,5 o un 5 sobre 5 se les reconoce con la entrega de un diploma, el Derek C. Bok Award, otorgado en una ceremonia que incluye pastel y champán.

Pero lo más desconcertante para un profesor francés o europeo en Harvard es el método de valoración del trabajo de los estudiantes. En el campus bostoniano el concepto de “media” no existe.  Los juicios deben ser siempre positivos y constructivos. “Jamás se critica a los estudiantes. El tono intransigente, admitido en nuestro país, no se utiliza en el sistema americano. No se dice “no, está mal”, si no “he aquí un error interesante, veamos de dónde viene la confusión para no repetirla“, observa la socióloga. “He visto a algunos de mis compañeros decepcionados por no haber sido renovados porque se les consideraba demasiado duros, demasiado tajantes. En otra palabra, demasiado franceses“, concluye.

Profesora de Cultura Francesa en el departamento de lenguas romances, Stéphanie apenas ha observado los vínculos de los profesores con las empresas en Harvard. Sin embargo Stéphan Bourcieu, director actual de la Escuela Superior de Comercio de Dijon-Bourgogne y diplomado en Administración en Harvard recuerda la cercanía entre los profesores y el medio económico.”Las clases eran impartidas por profesores muy cercanos al mundo empresarial, a menudo consultores de empresas. Evidentemente, estos profesores enseñan a sus alumnos casos reales“. Señala Stéphan Bourcieu que una de las claves de la enseñanza en Harvard es que “cuando se analizan cuatro o cinco casos cada día se adquiere una cultura empresarial real”.

La universidad cuenta con un capital de treinta millones de dólares gestionados por una centena de profesionales versados en los entresijos de los mercados financieros. El coste de la matrícula es, por supuesto, elevado: alrededor de 43.000$ al año, más las generosas contribuciones de los antiguos alumnos. A cambio los hijos de algunos de estos benefactores pueden estudiar más adelante en Harvard. “¿Privilegios ocultos, o esquemas típicos de la reproducción cultural*?”, se pregunta Stéphanie Grousset-Charrière. Sin embargo, la universidad pone en marcha numerosos sistemas de apoyo financiero para que el criterio de excelencia prime en el sistema de selección. Este año sólo el 5% de los aspirantes a Harvard ha conseguido entrar.

“Me ha sorprendido el excelente ratio de alumnos, con un profesor por cada 8 o 10 estudiantes en centros que son casi familiares, pese a recibir entre 2500 y 3000 estudiantes nuevos cada año. Los cursos son muy abiertos, casi a la carta, con una gran multidisciplinariedad similar a los cursos primitivos. Esto evita que jóvenes de 18 años que todavía no tienen un proyecto profesional definido se especialicen demasiado rápido” cuenta el director de la Escuela Superior de Comercio de Grenoble, Jean-François Fiorina, quien ha visitado tres de las 259 universidades de élite que ofrecen cursos a estudiantes de primer ciclo de estudios universitarios para la obtención de “bachelor’s” (equivalente a un grado universitario). Basa su observación en el Smith College, Amherst College y Wellesley College, donde estudió Hillary Clinton. La entrada es casi tan selectiva como Harvard, con 10.000 candidatos para entre 500 y 700 plazas.

¿Se puede importar este sistema a Francia? “Dificilmente“, responde Stéphanie Grousset-Charrière, “aunque me he dado cuenta de que ahora utilizo mi experiencia pedagógica en mis clases de Toulouse para fomentar el debate y la interacción, algo que los estudiantes aprecian, ya que están ansiosos por conocer ejemplos concretos y vinculados a la actualidad“.

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Me sorprende ver que un profesor admita tan abiertamente que no le importa las formas de transmitir la enseñanza, si no sólo el contenido que enseña. Creo que se da por hecho que alguien a quien contratan para enseñar en la universidad tiene estudios avanzados y conocimientos amplios; que es capaz de ennumerar datos y libros jamás lo pondría en duda. La cuestión es que un estudiante universitario ya sabe leer y buscar en google, no necesita que nadie vaya a clase a leerle libros ni teorías; lo que necesitamos que nos transmitan es pasión, ganas de hacer cosas. Necesito que me enseñen a pensar, no a leer; a desarrollar proyectos, no solo a estudiar los que otros ya han hecho.

También me sorprende leer los comentarios de los lectores de Le Monde a este artículo. Critican abiertamente el sistema educactivo francés, las clases magistrales, lo antiguo del sistema. Nunca se me hubiese ocurrido pensar que los franceses detestan su sistema tanto como muchos de nosotros (no me incluyo) el nuestro. Sin embargo, un chico comenta que “en Francia hay una mitificación exagerada de estas universidades. Estudio en Francia y tuve la suerte de poder asistir a un curso en Yale. Me quedé impresionado de ver el bajo nivel de los estudiantes de grado“. Me parece una información interesante.

Supongo que si una universidad sólo admite a los mejores estudiantes de todo el mundo, les dice que están en la mejor universidad del mundo y les cobra por ello 50.000$ anuales más alojamiento y manutención, muy estrepitosamente malos tienen que ser los profesores para que los alumnos salgan con peor nivel que entraron. Otro dato más: esos alumnos jamás compararán con otra universidad. Cuando acabas de terminar unos estudios que te han costado 150.000$ tienes más bien pocas ganas de ponerte a estudiar otro grado más. Así que ya les pueden tener los tres años jugando a las casitas, ya, que para esos alumnos su universidad siempre será la mejor existente. Porque se lo han dicho y repetido constantemente, porque han pagado por ello y porque, como ya dije anteriormente, por algún motivo absurdo casi todo el mundo piensa que su carrera o universidad es la más difícil y complicada; y si te has endeudado para los próximos 20 años para estudiar allí mucho menos te vas a plantear que te hayan tomado el pelo.

No quiero juzgar una universidad que ni conozco ni conoceré en mi vida -quién pudiera-, si no simplemente reflexionar sobre el éxito que tienen estas universidades. Me recuerda al caso de los institutos privados de bachillerato. Todo el mundo sabe que en ciertos institutos privados es común la práctica de invitar a los estudiantes mediocres a abandonar el centro al comenzar bachillerato para evitar que alguien les pueda estropear las estadísticas del porcentaje de aprobados en Selectividad. Al final obtienen un alto porcentaje de buenas notas. Pero, ¿qué mérito tiene coger a buenos estudiantes, de familias adineradas donde los hijos no tienen que trabajar y tienen profesor particular de inglés, lengua, mates, física y hasta astronomía si les viene en gana, y presumir luego de obtener buenos resultados? Me parece muchísimo más admirable la tarea de los profesores que se pelean cada día con decenas de chavales hormonados y mal educados para intentar de inspirar en sus cabecitas el más mínimo interés por el aprendizaje.

Y tú, ¿qué opinas?

*La reproducción cultural es una teoría sociológica introducida por Bordieu, según la escuela reproduce la desigualdad y la dominación: la forma en la que se ejerce la transmisión cultural explica que determinados grupos tengan garantía de éxito o fracaso. Si a alguien le interesa la podéis encontrar en Wikipedia como “teoría de la reproducción”. Y si os interesa mucho mucho, yo os dejo el temario de clase para que os lo leáis, con la condición de que a cambio os hagáis pasar por mí en el examen. ¿Os hace?

**O por si se nota mucho que dos o tres frases me las he inventado directamente.

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2 thoughts on “Los secretos de Harvard, la universidad de élite.”

    1. Conocía la historia, aunque no tan en detalle, y me encanta. Una persona capaz de pensar así es muchísimo mejor profesional que alguien que sólo es capaz de seguir las órdenes indicadas, porque el primero sólo es capaz de seguir las pautas que otros le den, mientras que el segundo es quien crea y descubre el mundo, y las pautas que en él hay que seguir.
      Aplicado a mi área (la psicología) tengo que admitir algo, y es que no me veo en absoluto como persona capaz de pensar, inventar teorías y demostrarlas, por mucho que quiera dedicarme a la investigación. Supongo que me pasaré toda mi vida bajo las órdenes de las cabezas pensantes XD Pero no todo el mundo es capaz de pensar de modo innovador, y sin duda yo no soy parte de esa élite, hay que admitirlo.
      Por cierto, ¿es ése tu tumblr?

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