Bachillerato, Empleo, Orientación, Universidad

Cómo elegir a qué te quieres dedicar

En una semana los estudiantes de Madrid comenzarán los exámenes de Selectividad. Es un momento bonito, emocionante y tenso, muy tenso. Cada uno vive la experiencia a su modo, supongo. Yo pasé tres días durmiendo sobre apuntes -literalmente; tenía tan ocupados el suelo y la mesa con libros y cuadernos diversos que acabé colocando algunos en la cama, y no sabía dónde moverlos por la noche-, intentando estudiar pero hablando finalmente por facebook, hojeando libros sin concentrarme realmente en el texto… Fueron tres mañanas de estrés porque a mi DNI le gustaba jugar al escondite, y tres tardes de sueño intentando no dormirme antes del examen de las 16.00.

Pero lo peor vino después, a la hora de elegir estudios. Y esto creo que fue igual para la mayoría de nosotros, sin importar la nota obtenida o la rama del bachillerato que hubiésemos cursado. Porque todos sabíamos lo que nos interesaba, pero no sabíamos si tenía salidas, no sabíamos si sería adecuado a nuestro nivel de conocimientos, no sabíamos si sería muy caro, si estaba bien o mal visto (este criterio es importante para mucha más gente de la que parece), si nos cogerían en la universidad cercana a casa… Y al final todos, y digo todos, tuvimos problemas por la nota. Unos porque era demasiado baja para acceder a los estudios de sus sueños, y otros porque tenían una nota demasiado alta y la gente les insistía para entrar en Medicina/ doble grado de Derecho para “no desperdiciar” sus buenos resultados académicos. Llevábamos meses pensando en qué estudiar, por no decir años; habíamos reflexionado mil veces este tema, lo habíamos discutido con profesores y tutores… y seguíamos igual. Para colmo, muchos profesores imbéciles tradicionales, por llamarlos de algún modo, continuaban dando el ya demasiado escuchado consejo de “si no sabes qué hacer, estudia ADE“.

Muchos se deprimieron al ver en qué estudios les admitieron. Muchos decidieron continuar con la carrera que les había tocado (sí, como en una lotería) simplemente por no perder un año. Algunos entraron en la carrera de sus sueños y descubrieron que no era tan soñada como creían.

Equivocarse de carrera es fácil, es un hecho que hay que aceptar. He aquí unos consejos para elegir estudios. No hay respuestas mágicas para nada, pero tal vez te puedan orientar.

– Persigue tus sueños. Por algún motivo la sociedad prefiere empujar a la gente a estudiar carreras conocidas y con salidas. El problema es que esas carreras están saturadas, y si no lo están aún lo estarán en dos o tres generaciones. Piénsalo. ¿Cuantas facultades en España ofrecen la carrera de ADE? ¿Cuántas clases tiene cada una? ¿Cuántos alumnos por clase? Si de verdad te gusta la carrera, adelante, no te lo pienses. Si sólo vas interesado en el dinero o en las salidas laborales vas por mal camino. Te gustarán menos tus estudios, es posible que obtengas peores notas, todo para acabar en un trabajo que tal vez no te gusta, ¡y eso si encuentras trabajo! Puestos a estar en el paro, mejor estar en paro tras pasar cuatro años estudiando algo que te apasiona que algo que te es indiferente.
Si no me crees habla con los cientos de maestros que están ahora mismo en paro, cuando en sus tiempos era una profesión con trabajo garantizado. Las cosas cambian.
– No hay carreras sin salidas, solo tontos que opinan. Traducción del inglés tendrá muchas salidas, sí, pero también muchos titulados. Filología portuguesa no es la carrera con más salidas en España, no lo voy a negar, pero, ¿cuánta gente se gradúa cada año en esta carrera? ¿Cincuenta personas? No habrá mucho trabajo, pero tampoco hay mucha competencia. Céntrate en estudiar, en sacar buenas notas y sobretodo en aprender, y trabajo no te faltará, estudies lo que estudies. Ey, ¡si hasta hay licenciados en filosofía con contrato fijo y vacaciones!
– Opositar o no opositar: ésa es la cuestión. Las carreras que van más enfocadas a la docencia suelen acabar pasando por las oposiciones; o al menos, no opositar limita muchísimo tus opciones laborales. Por no hablar de otras carreras que requieren prácticas obligatorias tras aprobar un examen de tipo oposición, como medicina y el MIR, psicología y el PIR, químicas y el QIR, farmacia y el FIR… Si no te ves capacitado para estudiar ocho horas al día durante meses y meses o no tienes una alta tolerancia a la rutina y al fracaso tal vez debas plantearte un plan B.
–  Posibilidades económicas: sólo tienes una vida, y tienes que aprovecharla al máximo. Si la carrera de tus sueños está en una universidad privada y cuesta un pastizal, si quieres estudiar en otro país… Pues te toca buscarte la vida. No hay nada imposible. Hay becas, ayudas económicas y préstamos. Tú puedes. Miles de personas lo han conseguido antes que tú. Supéralas.
– ¿Cerca o lejos de casa? Estudiar lejos de cada es una gran oportunidad para madurar, conocerte a ti mismo y vivir la nueva época que se abre ante ti de un modo más adulto. Vivir en cada de los padres implica menos gasto y más comodidad, pero también menos crecimiento personal. En otras palabras, es prolongar tu vida de adolescente o avanzar ya hacia la verdadera juventud. Si no tienes recursos económicos puedes solicitar becas o buscar trabajo parcial. Pero si ahora no puedes, no pasa nada; ya habrá momento para independizarse más adelante. Además, las universidades ofrecen un montón de becas de intercambio y convenios que te permitirán ir a pasar un tiempo fuera de casa para conocer la experiencia de estudiar y vivir solo.
– ¿Ganaré mucho dinero?, chorradas. El dinero no da la felicidad. Cualquier carrera puede dar dinero si eres bueno; es más, hay gente que no ha pisado una universidad en su vida y gana al año más de lo que ganaremos tú y yo juntos en toda nuestra vida. Esfuérzate en ser el mejor y los resultados llegarán..
– ¿Y si no sé qué quiero estudiar? Pues no malgastes tu tiempo y no estudies. Pasar un año en una carrera que pensaste que te gustaría, pero finalmente no era para ti no es perder un año, es invertirlo. Durante ese tiempo habrás aprendido un montón de cosas, te habrás conocido a ti mismo un poco mejor y te habrás librado de la sensación de “qué pasaría si hubiese estudiado (insertar aquí el nombre de la carrera); ya has probado la experiencia, no te ha gustado, y a otra cosa. Pero perder un año probando carreras al azar es perder dinero y tiempo.
Fingimos ser avanzados, pero lo cierto es que los españoles somos muy cerrados de mente. Preescolar – primaria – instituto – bachillerato – carrera – año erasmus – máster – trabajo serio y estable – compartir piso con tu pareja – boda – hijos – nietos. ¿Te suena este esquema? Es lo que nos meten desde críos en mente. Cuando encuentres a la persona de tu vida o el trabajo de tus sueños tu vida quedará definida durante años. Aprovecha que tienes 18 años y un mundo de elecciones a tu alrededor para hacer lo que tú quieres. Tómate un año sabático. Estudiar idiomas, irte de au pair, ir a trabajar al extranjero, o tal vez cerca de casa; irte de voluntariado con una ONG, o quizá hacer ese curso de piano para el que nunca tuviste tiempo y ahora te apetece hacer. Al final de este año tendrás muchísimo más claras las ideas y te resultará más fácil elegir a qué dedicar tu vida.

Recuerda esto: las empresas no buscan solo gente bien cualificada. Eso valía antes, en la época de tus padres y tus profesores. Ahora que todo el mundo tiene titulación de FP o universitaria las empresas buscan algo más.  Buscan gente con idiomas, con experiencia en entornos internacionales, con habilidades sociales, con facilidad de adaptación, con ideas e ingenio y con capacidad de mando y liderazgo. Esto no se aprende en clase, si no en la calle. Las empresas buscan gente que ofrezca algo diferente. Piénsalo. ¿Cuánta gente se gradúa en economía anualmente? Cientos. Miles. ¡Millones! ¿Por qué tendría una empresa que contratarte precisamente a ti entre todos ellos? Demostrarles que piensas diferente al resto y que has pasado un año de tu vida aprendiendo de la vida o adquiriendo experiencia en ella te diferenciará de los demás.

– Quiero hacer un FP. Enhorabuena. Has optado por una opción inteligente. Los titulados en FP realizan una formación más corta, práctica y con mucha salida -dependiendo de la formación profesional que quieras cursar, claro-. Si quieres aprender a realizar un trabajo este es tu lugar. La Universidad es interesante, pero una gran parte del temario está compuesta por teoría que realmente no tiene aplicación práctica en el trabajo. Al fin y al cabo, está orientada a la investigación y al conocimiento general de una rama amplia del conocimiento, mientras que la mayoría de los trabajos implican la especialización en una pequeña parte de él.
Esto no te pasará con FP. Tienes un amplio abanico de posibilidades, no tienes que pagar para cursarlo, tienes prácticas aseguradas, y la opción de estudiar en la universidad más adelante si finalmente te apetece hacerlo.
– No te obceques con tu nota media para elegir estudios. Sí, has sacado un 13,95 en el bachillerato sanitario pero te apetece hacer peluquería. Pues adelante. Mejor peluquero y feliz que médico y amargado.
También en el caso contrario: te has quedado a las puertas de los estudios de tus sueños porque la nota de corte era muy alta. Para todo hay solución. Si es la carrera de tus sueños, se merece un pequeño sacrificio por el camino. Puedes repetir selectividad, hacer un FP desde el cual puedas acceder al grado que querías o matricularte en una titulación universitaria similar a la que pretendías cursar y cambiarte de estudios a final del primer año, teniendo en cuenta que si los estudios tienen asignaturas comunes te los convalidan.
No es perder un año. Lo bueno se hace esperar.
– La opinión de tus padres.  Hay padres muy bien informados que conocen perfectamente a sus hijos y son los mejores consejeros posibles, pero la mayoría se dejan llevar por ideas falsas. Por ejemplo, el mercado no demanda lo mismo a los trabajadores ahora que hace treinta años; es un error seguir preparándose para el mundo laboral como si estuviésemos todavía en los años ochenta. Además, a muchos padres les hace ilusión que el niño estudie algo que suene bien, o lo que estudiaron el padre o el abuelo. El problema es que la ilusión tiene que venir del niño, no del resto de la familia.
Si quieres hablar con alguien que te pueda dar una opinión realmente formada prueba a hablar con un psicólogo industrial o un sociólogo especializado en recursos humanos. Han estudiado básicamente para conocer las exigencias del mercado en cuanto a capital humano se refiere. Saben lo que hay, y saben lo que se pide.
 Asiste a clases en la universidad: antes de que acabe el curso asiste a alguna clase de la carrera que tienes en mente. Verás cómo son las clases, el ambiente, y te harás una idea del entorno educativo en general.
 – Ten en cuenta tus capacidades y habilidades: es estupendo que tengas ilusiones y me parece genial que quieras hacer ingeniería industrial… pero si la última vez que hiciste bien un ejercicio de mates todavía echaban Barrio Sésamo en la tele tal vez deberías pensar que quizá algo un poco menos complejo matemáticamente hablando sería más adecuado para ti.

Y si tras tu primer año de carrera descubres que te has equivocado no pasa nada. Tendrás 19 años y una vida entera por delante para dedicarte a tu verdadera vocación.

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Los secretos de Harvard, la universidad de élite.

Uno de mis antiguos profesores colgó en su blog un enlace que me ha parecido interesante. Se trata de un artículo del periódico Le Monde acerca de la opinión de una socióloga francesa sobre el sistema educativo de Harvard. Lo he colgado aquí traducido al castellano para facilitar la comprensión, que luego con el traductor de google salen cosas muy raras. No tengo ni idea de traducción y aprendí francés de oídas, así que pido disculpas de antemano por los errores que cometa al traducir el texto**.

Harvard, ¡un mito! En el 2011 la prestigiosa universidad americana encabeza todavía la clasificación de Shangai. Nada menos que 44 premios Nobel, 46 premios Pulitzey y 8 presidentes de los Estados Unidos han salido de sus filas. Harvard acoge a la élite intelectual en sus diez facultades, que van desde la medicina al arte pasando por el derecho y los negocios. La socióloga Stéphanie Grousset-Charrière a trabajado allí como lectora entre los años 2004 y 2008, lo que le ha permitido descubrir desde el interior el “sistema Harvard”. Y, en primer lugar, quiénes son los profesores.

Su propio proceso de selección la enfrentó desde el primer momento a las exigencias de esta universidad. “Mi candidatura fue seleccionada después de cuatro entrevistas de más de media hora cada una con la directora del departamento y tres profesores“, cuenta la socióloga, que tras esta experiencia ha publicado un libro titulado “La cara oculta de Harvard“. El prólogo* es claro: en Harvard no se enseña sólo a los estudiantes, si no que también a los profesores se les amolda a la imagen que deben transmitir. “No tenemos derecho a faltar a clase; incluso con 39ºC de fiebre se asegura que la clase se impartirá; tenemos que estar siempre bien vestidos, sonrientes, afables y dar buen ejemplo. Puntualidad, amabilidad, gentileza, comprensión, eficiencia, disponibilidad, capacidad, rendimiento y disciplina son algunas de las cualidades que se atribuyen a la figura del profesor“.

El año lectivo comienza con un curso de una semana previo al comienzo de las clases para recibir y dar formación intensiva a los nuevos profesores. La primera clase es grabada y analizada. “Nos enseñan a ocupar el espacio, a situarnos delante del escritorio y a recorrer toda la clase con la mirada. Los profesores nuevos tienen clases de ciencias de la educación durante un semestre. Cómo hacer las clases interactivas, cómo presentarse, cómo fomentar las preguntas y cómo utilizar los documentos y soportes informáticos.  Las clases deben gustar. Los alumnos no deben aburrirse, y debemos plantearnos siempre cómo se tomarán nuestras clases. Jamás me había preocupado de esto cuando enseñaba en Francia, lo que importaba era el contenido de la clase“, admite Stéphanie Grousset-Charrière.

Tras este curso llega el momento de la shopping week, una semana en la que los estudiantes eligen entre las 900 clases propuestas. Es entonces cuando hay que convencerles*: “es importante tener éxito en tu primera clase y ser elegido por un número de estudiantes suficientemente grande para que se mantenga la clase, o si no la suprimen sin dudar“. Cada profesor debe conocer a todos sus alumnos por su nombre y atenderles personalmente en su despacho. “Durante esta entrevista se crea un vínculo que rompe el anonimato, pero también permite vencer la timidez de ambas partes, sobretodo la del profesor, algo que a mis compañeros franceses no les gusta admitir. Aquí el estudiante y su profesor se eligen y se comprometen mutuamente a realizar todos los esfuerzos necesarios para alcanzar el éxito de ambos“.

En Harvard los profesores y los estudiantes se evalúan mutuamente. Al final de cada semestre los estudiantes tienen la posibilidad de puntuar a sus profesores. Si obtienen un 4,5 o un 5 sobre 5 se les reconoce con la entrega de un diploma, el Derek C. Bok Award, otorgado en una ceremonia que incluye pastel y champán.

Pero lo más desconcertante para un profesor francés o europeo en Harvard es el método de valoración del trabajo de los estudiantes. En el campus bostoniano el concepto de “media” no existe.  Los juicios deben ser siempre positivos y constructivos. “Jamás se critica a los estudiantes. El tono intransigente, admitido en nuestro país, no se utiliza en el sistema americano. No se dice “no, está mal”, si no “he aquí un error interesante, veamos de dónde viene la confusión para no repetirla“, observa la socióloga. “He visto a algunos de mis compañeros decepcionados por no haber sido renovados porque se les consideraba demasiado duros, demasiado tajantes. En otra palabra, demasiado franceses“, concluye.

Profesora de Cultura Francesa en el departamento de lenguas romances, Stéphanie apenas ha observado los vínculos de los profesores con las empresas en Harvard. Sin embargo Stéphan Bourcieu, director actual de la Escuela Superior de Comercio de Dijon-Bourgogne y diplomado en Administración en Harvard recuerda la cercanía entre los profesores y el medio económico.”Las clases eran impartidas por profesores muy cercanos al mundo empresarial, a menudo consultores de empresas. Evidentemente, estos profesores enseñan a sus alumnos casos reales“. Señala Stéphan Bourcieu que una de las claves de la enseñanza en Harvard es que “cuando se analizan cuatro o cinco casos cada día se adquiere una cultura empresarial real”.

La universidad cuenta con un capital de treinta millones de dólares gestionados por una centena de profesionales versados en los entresijos de los mercados financieros. El coste de la matrícula es, por supuesto, elevado: alrededor de 43.000$ al año, más las generosas contribuciones de los antiguos alumnos. A cambio los hijos de algunos de estos benefactores pueden estudiar más adelante en Harvard. “¿Privilegios ocultos, o esquemas típicos de la reproducción cultural*?”, se pregunta Stéphanie Grousset-Charrière. Sin embargo, la universidad pone en marcha numerosos sistemas de apoyo financiero para que el criterio de excelencia prime en el sistema de selección. Este año sólo el 5% de los aspirantes a Harvard ha conseguido entrar.

“Me ha sorprendido el excelente ratio de alumnos, con un profesor por cada 8 o 10 estudiantes en centros que son casi familiares, pese a recibir entre 2500 y 3000 estudiantes nuevos cada año. Los cursos son muy abiertos, casi a la carta, con una gran multidisciplinariedad similar a los cursos primitivos. Esto evita que jóvenes de 18 años que todavía no tienen un proyecto profesional definido se especialicen demasiado rápido” cuenta el director de la Escuela Superior de Comercio de Grenoble, Jean-François Fiorina, quien ha visitado tres de las 259 universidades de élite que ofrecen cursos a estudiantes de primer ciclo de estudios universitarios para la obtención de “bachelor’s” (equivalente a un grado universitario). Basa su observación en el Smith College, Amherst College y Wellesley College, donde estudió Hillary Clinton. La entrada es casi tan selectiva como Harvard, con 10.000 candidatos para entre 500 y 700 plazas.

¿Se puede importar este sistema a Francia? “Dificilmente“, responde Stéphanie Grousset-Charrière, “aunque me he dado cuenta de que ahora utilizo mi experiencia pedagógica en mis clases de Toulouse para fomentar el debate y la interacción, algo que los estudiantes aprecian, ya que están ansiosos por conocer ejemplos concretos y vinculados a la actualidad“.

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Me sorprende ver que un profesor admita tan abiertamente que no le importa las formas de transmitir la enseñanza, si no sólo el contenido que enseña. Creo que se da por hecho que alguien a quien contratan para enseñar en la universidad tiene estudios avanzados y conocimientos amplios; que es capaz de ennumerar datos y libros jamás lo pondría en duda. La cuestión es que un estudiante universitario ya sabe leer y buscar en google, no necesita que nadie vaya a clase a leerle libros ni teorías; lo que necesitamos que nos transmitan es pasión, ganas de hacer cosas. Necesito que me enseñen a pensar, no a leer; a desarrollar proyectos, no solo a estudiar los que otros ya han hecho.

También me sorprende leer los comentarios de los lectores de Le Monde a este artículo. Critican abiertamente el sistema educactivo francés, las clases magistrales, lo antiguo del sistema. Nunca se me hubiese ocurrido pensar que los franceses detestan su sistema tanto como muchos de nosotros (no me incluyo) el nuestro. Sin embargo, un chico comenta que “en Francia hay una mitificación exagerada de estas universidades. Estudio en Francia y tuve la suerte de poder asistir a un curso en Yale. Me quedé impresionado de ver el bajo nivel de los estudiantes de grado“. Me parece una información interesante.

Supongo que si una universidad sólo admite a los mejores estudiantes de todo el mundo, les dice que están en la mejor universidad del mundo y les cobra por ello 50.000$ anuales más alojamiento y manutención, muy estrepitosamente malos tienen que ser los profesores para que los alumnos salgan con peor nivel que entraron. Otro dato más: esos alumnos jamás compararán con otra universidad. Cuando acabas de terminar unos estudios que te han costado 150.000$ tienes más bien pocas ganas de ponerte a estudiar otro grado más. Así que ya les pueden tener los tres años jugando a las casitas, ya, que para esos alumnos su universidad siempre será la mejor existente. Porque se lo han dicho y repetido constantemente, porque han pagado por ello y porque, como ya dije anteriormente, por algún motivo absurdo casi todo el mundo piensa que su carrera o universidad es la más difícil y complicada; y si te has endeudado para los próximos 20 años para estudiar allí mucho menos te vas a plantear que te hayan tomado el pelo.

No quiero juzgar una universidad que ni conozco ni conoceré en mi vida -quién pudiera-, si no simplemente reflexionar sobre el éxito que tienen estas universidades. Me recuerda al caso de los institutos privados de bachillerato. Todo el mundo sabe que en ciertos institutos privados es común la práctica de invitar a los estudiantes mediocres a abandonar el centro al comenzar bachillerato para evitar que alguien les pueda estropear las estadísticas del porcentaje de aprobados en Selectividad. Al final obtienen un alto porcentaje de buenas notas. Pero, ¿qué mérito tiene coger a buenos estudiantes, de familias adineradas donde los hijos no tienen que trabajar y tienen profesor particular de inglés, lengua, mates, física y hasta astronomía si les viene en gana, y presumir luego de obtener buenos resultados? Me parece muchísimo más admirable la tarea de los profesores que se pelean cada día con decenas de chavales hormonados y mal educados para intentar de inspirar en sus cabecitas el más mínimo interés por el aprendizaje.

Y tú, ¿qué opinas?

*La reproducción cultural es una teoría sociológica introducida por Bordieu, según la escuela reproduce la desigualdad y la dominación: la forma en la que se ejerce la transmisión cultural explica que determinados grupos tengan garantía de éxito o fracaso. Si a alguien le interesa la podéis encontrar en Wikipedia como “teoría de la reproducción”. Y si os interesa mucho mucho, yo os dejo el temario de clase para que os lo leáis, con la condición de que a cambio os hagáis pasar por mí en el examen. ¿Os hace?

**O por si se nota mucho que dos o tres frases me las he inventado directamente.

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Un sindiós

En El País:
27 de abril del 2012.

Juan José Millás.

Desde que los ministros de Rajoy, en especial Montoro y Ana Mato, decidieron explicar didácticamente los porqués de la demolición del Estado, entendemos las cosas mucho mejor. He aquí un resumen, claro como el agua, de sus argumentos: se pone precio a la sanidad para que continúe siendo gratuita y se expulsa de ella a determinados colectivos para que siga siendo universal. Se liquidan las leyes laborales para salvaguardar los derechos de los trabajadores y se penaliza al jubilado y al enfermo para proteger a los colectivos más vulnerables. En cuanto a la educación, ponemos las tasas universitarias por las nubes para defender la igualdad de oportunidades y estimulamos su privatización para que continúe siendo pública. No es todo, ya que al objeto de mantener el orden público amnistiamos a los delincuentes grandes, ofrecemos salidas fiscales a los defraudadores ambiciosos y metemos cuatro años en la cárcel al que rompa una farola. Todo este programa reformador de gran calado no puede ponerse en marcha sin mentir, de modo que mentimos, sí, pero al modo de los novelistas: para que la verdad resplandezca. Dentro de esta lógica implacable, huimos de los periodistas para dar la cara y convocamos ruedas de prensa sin turno de preguntas para responder a todo. Nadie que tenga un poco de buena voluntad pondrá en duda por tanto que hemos autorizado la subida del gas y de la luz a fin de que resulten más baratos y que obedecemos sin rechistar a Merkel para no perder soberanía. A no tardar mucho, quizá dispongamos que los aviones salgan con más retraso para que lleguen puntuales. Convencidos de que el derecho a la información es sagrado en toda democracia que se precie, vamos tomar RTVE al asalto para mantener la pluralidad informativa. A nadie extrañe que para garantizar la libertad, tengamos que suprimir las libertades.

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El nuevo sistema de becas

No he sabido si llorar o reír al leer la información de este artículo. No había leído antes que los estudiantes de Ciencias de la Salud tienen que aprobar sólo el 80% de los créditos, en lugar del 90% de las carreras de artes, humanidades y ciencias sociales.

¿Sabrá Wert que psicología y enfermería pertenecen al ámbito de Ciencias de la Salud? Para una facilidad que me da el ministro no debería quejarme, que va en mi contra, pero es que sigue sin tener lógica alguna. No me atrevería ni a plantearme por un minuto que Psicología tenga el mismo nivel de exigencia que Medicina. Vamos, ni de lejos. Y no he estudiado enfermería, pero muchos de mis compañeros de Cruz Roja me han contado su experiencia. Y tampoco. Que no. Que si nos hacéis la excepción a nosotros se la tendríais que hacer también a los de Filosofía, que parece que no, pero alguna asignatura de las suyas es peor que estudiar ruso antiguo en nivel avanzado. Y a economía. Y a cualquiera que tenga números o griego antiguo.

Mi otra carrera es de ciencias sociales, y además es una de esas carreras despreciadas donde el 80% de la gente acaba de rebote -aunque luego llega 3º de carrera y desaparecen todos; parece magia, oye-, pero me parece mil veces más difícil que mi carrera híbrido entre las ciencias sociales y las ciencias naturales. En parte por aquello que comenté ayer de que a mi me va muchísimo mejor el método de estudio a distancia, y en parte porque me atrae más la psicología que la sociología. Sin embargo, tengo que admitir que me cuesta muchísimo más interiorizar los abstractísimos conceptos de políticas que las partes del cerebro; y para comprender uno de esos libros de teoría sociológica necesitaría un traductor de castellano-de-sociólogos a castellano-castellano. Pero sociología es fácil, ya que la estadística que utilizamos tiende a ser solamente bivariable, las asignaturas de políticas no superan el 40% del total, y el resto viene siendo psicología social. Pero veo a los de políticas aprediendo conceptos extrañísimos, a los de económicas con unas matemáticas que me producen hasta pesadillas y a los de historia estudiando temarios que parecen sacados de la UNED por aquello de la longitud, pero realizando encima un montón de trabajos típicos de la universidad Bolonia presencial, y, sinceramente…

Esta división era fácil de realizar (ingenierías-salud-los demás), pero no es en absoluto la más adecuada.

¿Que cuál es entonces la distinción correcta entre carreras? A mi qué me contáis. Yo no soy ministra de nada, pensar esas cosas no es mi trabajo. Pero se admiten ideas.

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¿Es fácil aprobar en la UNED?

En esto de estudiar hay una regla básica, y es que hagas lo que hagas tu carrera es la más difícil y tu universidad la más exigente. Y esto te lo dice igual un médico que un maestro, ambos se ofenderían terriblemente si criticases lo más mínimo su plan de estudios. A los estudiantes de la UNED esto nos molesta bastante más, porque la gente tiende a criticar los estudios a distancia sin saber absolutamente nada de ellos. Un problema añadido de esta clase de comentarios es que a menudo llega a nuestra universidad gente que se ha matriculado en ella pensando que en distancia regalan los títulos, con el consiguiente fracaso y pérdida de tiempo y dinero que ello supone; por eso considero importante informarse bien antes de comenzar a estudiar aquí.

Cuando entré a la UNED estaba ya estudiando a distancia (bachillerato), así que el shock no fue tan fuerte como esperaba. Sin embargo, recuerdo lo perdidísima que me sentí en mi primer trimestre estudiando bachiller a distancia: por eso ahora me gusta hablar en persona con todos los que se plantean matricularse la UNED y no están seguros. El mundo de los estudios distancia puede ser confuso al principio. Intentaré dar algunas respuestas, tanto para los que queréis estudiar aquí como para los que despreciáis esta universidad pensando que es algo así como una tómbola de pago:


1. ¿Es fácil?

¿Es fácil aprobar un examen de lengua española de 1º de la ESO? Pues hombre, eso depende de si has estudiado o no, y de si hablas español o no tienes ni idea. Lo mismo con la UNED, igual que con cualquier otra institución educativa. No hay cosas fáciles ni difíciles, solo métodos que te funcionan mejor o peor. Que TE funcionan. A TI. Porque tú eres el único que tiene tus capacidades. A mí, por ejemplo, la UNED me funciona muchísimo mejor, porque necesito tener una estructura muy clara de la asignatura, soy más bien solitaria, no acabo de valorar el contacto con gente en la universidad presencial y tengo buena retención de información cuando a mi cerebro le da la gana. Hay gente que se desmotiva mucho si no tiene contacto diario con el ambiente universitario y necesita que le den la lata en clase con el temario, porque si no es demasiado desorganizado para estudiar. Para gustos, colores.


2. ¿Cómo es el temario?

Largo y caro. Cuando digo largo, digo larguísimo. Hago una carrera presencial y otra a distancia, y tienen ciertas asignaturas comunes. En la carrera presencial tengo aprobadas estas asignaturas sin hacer absolutamente nada, mientras que en la UNED he suspendido. Los libros más cortos tienen alrededor de 450 páginas, los más largos que he tenido hasta el momento tenían alrededor de 750. La tontería de los libros puede salirte fácilmente por 70 euros por asignatura. Comparados con los apuntes y la bibliografía que me han dado en presencial no están nada mal, aunque con frecuencia fallos gramaticales e incoherencias similares que los profesores corrigen a través del campus virtual.


3. ¿Y las clases?

Pues he ido a pocas, la verdad. Solo voy a clase cuando alguna asignatura me desanima muchísimo. La mayoría de los profesores suelen tener el suficiente interés en su asignatura para transmitírtelo a ti también. Pero ir a clase no es mi estilo, lo hago en las ocasiones justas y necesarias; a lo largo de dos años habré ido a unas 6 o 7. En general son más o menos amenas y hay muy buen rollo con la gente. Lo mejor que tienen es que puedes seguir las clases en directo a través de tu ordenador, estés donde estés. Una cámara apunta al profesor, otra pantalla te permite ver todo lo que aparece en el proyector/pizarra electrónica, y una pantalla de chat te permite comunicarte con el aula. ¿No es genial? Pues no, es aún mejor: las clases se quedan grabadas para que las veas cuando quieras. Y todavía más increíble: me dejan ver clases de asignaturas que no son de mi carrera. Os parecerá una chorrada, pero yo ya no veo la tele, veo las tutorías de la UNED.
Aunque hay que admitir que en alguna asignatura la calidad del sonido es pésima porque los profesores aún no se han acostumbrado a hablar en dirección al micro, pero poco a poco va cambiando.

4. ¿Y el campus virtual?
En la mayoría de (mis) asignaturas los profesores entran a diario para corregir dudas, suben material complementario y actividades de autoevaluación. Aunque con los profesores he tenido poco trato. Lo que me gusta de los foros es el increíble compañerismo que reina en ellos. Los compañeros con más dedicación suben sus resúmenes, esquemas y audios con el temario para ayudar a quienes no tienen tiempo de confeccionar sus propios apuntes, comparten dudas, hacen grupos de estudio… Qué sería de mí si no tuviese su ayuda.
Aparte de los foros oficiales de cada asignatura existen vías de comunicación adicionales: los grupos de Facebook y los de Whatsapp. Dependiendo de la carrera, existen más o menos grupos. En psicología hay al menos uno por asignatura, si no más; a través de ellos compartimos apuntes, dudas y nervios. También existen grupos off topic en los que hablamos de tonterías, quedamos para tomar café y conocemos gente. La universidad a distancia ya no es una experiencia tan solitaria como la de aquellos primeros alumnos que empezaron con esta experiencia.

5. ¿Cómo es la evaluación?
Como les da la gana. No hay parciales, solo examen final, y esta es una regla básica, inamovible y que duele mucho en comparación con otras carreras, donde a base de parciales se quitan el 70% del temario para el examen final. Aquí te juegas 750 páginas de temario en una o dos horas de examen. Normalmente son tipo test, lo cual suena facilísimo, porque la gente escucha esa palabra y cree que lo que hacemos es un test de la Super Pop. Pues no, en absoluto. Son 30 o 40 preguntas muy específicas, cada una de las cuales puede referirse a una línea cualquiera de las 700 páginas que te has estudiado. A una línea CUALQUIERA. De todo el libro. Sí, será tipo test, pero como se te haya olvidado el año en el que escribió X libro un autor que sólo aparece mencionado una vez en la cuarta línea de la octava página del capítulo 6, ya estás perdiendo puntos. Los fallos restan (obvio). Por lo general el examen cuenta sólo un 90% de la nota, el otro 10% está representado por una o dos prácticas por asignatura y semestre. En alguna asignatura estas prácticas son obligatorias, y si no las has entregado y aprobado no puedes presentarte al examen. Las horas de entrega son cuanto menos curiosas, del tipo “3 de marzo a las 23 horas, 55 minutos y 55 segundos”; y sí, si te pasas un sólo segundo más estás suspenso. Normalmente solo cuentan la nota de las prácticas si en el examen has sacado un 4.5 (en el mejor de los casos). En la mayoría de los casos las prácticas son a distancia, aunque en Psicobiología es necesario ir varias veces por cuatrimestre al centro asociado para realizarlas.
No se aprueba a nadie cuya nota media esté por debajo del 4,95. En ocasiones ni por ésas. He visto a compañeros desesperados preguntando si las respuestas acertadas del examen contaban 0,33 o 0,33 periodo, porque en el primer caso les quedaba un 4,95 y sólo en el segundo se les subía la nota a 5.
También hay exámenes de desarrollo, aunque están desapareciendo. Suelen ser 4 o 10 preguntas a contestar brevemente.
El porcentaje de abandono en la UNED es altísimo; solo en el primer curso abandonan alrededor del 40% de los estudiantes, yendo muchos de ellos a otras universidades a distancia o presenciales por considerarlas más sencillas. Es necesario reflexionar muy bien antes de matricularse en ella, para evitar ser parte de los estudiantes que no vuelve nunca más a pisar la facultad.

6. ¿Tiene prestigio?
Al principio esto me preocupaba muchísimo. Ahora me la sopla olímpicamente. Estoy haciendo un gran esfuerzo para aprobar, estoy aprendiendo muchísimo y sin duda, estoy haciendo mucho más que en la mayoría de las facultades de psicología presencial (y ojo, que digo mayoría, no todas; no dudo que hay universidades tradicionales excelentes). Si algún empleador o alguna empresa no es capaz de valorar el sacrificio que supone no me merece la pena trabajar con ellos, así sea el sueldo superior al del rey.
Sin embargo, puedo decir objetivamente que los estudiantes de la UNED siempre son de los primeros en las pruebas del PIR (como el MIR pero para psicología… Sí, Psicólogo Interno Residente. Existe), así que tan mala no será.

Espero que os resulte de ayuda 🙂

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Freud – El malestar en la cultura

El mundo va al revés, ya lo sabéis. Por algún motivo los estudiantes de filología que conozco tienen que hacer comentarios de texto de carácter sociológico sobre las distintas lecturas que les mandan. A los sociólogos, en cambio, no nos piden tanto eso como ser capaces de leer y comprender bibliografía en hasta cinco idiomas distintos para la realización de nuestros trabajos. Y como si fuera poco, estoy descubriendo con total asombro que Historia de la Psicología no es en absoluto historia, si no una mezcla de alemán (el inicio de la psicología fue en Deutschelandia, lo que implica que los términos también) y literatura. Qué pasión le ponían estos señores a sus libros, oye.

Uno de mis autores favoritos es Freud, pese a la pseudodemonización de sus teorías que la corriente conductual ha querido transmitir a través de los libros de texto. Pero sus textos siguen siendo increíbles, este señor igual escribe de fisiología que de política; no sé con qué nivel de acierto, pero como poco invita a la reflexión. Por eso me gustaría compartir con vosotros un extracto de su obra Sobre la agresión (1930), que, al margen de vuestra opinión sobre la psicología, encontraréis seguramente interesante:

El hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluírse una buena porción de agresividad. El prójimo no le representa únicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino también un motivo de tentación para satisfacer en él su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes (…)

La existencia de tales tendencias agresivas (…) es el factor que perturba nuestra relación con los semejantes (…). La cultura se ve obligada a realizar múltiples esfuerzos para poner barreras a las tendencias agresivas del hombre. De ahí ese despliegue de métodos destinados a que los hombres se identifiquen y entablen vínculos amorosos, coartados en su fin; de ahí las restricciones en la vida sexual y de ahí también el precepto ideal de amar al prójimo como a sí mismo (…) Sin embargo, todos los esfuerzos de la cultura destinados a imponerlo aún no han logrado gran cosa. Aquélla espera poder evitar los peores despliegues de la fuerza bruta concediéndose a sí misma el derecho de ejercer a su vez la fuerza frente a los delincuentes, pero la ley no alcanza las manifestaciones más discretas y sutiles de la agresividad humana (…)

Los comunistas creen haber descubierto el camino para la redención de mal. Según ellos el hombre sería bueno de toda la corazón (…), pero la institución de la propiedad privada habría corrompido su naturaleza (…). El instinto agresivo no es una consecuencia de la propiedad, sino que regía casi sin restricciones en épocas primitivas (…), ya sa manifiesta en los niños (…), constituye el sedimento de todos los vínculos cariñosos y amorosos entre los hombres (…). Si se eliminara el derecho personal a poseer bienes materiales aún subsistirían los privilegios derivados de las relaciones sexuales, que necesariamente deben convertirse en fuente de la más intensa envidia y de la más violenta hostilidad entre los seres humanos, equiparados en todo lo restante (…)

Evidentemente, al hombre no le resulta fácil renunciar a la satisfacción de estas tendencias agresivas suyas; no se siente nada a gusto sin esta satisfacción. Por otra parte, un núcleo cultural más restringido ofrece la muy apreciable ventaja de permitir la satisfacción de este instinto mediante la hostilidad frente a otros seres que se han quedado excluídos de aquél. Siempre se podrá vincular amorosamente entre sí a mayor número de hombres, con la condición de que sobren otros en quienes descargar los golpes. En cierta ocasión me ocupé en el fenómeno de que las comunidades vecinas, y aún emparentadas, son precisamente las que más se combaten y desdeñan entre sí, como, por ejemplo, españoles y portugueses, alemanes del norte y del sur, ingleses y escoceses, etc. Denominé a este fenómeno narcisismo de las pequeñas diferencias, aunque tal término escasamente contribuye a explicarlo. Podemos considerarlo como un medio para satisfacer las tendencias agresivas, facilitándose así la cohesión entre los miembros de la comunidad [nota de Saravasti: interesantes implicaciones políticas y sociológicas. Y un interesante modo de abordar el impacto del fútbol en la sociedad]

Si la cultura impone tan pesados sacrificios (… comprenderemos mejor por qué al hombre le resulta tan difícil alcanzar en ella su felicidad (…). Si con toda justificación reprochamos al actual estado de nuestra cultura cuán insuficientemente realiza nuestra pretensión de un sistema de vida que nos haga felices (…) ejerceremos nuestro legítimo derecho, y no por ello demostraremos ser enemigos de la cultura. Cabe esperar que poco a poco lograremos imponer a nuestra cultura modificaciones que satisfagan mejor nuestras necesidades y que escapen a aquellas críticas. Pero quizá convenga que nos familiaricemos también con la idea de que existen dificultades inherentes a la esencia misma de la cultura e innacesibles a cualquier intento de reforma. Además de la necesaria limitación instintual que estamos dispuestos a aceptar, nos amenaza el peligro de un estado que podríamos denominar “miseria psicológica de las masas“. Este peligro es más inminente cuando las fuerzas sociales de cohesión consisten primordialmente en identificaciones mutuas entre los individuos de un grupo, mientras que los personajes dirigentes no asumen el papel importante que deberían desempeñar en la formación de la masa.

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Educación Cívica y Constitucional

Soy consciente que desde el principio hubo una gran polémica con Educación para la Ciudadanía. Varios años después sigo sin entenderlo. ¿Cómo pudieron objetar las familias contra esa asignatura? Por dios. Me importa tres bigotes de langostino que no les guste el temario. A mí nunca me gustó Matemáticas y jamás llegué a los tribunales por mi derecho a no estudiarlas. ¿Adoctrinamiento político? Adoctrinamiento político he recibido desde que en mi colegio e instituto había una foto de los reyes de España colgada en la pared. Adoctrinamiento político he recibido cuando los libros de clase criticaban subrepticiamente (¡eh, mirad!, ¡uso palabras largas!, y eso que soy de la LOGSE) una u otra forma de gobierno, cuando hablábamos de la “conquista de América” y las “invasiones árabes” y cuando me dijeron cuántos españoles murieron en la guerra civil, pero no tengo un solo dato respecto a los nativos fallecidos en América del Sur (total, son pobres indios con taparrabos, a quién le va a interesar saber a cuántos nos cargamos y por qué).

Es imposible enseñar sin adoctrinar. Desde el mismo momento en que le dices al alumno que es una persona libre y con derecho al voto le estás transmitiendo ideologías éticas y políticas, solo que como con ésta estamos todos de acuerdo nadie se queja. Es decir, Wert, que cuando propones una asignatura “libre de adoctrinamiento“, una de dos; o te refieres a pasar la clase mirando al suelo en silencio o en realidad quieres decir “libre de ideas que no me gustan“. Podríamos convertir las aulas en centros abiertos de reflexión y de discusión donde los alumnos puedan expresar sus opiniones y aprender a encontrar los pros y contras de cada opción, pero para qué; a ver si luego les da por sí mismos y la cagamos.

No estoy pidiendo que en las aulas se defienda el matrimonio homosexual. Me parece estupendo que gobiernos con otros puntos de vista introduzcan también opiniones abiertamente opuestas. Escuchar opiniones diversas es enriquecedor. Debatirlas con los compañeros es lo más útil que se puede hacer en un instituto. Porque, admitámoslo: ¿a quién le interesa memorizar 300 páginas de teoría sobre literatura, cuando luego le mandan leer a lo sumo tres libros por año? ¿Creéis que me acuerdo de las características métricas del Cantar del Mío Cid? Pues no, señores míos; ni lo recuerdo ni lo necesito, internet está ahí siempre que quiera encontrar esa clase de datos. Pero en Internet no hay cursos para aprender a pensar, mientras que en las aulas sí.

Respeto la libertad de conciencia y opinión. Me resulta indiferente que de esas aulas salgan fachas totalitarios o izquierdistas republicanos mientras los argumentos que empleen para defender sus ideas sean sólidos y reflexionados en vez de una mera repetición de los libros de 4º de la ESO.

El silencio es mucho más peligroso que la mentira. Por eso me preocupa el silencio que pretende imponer Wert en los institutos a las desigualdades y a los modelos alternativos de familias. Wert, corazón, vuelve al mundo real. Papá Cordura y mamá Lógica te están esperando.

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Huelga del 22-M

No estoy a favor de las huelgas en educación. No les encuentro el sentido. Las huelgas laborales sí que tienen cierta lógica (¿no quieres sentarte a negociar? A ver si cuando empieces a perder dinero te entran más ganas, cariño), aunque, cuando son generalizadas y por motivos políticos, al final a quien más daño hacen es a nosotros, que somos quienes perdemos ingresos. Al Ministro se la pela profundamente que el país pierda dinero, total, su sueldo no lo tocan. ¿Cuántas huelgas de este tipo han dado resultado en los últimos años? Admitámoslo: las tropas españolas fueron a Irak, trabajaremos hasta los 67 y en materia laboral, vamos camino al “Despido 2×1” (es que me lo estoy imaginando: “Ahora con tu despido improcedente, ¡despide otro trabajador sin ningún coste! Y si además es negro, maricón o embarazada, te regalamos una chapita del Ministerio“.

Pero las de educación tienen menos sentido todavía. Entiendo que quien calla otorga, y si no nos quejamos no hay modo de que sepan que estamos descontentos. Lo que no acabo de compartir es el método. “No quieres que estudie, así que en venganza voy y falto a clase, chincha rabiña. Y además te obligo a no pagar el sueldo de los profesores que harán huelga, y a ahorrar en agua y electricidad. A que jode, ¿ehhhh?“. Una huelga así podría tener sentido si fuese contra la propia universidad, ya que perdería reputación y futuros ingresos en caso de ser privada. Pero, ¿contra el Ministerio? Me jugaría el cuello a que Wert ni siquiera está enterado del calendario de movilizaciones estudiantiles.

El problema es, querido Wert, que le odio. ¿Sabe qué es el odio? Como estamos ahorrando en educación en vez de consultar a la RAE voy a mirar en wikipedia, que es así como más de estudiante becado:

El odio es un sentimiento de profunda antipatía, rencor, disgusto, aversión, enemistad o repulsión hacia una persona, cosa, o fenómeno, así como el deseo de evitar, limitar o destruir el objeto odiado“.

Pues eso, querido Wert. Que cuando pienso en ti siento una profunda antipatía, rencor, aversión y repulsión, y de las ganas de destruirte mejor no hablemos porque amenazar señores sigue siendo un delito penado por ley, y ya tengo bastante mal la agenda como para encima ponerme a buscar fechas para un juicio. Y por ello, por muy absurdo que me parezca faltar a clase para pedir que me dejes estudiar; por muy ilógico que sea pasarme la noche de empalmada en la universidad comenzando los exámenes al día siguiente; y por mucho que sepa que el odio es irracional y el comportamiento que provoca todavía más, haré lo imposible para participar en la manifestación.

Igual que usted se ha empeñado en destruir nuestras ilusiones prometo empeñarme yo en destruirle a usted. Porque no seré feliz hasta el día en que le vea recoger sus cosas en su despacho del ministerio, #yovoyal22M.

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15M

Quiero enseñarte mi mundo. Sin agobios, sin problemas. Compartir contigo las imágenes que me han hecho soñar, los sitios que me han hecho vivir, los hechos que me han obligado a crecer.

Quiero que este corazón dividido en tres ciudades tenga hoy un día de relax. Que no me importa el futuro, ni dónde voy, ni dónde estaré, ni cuánto tiempo tardaré en volver a verte a ti y a los tuyos, si tardarán mucho mis pies en recorrer otra vez este suelo o si acabará siendo un recuerdo lejano y desdibujado que tenga que buscar en google maps cada vez que sienta la necesidad de describirlo en mi mente.

No tiene nada que ver con el resto del blog, pero hoy quería decirte que te echo de menos cuando cierro los ojos y dejo de verte durante un instante. Porque un día cerré un momento los ojos y dejé atrás una vida, y fue voluntario; y cada día me pesará en la razón el recuerdo de toda la gente a la que no veo desde entonces.

Hoy quiero conservarte aquí, en mi mente, de por vida. Porque puede que la vida cambie, que todo se modifique y el tiempo que hemos compartido se quede en una tonta anécdota: pero sabré que mereció la pena cuando mire hacia el pasado y eche a llorar al recordar tu rostro. Las historias felices son las que más lágrimas producen.

(Ilusos, ¿pensábais que esto iba a ser una entrada antisistema hablando maravillas sobre la resistencia pacífica? Pues no, nada de eso por hoy)

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La opinión de Francisco Marhuenda

Como os podéis imaginar, ayer fui una de las primeras personas en ver la controvertida portada del periódico La Razón. Efectos secundarios de acostarse tarde y tener twitter. Me ofendió profundamente que intentasen dar mala imagen de los estudiantes revolucionarios a través de la vida de cinco personas; incluso asumiendo que la información fuese correcta y no sacada de contexto, ¿y qué? Sí, son cinco personas, y sí, juegan un papel relevante en los sindicatos. Pero en cada manifestación, en cada movimiento estudiantil, lo importante no son cinco personas, son las miles que hay detrás apoyando esas ideas. Y nadie conoce el currículum de esa gente. Nadie ha venido a preguntarnos uno a uno qué hacemos en la vida. Y me molesta profundamente que traten de desprestigiarnos a todos porque dos o tres de nosotros tarden mucho en sacarse la carrera- a saber además en qué condiciones; no sé si trabajan, si cursan otros estudios a la vez, si son estudiantes a tiempo parcial, etc.

Por eso, dos minutos después de ver la portada llamé al periódico. Nada más mencionar que era por la portada me pasaron con redacción. Una señora bastante quemada me puso el mute mientras yo le comentaba que dónde podíamos enviarle el currículum todos los que estudiamos en situaciones complicadas, o estudiamos y trabajamos, etc. Me ignoró durante 30 segundos, no sé si para ver si colgaba o si estaba manteniendo alguna conversación por detrás. Pensaba que los periódicos eran medios de comunicación, digo, pero veo que la telefónica no es vuestro fuerte. Silencio. Pues nada, tomáos el tiempo que queráis. He trabajado como teleoperadora. Tengo paciencia. Finalmente me respondió que les enviásemos todos los currículums que quisiéramos, que recogerían todos ellos.

Por eso no tardé en enviar a varios redactores y al director del periódico un email, que sólo me respondió este último. Pero me ha parecido suficientemente interesante como para compartirlo. A continuación, un bonito corta y pega de mi bandeja de entrada.

Para: Mazón, Diego; de Santos, Angel Luis; Alonso, Sergio; López, Carmela; Marhuenda, Francisco
Asunto: Currículum

 Estimados redactores de La Razón,

 al ver vuestra portada del periódico de hoy me he dado cuenta del interés que tenéis en conocer más a fondo la situación de los estudiantes. Por eso he decidido ayudaros, que entiendo lo difícil que es el periodismo de investigación. Os adjunto unas breves líneas sobre la situación personal de muchos compañeros que apoyamos las manifestaciones y huelgas de Educación:

– Laura: 19 años. Entre semana estudia el grado de sociología; los fines de semana asiste a un curso intensivo de Director de Actividades Juveniles. Trabaja desde los 14 años como profesora particular y es voluntaria de una asociación realizando acompañamiento hospitalario en la sección de oncología infantil.
 Irma: 20 años. Estudiaba un grado de diseño gráfico y buscaba trabajo. Digo estudiaba, porque este año no le han dado la beca, pese a vivir INDEPENDIZADA y no tener NINGÚN INGRESO, así que ha tenido que dejar la universidad. Ha sobrevivido un año con los 3000€ de beca del año pasado y aprueba siempre a la primera con buenas notas.
– Rafa: 25 años, trilingüe, licenciado en logopedia y en psicología. Trabaja como coordinador de proyectos de una importante ONG internacional en la que ha sido voluntario durante 10 años.
 Federico: catedrático de economía aplicada en la UCM y director de departamento. Lamento admitir que no conozco su currículum ni los años que tardó en licenciarse, pero le preguntaré, si así lo desean.
– Yo: 20 años. Es mi segundo año de estudios de dos grados distintos, pero me gradúo en ambos el año que viene, si Wert me permite matricularme, claro. Trabajo desde los 16 años, llevo todo el año pluriempleada, hice un FP al mismo tiempo que bachillerato, hablo inglés, francés y alemán, vivo independizada con crisis y todo, y soy voluntaria de dos ONG.

 Pueden ponerse en contacto con nosotros cuando deseen para conocer más detalles. No se olviden de enviarnos una copia de la portada que nos van a dedicar; y que quede claro, por mucho que insistan no firmamos autógrafos.

 Espero haberles resultado de ayuda.

Reciban un cordial saludo,

Saravasti.

From: Francisco Marhuenda
To: Saravasti

Apreciada Saravasti,

Te felicito porque estos currículos sí que son excelentes y aunque discrepemos en muchas cosas me siento orgulloso de hacerlo con alguien que seguro tiene un gran futuro. Me gusta, además, que la crítica sea en tan buen tono e ironía sin los insultos que otros utilizan en los twitter. La huelga es un derecho constitucional, afortunadamente, y, por tanto, lo podéis ejercer como consideréis conveniente. Otra cuestión es que se debe aprovechar el privilegio que ofrece la sociedad de poder estudiar en unas magníficas universidades públicas a un coste tan bajo. No estaremos de acuerdo, pero respeto tus críticas porque se ve que vienen de un persona con gran calidad humana. Te deseo lo mejor. Saludos

Francisco Marhuenda  

De:
Enviado el: miércoles, 09 de mayo de 2012 15:36
Para: Marhuenda, Francisco
Asunto: RE: Currículum

Estimado Francisco,

 estoy totalmente de acuerdo con el hecho de que debemos aprovechar la oportunidad de estudiar a precios tan razonables; supone un gran esfuerzo económico para el país y debemos agradecerlo. Lo que no comparto con usted es que los precios sean bajos. He pagado HOY la matrícula de mi segunda carrera. El plazo para pagar terminaba en noviembre, pero no he conseguido reunir el dinero hasta ahora. ¿Sabe el esfuerzo que supone? Le invito, estimado Francisco, a leer mi blog cuando tenga tiempo:  https://vivoenunmundodelocos.wordpress.com. También puede leer http://http://elsnouspobres.wordpress.com.

Y por supuesto, jamás llamaría mal estudiante a aquellos que tarden en acabar los estudios, porque conozco lo que pasamos muchos de nosotros y comprendo que una persona no tiene dinero para matricularse en todas las asignaturas o para comprar los libros tarde más años en terminar la carrera. Tengo entendido que usted estudió en CEU – San Pablo, lo cual me indica que ha vivido alejado de la realidad de los estudiantes de las universidades públicas, por lo que no conocerá en profundidad nuestra situación. Pero créame; quien con veintipocos años trabaja y cuida de su madre porque tiene cáncer terminal no anda muy sobrado de tiempo para preocuparse de ir a curso por año. Quien no tiene dinero para comprar folios, mucho menos puede pagar los carísimos manuales necesarios para estudiar. Quien tiene que trabajar 12 horas al día para mantener a su familia no puede permitirse ir siquiera a los exámenes.
No conozco la vida personal de los cinco protagonistas de la portada de hoy. Tal vez sus vidas sean fáciles y sencillas, y suspendan por vagos. Pero lo que sé, Francisco, es que detrás de esas personas somos muchos los estudiantes que hacemos lo imposible para poder estudiar y obtener buenos resultados, y la labor de nuestro estimado Jose Ignacio Wert nos lo impide. Y me resulta sumamente insultante que traten de desprestigiar a un colectivo tan amplio publicando la vida de cinco personas. Los que apoyamos estas huelgas y manifestaciones somos muchos más de cinco. 

No espero una rectificación, ni una disculpa, por que sé que no las habrá. Pero espero que este email sirva al menos para hacerle recapacitar durante unos segundos sobre el esfuerzo que realizamos para poder estudiar pese a todos los impedimentos. Un esfuerzo que, al menos en lo económico y en lo referente a estar pluriempleado mientras estudia, usted no conoce. Y por eso, don Francisco, nos sentimos insultados.

Reciba un cordial saludo,

 Saravasti.

No esperaba recibir respuesta de este email;  ya me había sorprendido recibir unas líneas a mi primer correo, y nada menos que del director del periódico. Pero no pensé que fuese a tomarse la molestia de invertir cinco minutos de su vida en volver a contestar. Con que lo leyese me bastaba. Pero esta noche, al mirar el email, me he sorprendido al ver una respuesta. Y no una respuesta tipo sí o no, si no un email largo. Con alguna falta de ortografía, tengo que añadirlo, estimado señor Marhuenda (y esta vez no ha sido enviado desde la Blackberry; ningún director de periódicos nacionales con una tirada de 150.000 ejemplares se molestarían en enviar correos tan largos a veinteañeras desconocidas a través del móvil), pero creo que por una vez no le voy a dar importancia al uso correcto o no de tildes, para centrarme en el mensaje. No voy a hacer ninguna valoración de él, no esta noche. El hecho de que este señor (que,al margen de su ideología, hay que admitir que es alguien importante en el panorama español, con vida propia y con cosas mejores que hacer que hablar con estudiantes indignados) haya invertido unos minutos de su tiempo en leer mi email y redactar una respuesta me parece lo suficientemente humano para invertir también yo un tiempo de reflexión antes de emitir un juicio al respecto. Juzgad por vosotr@s mism@s.

Apreciada Saravasti,

En mi opinión, no es que los precios sean altos o bajos, sino que la crisis económica hace que sea necesario subirlos. La gente no es consciente de la gravedad y de que estamos al borde del precipicio que sería la intervención. Las medidas que se están adoptando son muy impopulares y desgastan al Gobierno. Te puedo asegurar que me perjudican y que no soy rico, sino que vivo de mi sueldo. Por otra parte, si el Gobierno, al margen de ideologías y partidismos, adopta medidas que le pueden conducir a una a situación parecida a la que ha sufrido Sarkozy  y otros gobernantes europeos, de izquierdas o de derechas, es porque no tiene otra salida. A nadie le gusta adoptar medidas impopulares. En este sentido, creo que el fracaso del PP en Andalucía es una consecuencia de las políticas de recortes adoptadas por Rajoy. La sociedad y el sistema es imperfecto. Lo sé y por tanto hay que mejorarlo. Se producen injusticias o situaciones en las que las causas económicas impiden o dificultan carreras universitarias. Es lo que el Gobierno, cualquier gobierno, tiene que resolver. Por ello, el sistema de becas tiene que funcionar con eficacia, pero también con exigencia. Estudie en la universidad pública, de la que soy un fervoroso defensor, aunque es cierto que el doctorado en Derecho, lo empecé en la Autónoma de Barcelona, donde era profesor, pero al trasladarme a Madrid elegí, por comodidad, el CEU San Pablo y porque mi director de tesis era catedrático. Al concluirlo, seguí con el de periodismo en el CEU, aunque para el de Historia, que he comenzado este año, he optado por la Universidad de Alcalá.  No creas que soy ajeno a la realidad de la pública, en lo bueno y en lo malo. Te reconozco que tuve la suerte de que mi familia me pudiera pagar los estudios o para ser más exacto que no tuviera que trabajar para mantenerme. Mi padre sufrió las dificultades de la posguerra , tras la miseria de la Guerra Civil, y trabajó muy duro para poder estudiar. No tenía ni un duro y era un buen estudiante. Trabajaba los domingos en los puestos de libros de viejo del Mercado de San Antonio, en Barcelona, para que le dieran algo de dinero, según me decía muy poco, y libros para leer. Por ello, me inculcó desde pequeño que mi “trabajo” era estudiar y el suyo ayudarme económicamente hasta fuera independiente. Hicieron grandes sacrificios para cumplir esa prioridad. A los dos les importaba más que yo estuviera bien que su propia comodidad. Nunca se lo agradecí bastante. Es ahora cuando soy consciente de ello y siento no habérselo dicho. Disculpa este pequeño desahogo. Mis padres siempre me decían que era un privilegiado porque podía estudiar y que jamás debía sentirme superior por ello ya que era un afortunado. Otros no tuvieron mis oportunidades. Espero que esta experiencia te permita entender mi posición en este terreno y, además, no fui un buen estudiante aunque luego cambié. No minusvaloro a nadie por tardar más o menos en acabar una carrera. Otra cuestión distinta es que creo que si alguien quiere liderar a la comunidad estudiantil debería dar ejemplo. Como estudiante y luego profesor he visto cómo muchos de los líderes estudiantiles no se dedicaban a estudiar que es su “trabajo”. No critico ni la huelga ni las protestas. Nunca lo he hecho. Es vuestro derecho. MI crítica es por la incoherencia de esos líderes y la politización del movimiento. Hay muchos que os manifestáis convencidos de que tenéis razón. No sé si tenéis toda la información. Me gustaría que te quede claro que admiro a las personas que son como tú, que seguro son la mayoría, y siento que creas que te insulto. Me gustaría que cambies de opinión sólo en este punto y en el resto mantengas las posiciones que consideres convenientes. Casualmente, este curso todos mis alumnos están trabajando, algunos tienen hijos y sé los problemas que tienen para seguir con sus estudios, para muchos es su primera carrera, y sus problemas económicos. Ten en cuenta que me explican incluso enfermedades, que en dos casos, les impidieron acudir al examen y me piden ayuda. No soy capaz de contar el número de alumnos que he tenido estos años y la cantidad de veces que me han pedido consejo para trabajar sin importarles el dinero. En la Autónoma, la nota de entrada en periodismo era muy alta con lo que he tenido la suerte de contar con alumnos excepcionales que acababan la carrera para ir al paro. No siempre he sido director, no te lo digo con ironía, e incluso me quedé sin trabajo hace años. Nadie me ha regalado nada, no hagas caso a las chorradas de los tuits, y cuando entré en política tenía un buen currículo, perdona la falta de modestia, y por ello méritos suficientes para ser diputado y luego alto cargo. Cuando lo dejé, para recuperar mi profesión y regresar a la Universidad, Rajoy insistió en que me quedará con él. Fue una etapa muy interesante en mi vida, pero a la que no quiero regresar. Te lo comento porque he leído auténticos disparates en la red. Te deseo lo mejor, que seguro que lo conseguirás, porque eres seria y trabajadora. Lo que has hecho con 20 años te honra. No sólo lo académico sino tu labor como voluntaria. Por cierto, me ganas por goleada con los idiomas. Felicidades. Un cordial saludo

Francisco Marhuenda.

¿Qué opináis?

Actualización: Un amigo ha redactado este artículo, que me parece interesante para analizar un poco más a fondo el texto de Marhuenda; y de paso para aprender sobre ortografía, que el conocimiento nunca sobra.