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Preparando junio.

Mi plan de estudiar 8 horas al día hace aguas por todos lados. Llevo cuatro días con él, y apenas he encontrado tiempo para estudiar unas 3 horas cada día. Me refiero a estudio puro, claro; ir a clase, hacer trabajos, buscar los libros, lecturas complementarias, leer esquemas y apuntes ajenos, escuchar audios mientras voy en metro, etc, no son horas que contabilice como estudio.

Claro, que ayer, por ejemplo, estuve haciendo un trabajo desde las 16.30 hasta las 23.48 (sí, contado; es que tenía que enviarlo de forma telemática antes de las 23.55); me concedí una hora de descanso para cocinar y cenar, y después pasé otra hora más buscando esquemas y resúmenes e imprimiéndolos. Como veréis no es que me toque las narices, precisamente.

Y las asignaturas de la UNED, bueno. Este semestre tengo 6 (36 créditos; es que yo soy así de optimista. Supuse que me darían la beca antes de febrero, y que este semestre tendría más tiempo para estudiar… ¡ilusa!), de las cuales dos (econometría y pensamiento) van directamente para septiembre porque son sencillamente incomprensibles. En todo caso, de las seis asignaturas tengo la ventaja de tener un programa claro. Sé qué libros me tengo que estudiar y qué trabajos tengo que hacer. Eso es lo que necesito para aprobar: que me den la lista de lo que tengo que estudiar. Pueden ser cien páginas o pueden ser setecientas, pueden ser más sencillas o más complicadas, pero sé que me examino de eso. Punto.

El problema viene con la carrera que curso en la UCM. Tengo que aprobar 9 asignaturas de esta universidad en un mes, porque yo soy así de especial y no necesito ni dormir, ni comer ni ducharme, con estudiar me basta. Si fuesen asignaturas como las de la UNED, con un programa definido, vale; el problema es que los programas vienen siendo esto:

Economía Política II: una lista de 14 temas que tengo que estudiar. El problema es que sólo tengo eso: la lista. El temario me lo busco yo por mi cuenta. El profesor nos propone 8 manuales de economía para estudiar, ordenados por longitud. Considera manual “corto” a Principios de Economía de Gregory Mankiv, ed. McGraw Hill, que tiene 724 páginas. No he querido ni mirar los manuales largos. Y por supuesto, los epígrafes que menciona él en la lista de temario no aparecen por ningún lado en la bibliografía recomendada; tienes que ir buscando aquí y allá entre libros de 700 páginas para confeccionar tu propio material de estudio. Genial, precisamente lo que me sobra a mí, tiempo para andar leyendo manuales cortos.
–  Cambio Social: una lista de 20 lecturas cortas pero absolutamente incomprensibles, hasta el punto de plantearme buscarlas en inglés, a ver si el error es de traducción y en otra lengua se entienden mejor que en castellano. El problema de estas lecturas es que no sirven absolutamente de nada, porque luego las preguntas del examen son del rollo “a partir de las lecturas propuestas, háblame de un tema X que no tiene absolutamente nada que ver con las primeras a ver qué eres capaz de contarme“. Vamos, que el examen es sobre temas complejos, y ya te puedes saber las lecturas de memoria, ya, que como el tema propuesto no te motive, del 2 no pasas. Y yo soy muy poco intelectualoide para estudiar sociología, odio la historia y los términos políticos me parecen demasiado abstractos y complejos y no entiendo ni uno solo de esos términos tan complicados y bonitos rollo funcionalismo de enfoque durkheimiano post modernista. Y estos exámenes consisten básicamente en utilizar esos términos y rezar para que la profesora no se de cuenta de que te los has inventado.
Política española: no sé ni el nombre correcto de la asignatura. Sé que el profesor me ha hecho el favor de no hacerme examen; en su lugar me ha pedido un trabajo “no muy extenso, con 25 o 30 hojas bastará“. Del tema que yo quiera, pero tiene que ser “una investigación con enfoque marxista-webberiano crítico y creativo analizando el desarrollo pre y post-transición de los factores, estructuras o actores políticos españoles, sin caer en el fucionalismo ni en la mera descripción, y sin obviar la importancia de la memoria histórica“. Y así otros 85 minutos de adjetivos y complementos del nombre sin ningún sentido para mí. Sinceramente, preferiría un examen.
Demografía: no lo sabe ni la profesora. Sólo me ha asegurado que mi examen será más difícil que el del resto de la clase, porque he preferido ir a trabajar y a hacer un curso de inglés antes que asistir a 3 clases suyas sobre cómo poner negrita en excel.

Y así otras tantas asignaturas. Vamos, que no sólo tengo el problema de  tener que estudiar mil asignaturas en nada de tiempo: es que en realidad no sé ni qué tengo que estudiar.

Odio la universidad presencial. Si no fuese por las becas que conceden (concedían), le daban por culo a la carrera de sociales y a la UCM, y me metía a química en la UNED. Y lo digo en serio; ¡maldita dependencia del dinero!

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