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Ansiedad

Es la 01.54 de la mañana y estoy en el ordenador. ¿Sabe por qué?

Pues porque de aquí al 25 de junio tengo que haber aprobado 15 asignaturas si quiero poder seguir estudiando. 15 asignaturas * 600 páginas cada una= 9.000 páginas. Unas 200 a memorizar por día. Más un trabajo por asignatura. Mas preparar las clases que yo misma imparto, e ir al trabajo. Más organizar la Erasmus, mi verano, y una mudanza. Más ducharme una vez al día, comer alrededor de 3, ir al banco, hacer la declaración de la renta, mirar al correo y saludar al vecino en las escaleras, visitar alguna vez a mis padres, arreglar los problemas económicos que dejé pendientes en la ONG y el seguimiento pedagógico de una alumna de intercambio que tengo a mi cuidado.

Estoy aquí porque hace meses que no duermo bien por las noches. Me tumbo en la cama y no duermo. Voy en el metro y no puedo leer. Tengo un aparato electrónico en la mano y lo primero que hago es mirar el correo a ver si me ha escrito mi jefa. Miro una película y no la veo, no me entero, porque mi mente está dando vueltas a mil problemas. Coño, ni que fuese una alta ejecutiva de una gran multinacional. ¡Que soy universitaria! ¡Que estudio una carrera casi de letras! Pero ni por ésas.

Estoy aquí porque en la última semana he sufrido dos ataques de ansiedad, porque el estrés es mi más fiel compañero, nunca me abandona. Estoy aquí porque mi respuesta ante la ansiedad es la conducta de huida, de evitación. Y como no puedo centrarme en estudiar, prefiero intentar desahogarme aquí antes que seguir acumulando el miedo y la rabia que llevo día a día conmigo y que, de tanto en tanto, me hacen perder el control cuando trato con algunos de los trabajadores más pasivos de su ministerio.

Dirá usted que es normal y que a muchos jóvenes les pasa, pero he sido joven mucho tiempo y en mi vida había estado así. Y no es mi primer año cursando dos estudios a la vez, ni trabajando en varios sitios, ni todo junto. Pero sí es la primera vez que siento que el Gobierno está en mi contra. Que pone trampas y obstáculos, y convierte mi vida en una pista de salto de vallas a ver  cuando caigo.

Sé que no soy la única, que somos muchos los que estamos así. Que los hay en situaciones aún mucho peores, tristemente. ¿Cuándo hará usted algo para acercarse a la realidad de los jóvenes españoles?

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