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Inmersión lingüística de la UIMP

La semana pasada estuve haciendo un curso de inglés de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Es solamente una semana, está becado por el ministerio, y se puede hacer en Madrid, A Coruña, Santander, Barcelona, La Laguna, La Linea de la Concepción, Granada, Sevilla, y tal vez alguna otra ciudad que no recuerde. Yo elegí ir a Barcelona.

Tengo que admitir algo, Wert: tienes razón en cuanto a lo de los idiomas. Se puede aprender inglés en España. Cuando llegué al curso, en la tarde de mi primer día, confesé que no creía en el aprendizaje de idiomas en aulas. Es como creer en Dios. Yo había ido ahí porque desde que dejé de trabajar en la academia no practico nunca inglés, y me viene bien practicarlo de vez en cuando para no atrofiarme. Pero se aprende. Gracias a las becas de verano del MEC he ido dos septiembres consecutivos a Irlanda, pero no he aprendido ni de coña lo que he aprendido aquí en apenas cinco días.

La universidad describe este curso como “intensivo, de carácter oral, inmersión lingüística en inglés“. Y bueno, hay que decir que no miente. Las clases comienzan a las 9 y acaban a las 18.30, con un descanso de hora y cuarto para comer (rodeado de asistentes de conversación en lengua inglesa; así que no te libras ni por ésas) y con tres o cuatro descansos de diez minutos entre medias. A las 18.30 comienzan las actividades extraescolares, también con asistentes de conversación, y a las 21.00 la cena. Claro que luego tienes que hacer deberes y estudiar, y hemos llegado a estar hasta las cuatro de la mañana preparando trabajos. He acabado cansadísima, tomando 6 cafés al día y fumando cada vez que tenía un minuto libre (lo cual, por cierto, no ocurría tan a menudo como me hubiese gustado). Alucinando de estar tomándome tan en serio un cursillo de una semana. ¿Pero qué es esto? ¡Si yo iba de vacaciones, y Barcelona al final ni la he pisado!

Por si a alguien le interesan estos cursos, os cuento cómo ha sido mi experiencia:

La residencia: Bueno, vale, estamos en Barcelona y la residencia es cara. Pero, querido ministro, habría modos de ahorrar. Como por ejemplo, elegir una residencia que esté lejos de los campus universitarios, pues son más caras y a nosotros nos da exactamente lo mismo. Y aunque agradezco que la gente de la resi me mime tanto, creo que podría sobrevivir cinco días sin que nadie me haga la cama, sin comer de buffet, sin tomar 5 postres en cada comida, sin gimnasio, sin que en los pasillos haya hilo musical, sin que en el sótano haya sala de arte ni piano. Ahorremos dinero, coñe, que estamos en crisis.
El material: Un diccionario muy cute, pero que a partir del nivel B1 se queda corto. Wert, cielo, o me das uno en condiciones o no me des ninguno, cariño, que mi nuevo pisapapeles lo han pagado los españoles de sus impuestos, y ni siquiera queda bien. Un workbook que no hemos usado, pero que prometo que tocaré de vez en cuando estando en casa, me da pena que no se use para nada. Un libro de clase que hemos abierto tres veces. Y por último, un boli y un bloc de hojas, que ha sido a lo que de verdad le hemos sacado partido.  Creo que todo lo anterior sobraba.
Los profesores. Los profesores son nativos, sí; la pregunta es nativos de dónde. Un australiano, una canadiense, una americana, una grecochipriota que vive en Londres desde hace 4 años, y por último una profesora búlgara. Muy simpáticos, dinámicos, y curiosos. Será porque todos ellos tienen nuestra edad, pero la última noche dejaron de comportarse como profesores para pasar a convertirse en fuente de cotilleos. Tras una aparente ardua tarea de persuasión para que saliesen a tomar algo con nosotros la última noche (no querían, para evitar meterse en líos), accedieron a venir con nosotros a tomar una cerveza, pero nada más, para evitar problemas. Acabaron saliendo con nosotros hasta las tantas de la madrugada. El amigo de una de las profesoras le comió la boca a una de mis compañeras de clase; un@ de ell@s, no diré quién, le pidió tema a otra de mis compañeras; y por último, otra persona salió corriendo y llorando a las 5 de la mañana, sin despedirse de nadie cogió y taxi y desapareció, porque al parecer se sentía disgustad@ porque un@ de sus alumn@s se había liado con otra alumna.
Las clases: se selecciona el nivel a partir de un examen online inicial, y otro oral a la llegada al centro. Mi gramática es una mierda, lo admito, por lo que en el examen online me colocaron en el nivel B1; tras el examen oral me subieron al B2, y al final acabaron dándome el título de C1. Toma mejora, oye. En las clases hemos hablado de mil temas: desde maquillaje hasta política, pasando por ética, economía y hasta química. Hemos aprendido un montón de vocabulario, de phrasal verbs (pensaba que sería imposible), de expresiones… Los profesores dejaron claro desde el primer día que no les importaba que hablásemos durante las clases, mientras lo fuera en inglés. En el nivel alto, donde contábamos con fluidez suficiente para mantener cualquier conversación en inglés, no tuvimos problemas en cumplir este trato, con lo cual nos pasamos las clases hablando de los temas que queríamos, mientras los profesores trataban de redirigir la conversación hacia temas más académicos, o de buscar el modo de sacar partido al cotilleo del que nos hubiese dado por hablar en el momento.
Las clases dependen ahora de la academia Berlitz, antes era de Vaugham.
– Los compañeros: De 19 a 24 años. 14 personas, distruibuídas en 3 clases. Como soy antisocial por naturaleza me daba miedo acabar pasándolo mal, pero como todos llegamos sin conocer a nadie, es fácil hacer amigos. Lo único que han faltado han sido más rompehielos para conocer a la gente; nos pasábamos demasiado tiempo con gente de nuestro propio grupo, lo que dificulta conocer a los demás. Además, en el nivel superior hablábamos inglés ya por inercia, lo cual implicaba que incluso en nuestros descansos, o haciendo los deberes por la noche, continuábamos con el mismo idioma.  Entre nosotras nos entendíamos, pero mucha gente de otros niveles nos ignoraba, al resultarles más difícil seguir la conversación, dificultando más la integración en el grupo.
El examen: consiste en una exposición oral de 5-7 minutos para el nivel A2, y 10-15 para los demás, sobre un tema a elegir. Las de mi clase, siendo conscientes de que nos jugábamos el nivel C1, decidimos intentar currarnos la presentación (nota: la diferencia entre C1 y B2 es, aparte de un mayor control de la gramática y el vocabulario, ser capaz de mantener conversaciones menos coloquiales y más centradas en ciencias puras o sociales), por lo que estuvimos preparándola hasta ya muy entrada la noche. Apenas dormimos, casi nos da algo al levantarnos, ufff. Pero lo conseguimos, que es lo importante, aunque, sinceramente, ninguna de nosotras cree que nos merezcamos el C1.
El problema de hacer el examen oral es que no sólo se evalúan tus conocimientos del inglés, si no tu capacidad de hablar en público. Lo cual no ha sido bueno para mí. Tengo fobia a las exposiciones orales. No me importa hablar en público, de verdad; pero exponer un tema me provoca una ansiedad bestial, que me obligó a interrumpir mi exposición sobre etología en mitad de una crisis de ansiedad y negarme a repetirlo. Creedme: si no puedo ni respirar, me importa una mierda conseguir o no el título, por mucho que haya estado preparando el trabajo hasta las cuatro de la mañana. Al día siguiente, más calmada, repetí otra vez la exposición. Como exponer trabajos previamente preparados me pone tan nerviosa decidí improvisar. Conseguí hablar 15 minutos, pero repitiendo continuamente estructuras, vocabulario, inventándome los tiempos verbales, haciendo continuas pausas y echándome a llorar en mitad de la exposición. Una exposición estupenda, como veréis. Peeeeeeeeero lo conseguí. Me costó horrores, creedme; la ansiedad no es simple nerviosismo, me costó horrores permanecer allí de pie, inventándome un discurso en un idioma que ni siquiera es el mío, mientras mi cuerpo era atacado por el llanto y la taquicardia. Hice una mierda de presentación, pero la hice. Y eso ya vale para mí más que un título de chino bilingüe.
El precio: según la página web, la beca es de alrededor de 850-1000€. Hay que pagar 100€ aparte en concepto de matrícula, más el transporte. Me parece algo caro, teniendo en cuenta lo que valen los cursos en el extranjero, pero ha merecido la pena. Teniendo en cuenta que otorgan unas 15.000 becas, y que somos 40.000.000 españoles, cada uno ha pagado unos 35 céntimos. Gracias por esos 35 céntimos que has aportado a la causa, porque, de verdad, han sido bien aprovechados.
– La experiencia: merece la pena. Tal vez el gobierno debería dejar de dar vacaciones pagadas en verano para que la gente se vaya a Malta, y considerar ampliar el abanico de idiomas que ofertan en esta especie de campamentos en España. En los niveles inferiores, consiguen mucha más fluidez y seguridad, mientras que en los superiores tenemos la oportunidad de aprender el vocabulario de los temas que nos interesan y solucionar todas esas dudas que nunca tuvimos la oportunidad de preguntar.

En resumen, si estás planteándote pedir la beca, no lo dudes. No te arrepentirás 🙂

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Buenas noches, Ministro.

Aún me pregunto, Ministro, qué tal duerme usted por las noches. Espero que bien. Ya que nos putea, al menos espero que lo esté disfrutando.

Por que lo que es yo, creo que cada día estoy más cerca de sufrir un colapso nervioso que derive en un ataque psicótico debido al estrés y a que cada vez que veo su nombre en los periódicos, tiemblo. Por si no fuese poco con decir hace dos meses que habrá nota mínima para recibir becas, y que el mes pasado decidiese no darme la beca de idiomas, porque al parecer soy demasiado toli para ello, va y dice hace unos días que pretende subir las tasas universitarias en una cantidad de dinero que me da ganas de vomitar.

Porque, vamos a ver: yo entiendo que haya crisis. Yo no entiendo que recorten antes de educación y sanidad que se defensa, sueldos a grandes cargos políticos o asignaciones a instituciones religiosas, pero lo puedo llegar a aceptar. Yo le odio por querer dar menos becas o subir las tasas universitarias, pero una pequeña y remota región de mi mente puede comprender que ciertos ajustes son necesarios.

Ahora bien: ¿¿¿LAS DOS COSAS A LA VEZ, HDP???

No bastaba con quitarnos las becas y obligarnos a pagar una matrícula de alrededor de 1000€ (en mi caso, dos), mas transporte, libros, y en ciertos casos, entre los que me vuelvo a incluir, alojamiento y manutención. Qué va. De paso nos sube las tasas universitarias. Ah, y espere, que esto es todavía mejor: como su predecesor es tan inútil, pero inútil inútil, que no ha terminado todavía de entregar las becas todavía, suspenderé, como es obvio. Eso de estudiar sin libros y sin ir a clase es más bien tirando a complicado, ¿sabe? Y claro, como suspendo, no solo me sube las tasas de la uni, es que encima es segunda matrícula.

Creo que debo aceptar de una vez que la vida en Madrid es cara y complicada, y que debo buscar alternativas más adecuadas a mis posibilidades económicas e intelectuales. Qué sé yo: Oxford, Cambridge, la Ivy League. Algo más campechano, ya sabe.

Pero no todo son malas noticias, qué va. También hay algunas pésimas. Pero vamos a por las hilarantes: ¿sabe qué ha pasado hoy cuando he ido al banco? Resulta que tengo 7000€ en cuenta. Eeeeeestupendo. Me paso todo el maldito año viviendo con 400€/mes y ahora que acaba el curso va su ministerio y me ingresa 6000€, y otros dos ingresos que no sé de dónde coño han salido, pero ahí están. Pos vale. Resulta que en el 2011 mi renta fue de algo así como 5300€, dinero con el cual viví independizada 6 meses, y me pagué el transporte, la comida, los libros y los gastos durante otros 6. Viví un año con poco más de 5300€. Y ahora tengo 7000€ que el ministerio pretende que use para acabar el curso. Pos vale.

Sí, sí. 6000€ para un mes de clase. Vamos, que no sé si ir a la universidad en autobús o en limusina. Pero no pasa nada; seguro que pronto encontraré la manera de dar salida al dinero pagando las múltiples deudas y multas que los meses de escasez me han regalado.

Claro, que tener dinero para pagar el alquiler (voy a llorar de la emoción), para comer en condiciones (¡no más macarrones 3 veces al día!) y para comprar los libros no me tranquiliza. Qué va. Porque a estas alturas del año, habiendo encontrado un trabajo que me gusta, que da valor a mi currículum y en el que me pagan muy generosamente, no voy a ser tan imbécil de dejarlo, y menos aún viendo cómo está el panorama educativo.

Y por supuesto, sigo con todo esto sin tener la seguridad de poder ir siquiera a los exámenes. ¿Qué clase de persona seria si renunciase a mi trabajo ahora? Rezaré por conseguir que no me coincidan los horarios, y lo que tenga que ser, será.

Así que sigo sin un minuto de tiempo libre; hoy he salido del trabajo a las 22.30, y vuelvo a entrar mañana a las 10.00. En estas 11.30 horas de por medio tengo que:

– Desplazarme del trabajo a casa y de casa al trabajo.
– Ducharme (manías tontas)
– Ordenar mi cuarto.
– Limpiar la casa.
– Llamar a la empresa que me vendió el somier, porque se ha roto y estoy durmiendo en el suelo (así me voy acostumbrando para cuando sea pobre del todo)
– Comprar un billete de autobús a Barcelona para la beca de la UIMP.
– Imprimir los papeles de la beca.
– Buscar las fotos de carnet que me ha pedido la empresa.
– Preparar una unidad didáctica de química y otra de lengua de 2º de bachillerato para la academia.
– Rellenar los informes de la academia.
– Comprobar la contabilidad de la ONG.
– Hacer la maleta para irme mañana a Barcelona.
– Hacer dos trabajos de investigación.
– Estudiar 6 temas de 50 páginas cada uno.
– Hacer la colada.
– Buscar unos papeles que tengo que entregar mañana.
– Pagar el alquiler.

¿Estresada? Qué va, hombre. Si a mí me encanta eso de acordarme de que todavía no he tenido tiempo de COMER cuando ya son las 03.45 de la madrugada.

De parte de todos esos estudiantes que hoy y todos los días nos acostamos a las tantas para estudiar aún sabiendo que usted jamás nos dejará terminar la carrera, buenas noches. Que al menos haya una persona que duerma bien en este país.