Archivo mensual: mayo 2012

30 días

Estoy nerviosa y emocionada.

En exactamente un mes, a esta misma hora, estaré saliendo de Lerma camino a Francia. Habré dejado Madrid exactamente a las 20.45. Y hay tantas, tantas cosas que quiero hacer antes de entonces…

Falta un mes, pero en cierto modo es como si todo ya hubiese acabado. Mis compañeras de piso se van a casa el viernes de la semana que viene. Una tiene Selectividad en un par de días, la otra ha estado de exámenes, la abuela de ambas ha venido a pasar unas semanas para echar una mano y que las chicas se pudiesen centrar en estudiar; y el ambiente de la casa ha cambiado mucho. Sí, en cierto modo es como si esto ya hubiese terminado. Una vez ellas se vayan me entrará la depresión del siglo y tampoco tendré mucho que hacer, ya que habrá terminado mi contrato en la academia; me centraré en estudiar, pero estoy segura de que lo voy a pasar muy mal.

Cuando era adolescente odiaba el verano. Pasar del más absoluto caos y estrés a tocarme las narices veinticuatro horas al día. Me deprimía, perdía totalmente los horarios de sueño, vivía de noche y dormía de día. Me hacía adicta a todas las series que de madrugada echasen. Mi único consuelo eran los suspensos. Me encantaba suspender asignaturas, ya que así tenía algo a lo que aferrarme, una mínima obligación. Por suerte a los 16 encontré trabajo, dinero para hacer cursos, becas para ir al extranjero, y mi tiempo libre disminuyó drásticamente. He pasado muy pocas semanas sin estudiar ni trabajar desde entonces, pero puedo asegurar que cuando ha ocurrido lo he pasado mal. Supongo que el ser humano necesita horarios, obligaciones, darle algún sentido a su tiempo.

Creo que esta vez va a ser peor. Porque no me despido solo de un horario, me despido también de una vida. Dejo atrás mi trabajo. Tal vez no vuelva a pisar mi facultad. Dejo atrás mi dormitorio, mi barrio, mi parada de metro y mi abono de transportes. Mis compañeras seguirán su vida cada una por su lado; una de ellas se queda aquí un año más, la otra ha decidido mudarse a otro piso, podría ser incluso que a otra ciudad. Pronto se irán las dos de España. Y quién sabe si las volveré a ver, o si nos volveremos a aguantar mutuamente. No es lo mismo vivir día a día con una persona que quedar con alguien de vez en cuando. Las relaciones cambian. Alguien con quien vivo me puede resultar aburrido tomando un café, y alguien con quien me encante salir de fiesta puede ser el peor compañero del mundo.

No sé qué me espera ni a dónde voy. Estoy acostumbrada; llevo ya así cinco veranos, con esta brutal incertidumbre que según avanza agosto me produce nervios y angustia. Pero ya no me preocupa tanto a dónde voy, si no de dónde me marcho. Mi vida aquí ha acabado. Han sido seis meses en este piso. Vine pensando en quedarme dos, pero no me importaría quedarme aquí otros veinticuatro.

Lloré cuando vine y lloraré cuando me vaya. Y por el camino he llorado mil veces de felicidad. Han cambiado muchas, muchas cosas. Ha sido un año distinto. He trabajado todo lo que he podido, he hecho muchos sacrificios. Pero, pese a todo gracias a todo esto, ha sido una etapa maravillosa. Gracias, Madrid, por todo lo que me has ofrecido.

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Cómo elegir qué estudiar

En una semana los estudiantes de Madrid comenzarán los exámenes de Selectividad. Es un momento bonito, emocionante y tenso, muy tenso. Cada uno vive la experiencia a su modo, supongo. Yo pasé tres días durmiendo sobre apuntes -literalmente; tenía tan ocupados el suelo y la mesa con libros y cuadernos diversos que acabé colocando algunos en la cama, y no sabía dónde moverlos por la noche-, intentando estudiar pero hablando finalmente por facebook, hojeando libros sin concentrarme realmente en el texto… Fueron tres mañanas de estrés porque a mi DNI le gustaba jugar al escondite, y tres tardes de sueño intentando no dormirme antes del examen de las 16.00.

Pero lo peor vino después, a la hora de elegir carreras. Y esto creo que fue igual para la mayoría de nosotros, sin importar la nota obtenida o la rama del bachillerato que hubiésemos cursado. Porque todos sabíamos lo que nos interesaba, pero no sabíamos si tenía salidas, no sabíamos si sería adecuado a nuestro nivel de conocimientos, no sabíamos si sería muy caro, si estaba bien o mal visto (este criterio es importante para mucha más gente de la que parece), si nos cogerían en la universidad cercana a casa… Y al final todos, y digo todos, tuvimos problemas por la nota. Unos porque era demasiado baja para acceder a los estudios de sus sueños, y otros porque tenían una nota demasiado alta y la gente les insistía para entrar en Medicina/ Doble grado de Derecho con algo/ Bellas Artes para “no desperdiciar” sus buenos resultados académicos. Llevábamos meses pensando en qué estudiar, por no decir años; habíamos reflexionado mil veces este tema, lo habíamos discutido con profesores y tutores… y seguíamos igual. Para colmo, muchos profesores imbéciles tradicionales, por llamarlos de algún modo, continuaban dando el ya demasiado escuchado consejo de “si no sabes qué hacer, estudia ADE“.

Muchos se deprimieron al ver en qué estudios les admitieron. Muchos decidieron continuar con la carrera que les había tocado (sí, como en una lotería) simplemente por no perder un año. Algunos entraron en la carrera de sus sueños y descubrieron que no era tan soñada como creían.

Equivocarse de carrera es fácil, es un hecho que hay que aceptar. He aquí unos consejos para elegir estudios. No hay respuestas mágicas para nada, pero tal vez te puedan orientar.

 

– Persigue tus sueños. Por algún motivo la sociedad prefiere empujar a la gente a estudiar carreras conocidas y con salidas. El problema es que esas carreras están saturadas, y si no lo están aún lo estarán en dos o tres generaciones. Piénsalo. ¿Cuantas facultades en España ofrecen la carrera de ADE? ¿Cuántas clases tiene cada una? ¿Cuántos alumnos por clase? Si de verdad te gusta la carrera, adelante, no te lo pienses. Si sólo vas interesado en el dinero o en las salidas laborales vas por mal camino. Te gustarán menos tus estudios, es posible que obtengas peores notas, todo para acabar en un trabajo que tal vez no te gusta, ¡y eso si encuentras trabajo! Puestos a estar en el paro, mejor estar en paro tras pasar cuatro años estudiando algo que te apasiona que algo que te es indiferente.
Si no me crees habla con los cientos de maestros que están ahora mismo en paro, cuando en sus tiempos era una profesión con trabajo garantizado. Las cosas cambian.
– No hay carreras sin salidas, solo tontos que opinan. Traducción del inglés tendrá muchas salidas, sí, pero también muchos titulados. Filología portuguesa no es la carrera con más salidas en España, no lo voy a negar, pero, ¿cuánta gente se gradúa cada año en esta carrera? ¿Cincuenta personas? No habrá mucho trabajo, pero tampoco hay mucha competencia. Céntrate en estudiar, en sacar buenas notas y sobretodo en aprender, y trabajo no te faltará, estudies lo que estudies. Ey, ¡si hasta hay licenciados en filosofía con contrato fijo y vacaciones!
– Opositar o no opositar: ésa es la cuestión. Las carreras que van más enfocadas a la docencia suelen acabar pasando por las oposiciones; o al menos, no opositar limita muchísimo tus opciones laborales. Por no hablar de otras carreras que requieren prácticas obligatorias tras aprobar un examen de tipo oposición, como medicina y el MIR, psicología y el PIR, químicas y el QIR, farmacia y el FIR… Si no te ves capacitado para estudiar ocho horas al día durante meses y meses o no tienes una alta tolerancia a la rutina y al fracaso tal vez debas plantearte un plan B.
–  Posibilidades económicas: sólo tienes una vida, y tienes que aprovecharla al máximo. Si la carrera de tus sueños está en una universidad privada y cuesta un pastizal, si quieres estudiar en otro país… Pues te toca buscarte la vida. No hay nada imposible. Hay becas, ayudas económicas y préstamos. Tú puedes. Miles de personas lo han conseguido antes que tú. Supéralas.
– ¿Cerca o lejos de casa? Estudiar lejos de cada es una gran oportunidad para madurar, conocerte a ti mismo y vivir la nueva época que se abre ante ti de un modo más adulto. Vivir en cada de los padres implica menos gasto y más comodidad, pero también menos crecimiento personal. En otras palabras, es prolongar tu vida de adolescente o avanzar ya hacia la verdadera juventud. Si no tienes recursos económicos puedes solicitar becas o buscar trabajo parcial. Pero si ahora no puedes, no pasa nada; ya habrá momento para independizarse más adelante. Además, las universidades ofrecen un montón de becas de intercambio y convenios que te permitirán ir a pasar un tiempo fuera de casa para conocer la experiencia de estudiar y vivir solo.
– ¿Ganaré mucho dinero?, chorradas. El dinero no da la felicidad. Cualquier carrera puede dar dinero si te lo curras; es más, hay gente que no ha pisado una universidad en su vida y gana al año más de lo que ganaremos tú y yo juntos en toda nuestra vida. Esfuérzate en ser el mejor y los resultados llegarán.
No obstante, si eres lo suficientemente tocapelotas para que te preocupe tener un estilo de vida elevado que requiera un alto nivel económico, te recomiendo que estudies lo que te salga de las pelotas y des luego un braguetazo. Es un medio de conseguir dinero mucho más seguro que estudiar, y sólo estás vendiendo tu cuerpo, no tu vida, ilusiones y futuro.
– ¿Y si no sé qué quiero estudiar? Pues no malgastes tu tiempo y no estudies. Pasar un año en una carrera que pensaste que te gustaría, pero finalmente no era para ti no es perder un año, es invertirlo. Durante ese tiempo habrás aprendido un montón de cosas, te habrás conocido a ti mismo un poco mejor y te habrás librado de la sensación de “qué pasaría si hubiese estudiado (insertar aquí el nombre de la carrera); ya has probado la experiencia, no te ha gustado, y a otra cosa. Pero perder un año probando carreras al azar es perder dinero y tiempo.
Iremos de progres, pero lo cierto es que los españoles somos muy cerrados de mente. Preescolar – primaria – instituto – bachillerato – carrera – año erasmus – máster – trabajo serio y estable – compartir piso con tu pareja – boda – hijos – nietos. ¿Te suena este esquema? Es lo que nos meten desde críos en mente. Cuando encuentres a la persona de tu vida o el trabajo de tus sueños tu vida quedará definida durante años. Aprovecha que tienes 18 años y un mundo de elecciones a tu alrededor para hacer lo que tú quieres. Tómate un año sabático. Estudiar idiomas, irte de au pair, ir a trabajar al extranjero, o tal vez cerca de casa; irte de voluntariado con una ONG, o quizá hacer ese curso de piano para el que nunca tuviste tiempo y ahora te apetece hacer. Al final de este año tendrás muchísimo más claras las ideas y te resultará más fácil elegir a qué dedicar tu vida.
Recuerda esto: las empresas no buscan solo gente bien cualificada. Eso valía antes, en la época de tus padres y tus profesores. Ahora que todo el mundo tiene titulación de FP o universitaria las empresas buscan algo más.  Buscan gente con idiomas, con experiencia en entornos internacionales, con habilidades sociales, con facilidad de adaptación, con ideas e ingenio y con capacidad de mando y liderazgo. Esto no se aprende en clase, si no en la calle. Las empresas buscan gente que ofrezca algo diferente. Piénsalo. ¿Cuánta gente se gradúa en economía anualmente? Cientos. Miles. ¡Millones! ¿Por qué tendría una empresa que contratarte precisamente a ti entre todos ellos? Demostrarles que piensas diferente al resto y que has pasado un año de tu vida aprendiendo de la vida o adquiriendo experiencia en ella te diferenciará de los demás.
– Quiero hacer un FP. Enhorabuena. Has optado por una opción inteligente. Los titulados en FP realizan una formación más corta, más práctica y con mucha salida -dependiendo de la formación profesional que quieras cursar, claro-. Si quieres aprender a realizar un trabajo este es tu lugar. La Universidad es interesante, pero la mitad del temario son asignaturas de las que no vas a aplicar nada a tu trabajo en tu vida; esto no te pasará con FP. Tienes un amplio abanico de posibilidades, no tienes que pagar nada para cursarlo (si lo haces en centros públicos, claro), tienes prácticas aseguradas, y la opción de estudiar en la universidad más adelante si finalmente te apetece hacerlo.
– No te obceques con tu nota media para elegir estudios. Sí, has sacado un 13,95 en el bachillerato sanitario pero te apetece hacer peluquería. Pues adelante. Mejor peluquero y feliz que médico y amargado.
También en el caso contrario: te has quedado a las puertas de los estudios de tus sueños porque la nota de corte era muy alta. Para todo hay solución. Si es la carrera de tus sueños, se merece un pequeño sacrificio por el camino. Puedes repetir selectividad, hacer un FP desde el cual puedas acceder al grado que querías o matricularte en una titulación universitaria similar a la que pretendías cursar y cambiarte de estudios a final del primer año, teniendo en cuenta que si los estudios tienen asignaturas comunes te los convalidan.
No es perder un año. Lo bueno se hace esperar.
– La opinión de tus padres.  Tras escuchar lo que muchas familias recomiendan a sus hijos sobre los estudios, creo que la opinión de la gran mayoría de los padres sirve básicamente para limp***** el c*l*. No sé si me explico. Que conste que hay padres muy bien informados que conocen perfectamente a sus hijos y son los mejores consejeros posibles, pero la mayoría se dejan llevar por ideas falsas. Por ejemplo, el mercado no demanda lo mismo a los trabajadores ahora que hace treinta años; es un error seguir preparándose para el mundo laboral como si estuviésemos todavía en los años ochenta. Además, a muchos padres les hace ilusión que el niño estudie algo que suene bien, o lo que estudiaron el padre o el abuelo. El problema es que la ilusión tiene que venir del niño, no del resto de la familia.
Si quieres hablar con alguien que te pueda dar una opinión realmente formada prueba a hablar con un psicólogo industrial o un sociólogo especializado en recursos humanos. Han estudiado básicamente para conocer las exigencias del mercado en cuanto a capital humano se refiere. Saben lo que hay, y saben lo que se pide.
 Asiste a clases en la universidad: antes de que acabe el curso asiste a alguna clase de la carrera que tienes en mente. Verás cómo son las clases, el ambiente, y te harás una idea del entorno educativo en general.
 – Ten en cuenta tus capacidades y habilidades: es estupendo que tengas ilusiones y me parece genial que quieras hacer ingeniería industrial… pero si la última vez que hiciste bien un ejercicio de mates todavía echaban Barrio Sésamo en la tele tal vez deberías pensar que quizá algo un poco menos complejo matemáticamente hablando sería más adecuado para ti. 

 

Y si tras tu primer año de carrera descubres que te has equivocado no pasa nada. Tendrás 19 años y una vida entera por delante para dedicarte a tu verdadera vocación.

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Los secretos de Harvard, la universidad de élite.

Uno de mis antiguos profesores colgó en su blog un enlace que me ha parecido interesante. Se trata de un artículo de Le Monde acerca de la opinión de una socióloga francesa sobre el sistema educativo de Harvard. Lo he colgado aquí traducido al castellano para facilitar la comprensión, que luego con el traductor de google salen cosas muy raras. No tengo ni idea de traducción y aprendí francés de oídas, así que pido disculpas de antemano por los errores que cometa al transcribir el texto**.

Harvard, ¡un mito! En el 2011 la prestigiosa universidad americana encabeza todavía la clasificación de Shangai. Nada menos que 44 premios Nobel, 46 premios Pulitzey y 8 presidentes de los Estados Unidos han salido de sus filas. Harvard acoge a la élite intelectual en sus diez facultades, que van desde la medicina al arte pasando por el derecho y los negocios. La socióloga Stéphanie Grousset-Charrière a trabajado allí como lectora entre los años 2004 y 2008, lo que le ha permitido descubrir desde el interior el “sistema Harvard”. Y, en primer lugar, quiénes son los profesores.

Su propio proceso de selección la enfrentó desde el primer momento a las exigencias de esta universidad. “Mi candidatura fue seleccionada después de cuatro entrevistas de más de media hora cada una con la directora del departamento y tres profesores“, cuenta la socióloga, que tras esta experiencia ha publicado un libro titulado “La cara oculta de Harvard“. El prólogo* es claro: en Harvard no se enseña sólo a los estudiantes, si no que también a los profesores se les amolda a la imagen que deben transmitir. “No tenemos derecho a faltar a clase; incluso con 39ºC de fiebre se asegura que la clase se impartirá; tenemos que estar siempre bien vestidos, sonrientes, afables y dar buen ejemplo. Puntualidad, amabilidad, gentileza, comprensión, eficiencia, disponibilidad, capacidad, rendimiento y disciplina son algunas de las cualidades que se atribuyen a la figura del profesor“.

El año lectivo comienza con un curso de una semana previo al comienzo de las clases para recibir y dar formación intensiva a los nuevos profesores. La primera clase es grabada y analizada. “Nos enseñan a ocupar el espacio, a situarnos delante del escritorio y a recorrer toda la clase con la mirada. Los profesores nuevos tienen clases de ciencias de la educación durante un semestre. Cómo hacer las clases interactivas, cómo presentarse, cómo fomentar las preguntas y cómo utilizar los documentos y soportes informáticos.  Las clases deben gustar. Los alumnos no deben aburrirse, y debemos plantearnos siempre cómo se tomarán nuestras clases. Jamás me había preocupado de esto cuando enseñaba en Francia, lo que importaba era el contenido de la clase“, admite Stéphanie Grousset-Charrière.

Tras este curso llega el momento de la shopping week, una semana en la que los estudiantes eligen entre las 900 clases propuestas. Es entonces cuando hay que convencerles*: “es importante tener éxito en tu primera clase y ser elegido por un número de estudiantes suficientemente grande para que se mantenga la clase, o si no la suprimen sin dudar“. Cada profesor debe conocer a todos sus alumnos por su nombre y atenderles personalmente en su despacho. “Durante esta entrevista se crea un vínculo que rompe el anonimato, pero también permite vencer la timidez de ambas partes, sobretodo la del profesor, algo que a mis compañeros franceses no les gusta admitir. Aquí el estudiante y su profesor se eligen y se comprometen mutuamente a realizar todos los esfuerzos necesarios para alcanzar el éxito de ambos“.

En Harvard los profesores y los estudiantes se evalúan mutuamente. Al final de cada semestre los estudiantes tienen la posibilidad de puntuar a sus profesores. Si obtienen un 4,5 o un 5 sobre 5 se les reconoce con la entrega de un diploma, el Derek C. Bok Award, otorgado en una ceremonia que incluye pastel y champán.

Pero lo más desconcertante para un profesor francés o europeo en Harvard es el método de valoración del trabajo de los estudiantes. En el campus bostoniano el concepto de “media” no existe.  Los juicios deben ser siempre positivos y constructivos. “Jamás se critica a los estudiantes. El tono intransigente, admitido en nuestro país, no se utiliza en el sistema americano. No se dice “no, está mal”, si no “he aquí un error interesante, veamos de dónde viene la confusión para no repetirla“, observa la socióloga. “He visto a algunos de mis compañeros decepcionados por no haber sido renovados porque se les consideraba demasiado duros, demasiado tajantes. En otra palabra, demasiado franceses“, concluye.

Profesora de Cultura Francesa en el departamento de lenguas romances, Stéphanie apenas ha observado los vínculos de los profesores con las empresas en Harvard. Sin embargo Stéphan Bourcieu, director actual de la Escuela Superior de Comercio de Dijon-Bourgogne y diplomado en Administración en Harvard recuerda la cercanía entre los profesores y el medio económico.”Las clases eran impartidas por profesores muy cercanos al mundo empresarial, a menudo consultores de empresas. Evidentemente, estos profesores enseñan a sus alumnos casos reales“. Señala Stéphan Bourcieu que una de las claves de la enseñanza en Harvard es que “cuando se analizan cuatro o cinco casos cada día se adquiere una cultura empresarial real”.

La universidad cuenta con un capital de treinta millones de dólares gestionados por una centena de profesionales versados en los entresijos de los mercados financieros. El coste de la matrícula es, por supuesto, elevado: alrededor de 43.000$ al año, más las generosas contribuciones de los antiguos alumnos. A cambio los hijos de algunos de estos benefactores pueden estudiar más adelante en Harvard. “¿Privilegios ocultos, o esquemas típicos de la reproducción cultural*?”, se pregunta Stéphanie Grousset-Charrière. Sin embargo, la universidad pone en marcha numerosos sistemas de apoyo financiero para que el criterio de excelencia prime en el sistema de selección. Este año sólo el 5% de los aspirantes a Harvard ha conseguido entrar.

“Me ha sorprendido el excelente ratio de alumnos, con un profesor por cada 8 o 10 estudiantes en centros que son casi familiares, pese a recibir entre 2500 y 3000 estudiantes nuevos cada año. Los cursos son muy abiertos, casi a la carta, con una gran multidisciplinariedad similar a los cursos primitivos. Esto evita que jóvenes de 18 años que todavía no tienen un proyecto profesional definido se especialicen demasiado rápido” cuenta el director de la Escuela Superior de Comercio de Grenoble, Jean-François Fiorina, quien ha visitado tres de las 259 universidades de élite que ofrecen cursos a estudiantes de primer ciclo de estudios universitarios para la obtención de “bachelor’s” (equivalente a un grado universitario). Basa su observación en el Smith College, Amherst College y Wellesley College, donde estudió Hillary Clinton. La entrada es casi tan selectiva como Harvard, con 10.000 candidatos para entre 500 y 700 plazas.

¿Se puede importar este sistema a Francia? “Dificilmente“, responde Stéphanie Grousset-Charrière, “aunque me he dado cuenta de que ahora utilizo mi experiencia pedagógica en mis clases de Toulouse para fomentar el debate y la interacción, algo que los estudiantes aprecian, ya que están ansiosos por conocer ejemplos concretos y vinculados a la actualidad“.

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Me sorprende ver que un profesor admita tan abiertamente que no le importa las formas de transmitir la enseñanza, si no sólo el contenido que enseña. Creo que se da por hecho que alguien a quien contratan para enseñar en la universidad tiene estudios avanzados y conocimientos amplios; que es capaz de ennumerar datos y libros jamás lo pondría en duda. La cuestión es que un estudiante universitario ya sabe leer y buscar en google, no necesita que nadie vaya a clase a leerle libros ni teorías; lo que necesitamos que nos transmitan es pasión, ganas de hacer cosas. Necesito que me enseñen a pensar, no a leer; a desarrollar proyectos, no solo a estudiar los que otros ya han hecho.

También me sorprende leer los comentarios de los lectores de Le Monde a este artículo. Critican abiertamente el sistema educactivo francés, las clases magistrales, lo antiguo del sistema. Nunca se me hubiese ocurrido pensar que los franceses detestan su sistema tanto como muchos de nosotros (no me incluyo) el nuestro. Sin embargo, un chico comenta que “en Francia hay una mitificación exagerada de estas universidades. Estudio en Francia y tuve la suerte de poder asistir a un curso en Yale. Me quedé impresionado de ver el bajo nivel de los estudiantes de grado“. Me parece una información interesante.

Supongo que si una universidad sólo admite a los mejores estudiantes de todo el mundo, les dice que están en la mejor universidad del mundo y les cobra por ello 50.000$ anuales más alojamiento y manutención, muy estrepitosamente malos tienen que ser los profesores para que los alumnos salgan con peor nivel que entraron. Otro dato más: esos alumnos jamás compararán con otra universidad. Cuando acabas de terminar unos estudios que te han costado 150.000$ tienes más bien pocas ganas de ponerte a estudiar otro grado más. Así que ya les pueden tener los tres años jugando a las casitas, ya, que para esos alumnos su universidad siempre será la mejor existente. Porque se lo han dicho y repetido constantemente, porque han pagado por ello y porque, como ya dije anteriormente, por algún motivo absurdo casi todo el mundo piensa que su carrera o universidad es la más difícil y complicada; y si te has endeudado para los próximos 20 años para estudiar allí mucho menos te vas a plantear que te hayan tomado el pelo.

No quiero juzgar una universidad que ni conozco ni conoceré en mi vida -quién pudiera-, si no simplemente reflexionar sobre el éxito que tienen estas universidades. Me recuerda al caso de los institutos privados de bachillerato. Todo el mundo sabe que en ciertos institutos privados es común la práctica de invitar a los estudiantes mediocres a abandonar el centro al comenzar bachillerato para evitar que alguien les pueda estropear las estadísticas del porcentaje de aprobados en Selectividad. Al final obtienen un alto porcentaje de buenas notas. Pero, ¿qué mérito tiene coger a buenos estudiantes, de familias adineradas donde los hijos no tienen que trabajar y tienen profesor particular de inglés, lengua, mates, física y hasta astronomía si les viene en gana, y presumir luego de obtener buenos resultados? Me parece muchísimo más admirable la tarea de los profesores que se pelean cada día con decenas de chavales hormonados y mal educados para intentar de inspirar en sus cabecitas el más mínimo interés por el aprendizaje.

Y tú, ¿qué opinas?

*La reproducción cultural es una teoría sociológica introducida por Bordieux, quien por cierto me cae mañana en un examen, según la escuela reproduce la desigualdad y la dominación: la forma en la que se ejerce la transmisión cultural explica que determinados grupos tengan garantía de éxito o fracaso. Si a alguien le interesa la podéis encontrar en Wikipedia como “teoría de la reproducción”. Y si os interesa mucho mucho, yo os dejo el temario de clase para que os lo leáis, con la condición de que a cambio os hagáis pasar por mí en el examen. ¿Os hace?

**O por si se nota mucho que dos o tres frases me las he inventado directamente.

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Un sindiós

En El País:
27 de abril del 2012.

Juan José Millás.

Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola. Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades.

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Nota aclaratoria.

He borrado una entrada de hace un par de días. El motivo es que en ella hacía referencia a la vida de otras personas, cosa que reconozco que no tengo ningún derecho a hacer. No tengo por qué hablar de otras personas en un medio público ni a juzgar cosas que no conozco, y mucho menos estando de mal humor, cuando soy perfectamente consciente de que no estoy siendo en absoluto objetiva.

Cosas de estar con la regla y a 30ºC. Soy capaz de ser muy insoportable cuando me lo propongo.

Mis disculpas a quien haya podido molestar.

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El nuevo sistema de becas

No he sabido si llorar o reír al leer la información de este artículo. No había leído antes que los estudiantes de Ciencias de la Salud tienen que aprobar sólo el 80% de los créditos, en lugar del 90% de las carreras de artes, humanidades y ciencias sociales.

¿Sabrá Wert que psicología y enfermería pertenecen al ámbito de Ciencias de la Salud? Para una facilidad que me da el ministro no debería quejarme, que va en mi contra, pero es que sigue sin tener lógica alguna. No me atrevería ni a plantearme por un minuto que Psicología tenga el mismo nivel de exigencia que Medicina. Vamos, ni de lejos. Y no he estudiado enfermería, pero muchos de mis compañeros de Cruz Roja me han contado su experiencia. Y tampoco. Que no. Que si nos hacéis la excepción a nosotros se la tendríais que hacer también a los de Filosofía, que parece que no, pero alguna asignatura de las suyas es peor que estudiar ruso antiguo en nivel avanzado. Y a economía. Y a cualquiera que tenga números o griego antiguo.

Mi otra carrera es de ciencias sociales, y además es una de esas carreras despreciadas donde el 80% de la gente acaba de rebote -aunque luego llega 3º de carrera y desaparecen todos; parece magia, oye-, pero me parece mil veces más difícil que mi carrera híbrido entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. En parte por aquello que comenté ayer de que a mi me va muchísimo mejor el método de estudio a distancia, y en parte porque me atrae más la psicología que la sociología. Sin embargo, tengo que admitir que me cuesta muchísimo más interiorizar los abstractísimos conceptos de políticas que las partes del cerebro; y para comprender uno de esos libros de teoría sociológica necesitaría un traductor de castellano-de-sociólogos a castellano-castellano. Pero sociología es fácil, ya que la estadística que utilizamos tiende a ser solamente bivariable, las asignaturas de políticas no superan el 40% del total, y el resto viene siendo psicología social. Pero veo a los de políticas aprediendo conceptos extrañísimos, a los de económicas con unas matemáticas que me producen hasta pesadillas y a los de historia estudiando temarios que parecen sacados de la UNED por aquello de la longitud, pero realizando encima un montón de trabajos típicos de la universidad Bolonia presencial, y, sinceramente…

Esta división era fácil de realizar (ingenierías-salud-los demás), pero no es en absoluto la más adecuada.

¿Que cuál es entonces la distinción correcta entre carreras? A mi qué me contáis. Yo no soy ministra de nada, pensar esas cosas no es mi trabajo. Pero se admiten ideas.

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Lo que cobra un rector

Últimamente parece que se ha puesto de moda esto de dejar plantado al Ministro de Educación. No se preocupe Wert, que yo le sigo queriendo. En fin, que si de casualidad alguien tenía todavía dudas sobre la ideología de algún medio de comunicación, ésta está resultando la ocasión perfecta para comprobar de qué pie cojea cada uno. Recuerdo aquel trabajo de 1º de bachillerato que consistía en mirar durante un mes distintos periódicos nacionales para comparar el distinto modo de tratar las noticias; a mí me tocó en un mes muy poco agitado en el que lo único que pudimos comparar fue el tamaño de letra de los titulares. ¡Qué envidia quien lo tenga que hacer ahora!

Lo bueno de la política es su carácter mediador. Donde esté Wert no hay diferencia alguna entre La Razón y Aquí Hay Tomate: ambos medios tratan de sacar cuantos más trapos sucios mejor. Hoy el ABC trata de descalificar la actitud de los rectores usando argumentos económicos, que saben que eso nos jode a todos:

 

Dudo que los rectores se hayan quedado con el dinero, por el sencillo motivo de que me parece poco probable que Wert se lo haya permitido. Sin embargo, los datos aquí expuestos me parecen interesantes. Implican que a cada rector le abonan 311,8€ más desplazamiento para una reunión de 24 horas. Redondeemos: 400€. Por 70 rectores. En esa reunión se iban a ir la nada despreciable cantidad de 28.000€. ¡28.000€! Y eso contando sólo los gastos de los rectores, porque supongo que Wert no hace estas cosas por amor al arte. Además, contarán con empleados que ayuden a preparar el evento, agua embotellada, comida… ¿En qué recinto se realizan estas reuniones? Al menos espero que no tengan que pagar por él.

Esos 28.000€ podrían ser 28 alumnos becados.

Los que me conocen saben que no soy nada dada a los lujos; será por eso que sigo sin entender que alguien pague 102€ por una noche de hotel, y más aún con dinero público. ¡Con los albergues tan cómodos que existen! Y no digo que coman en McDonals, de verdad que no, pero en Madrid hay restaurantes muy majos a 12€ el menú. Lo de la dieta de 155,90€… hombre, esto va a ser más conflictivo, pero entiendo que si tenemos que apretarnos el cinturón, tenemos que hacerlo todos. Si esta es la dieta que cobran los rectores, no quiero ni imaginar la que perciben los políticos.

El año que viene cientos de estudiantes dejarán de ir a clase por no poder pagar la matrícula, pero Rajoy sigue cobrando 8.000€ al mes en concepto de dietas y gastos (http://www.lavanguardia.com/politica/20110908/54212962362/el-patrimonio-de-los-diputados-al-descubierto.html), igual que otros tantos y tantos. Y esto, señores, me parece importante. Que sí, que tendrán un puesto de responsabilidad y todo lo que queráis, pero uno no debería entrar a esta clase de puestos por amor al dinero, si no por amor al trabajo, que luego pasa lo que pasa. Y así nos va.

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