Blog, Uncategorized

Viernes

Me llamará usted pesada, no lo dudo. O quejica, tal vez. Pero, créame, es la única persona a la que puedo dirigir estas cosas. Porque si le cuento a mi familia lo que ocurre, se preocupa; si se lo cuento a mis amigos pensarán que exagero, o les importará un bledo; si se lo cuento a mis compañer@s de trabajo, sencillamente me mirarán con resignación, pues sus vidas son iguales o peores. Así que se lo cuento a usted, el responsable de que mi vida vaya a continuar así laaaaargo tiempo.

Hoy, viernes, me tocaba trabajar en la pizzería por la noche. No llevaba más que una hora allí cuando empecé a encontrarme mal. Ya me había dado cuenta de que hoy estaba especialmente lenta al colocar los ingredientes, no comencé a preocuparme hasta entonces. Me sentía como sin fuerzas. Como cansada. Me costaba un poco respirar. Se me nublaba la vista al colocar los utensilios en la zona de secado, a la altura de mi cabeza. Ufff. Salgo corriendo al baño.

– ¿Dónde vas? -me dice el encargado-. Hay pizzas por hacer.

Le suplico que me deje ir al baño, que me encuentro mal. Se limita a mirarme con el ceño fruncido. Una de mis compañeras intercede por mí. “Déjala ir, ¡mira que si vomita aquí, encima de todas las pizzas y delante de los clientes!“. Voy. Bebo agua. Me aflojo el sujetador. Humedezco mi cara con agua fría. Vuelvo al trabajo.

Pero se vuelve peor. La vista se me nubla a cada movimiento; soy incapaz siquiera de fregar un vaso. Me arde la cabeza como jamás había experimentado, producto del calor infernal que aguantamos las chicas de cocina. Me cuesta respirar, me cuesta mucho, tengo que concentrarme en ello y hago ruido al intentarlo. Me desconcierta profundamente. Una bajada de tensión no produce problemas respiratorios. No soy asmática. No es ansiedad, porque jamás he tenido una crisis y porque no siento miedo, sólo ganas de irme de aquí.

Intento continuar con las pizzas y una compañera, la última que queda, me ve jodida. Me pregunta qué me pasa. Me doy cuenta de que si el jefe se entera de que me encuentro tan mal que no puedo dar dos pasos seguidos sin comenzar a ver en negro, le joderán a ella y le pedirán que me cambie el turno, y que salga a las dos de la mañana; y eso es una señora putada en viernes noche. Así que intento fingir estar bien y le respondo que nada, que sólo estoy algo mareada. No tengo fuerzas para hablar, la voz me sale terriblemente temblorosa, parece que intento contener las lágrimas, cuando lo que en realidad intento es contener las fuerzas. Que le jodan a la pizza. Me voy al almacén poniendo la excusa de que falta cualquier ingrediente, cierro la puerta por dentro y me tiro al suelo intentando reunir fuerzas para volver a levantarme.

Escucho pasos, viene el encargado. Cojo lo primero que pillo y salgo. En vez de ir a cocina, me voy al baño. Cierro la puerta y me escondo en el aseo, sentada sobre el WC. Escucho a mi compañera pasar a los vestuarios a quitarse el uniforme; se va a casa. Ahora soy la única auxiliar de tienda que queda: antes o después, el encargado me echará en falta en cocina. Me importa una mierda. Dejo pasar el tiempo mientras el repartidor, ajeno a mi estado, realiza mi trabajo de limpieza, preguntándose, posiblemente, dónde estaré yo, y cagándose en todo mi árbol genealógico al fregar los cubiertos y ordenar pizzas.

He pasado más de una hora así. Más de una hora con la tensión hecha mierda, deseando perder del todo la consciencia, que alguien llame a una ambulancia, que me lleven a otro sitio y que le jodan al local, a sus cacharros para fregar, a la zona de secado elevada, a las neveras bajas que me obligan a agacharme continuamente, y a sus cajas de hasta 12 kilos que constantemente hay que transportar de un lado a otro. Pero el cuerpo, aunque fuerte, es tonto, y hace todo lo posible por resistir. Y aunque no me lo creía, tras hora y media recuperé las fuerzas y pude continuar con las tareas de cierre del local. Limpia, frota, barre, friega, seca, guarda, ordena, pesa… pensé que no acabaría nunca; he perdido un valiosísimo tiempo de trabajo escondiéndome del encargado para intentar sobreponerme a mis mareos, y ahora, a la hora de cerrar, se paga. Pero a eso de las 02.15, el encargado, que ha quedado para irse de fiesta, me dice que me largue.

He dejado el local hecho un desastre. Mañana el jefe nos echará la peta– digo.
Sí, lo sé… Bueno, les contaré que comenzaron a darte mareos y que me ha tocado guardar y ordenar casi todo a mí… todo, de hecho.

Le miro a ver si bromea, si miente o si exagera, pero en su cara no se refleja ninguna de estas tres posibilidades. Mientras yo, al borde del desmayo, he fregado todos los malditos utensilios y gran parte de la cocina; mientras mi compañera ha recogido y limpiado la mesa y los hornos para ahorrarme trabajo, mientras el repartidor hacía horas extra fuera de sus labores contractuales para limpiar y ordenar los dos almacenes… al final, el que se llevará el mérito, será el encargado que se pasó la noche en su despacho comiendo pizzas.

Y la hora extra no me la pagan.

He llegado a casa a las 03.36 a.m. Con la noche que he tenido, mi cuerpo y mi lógica me reclaman dormir. Pero no puedo. Porque el domingo tengo examen (sí, ha leído usted bien, el domingo). Son 200 páginas y cuenta un 0,3% de la nota final; en situaciones normales me reiría y pasaría olímpicamente de un examen que exige tanto esfuerzo para tan poca recompensa, pero no puedo. Como a usted no le sale de la corbata dar becas a la gente en mi situación, tengo que asegurarme de sacar matrícula de honor en todas las asignaturas de mi segunda carrera, para saber que, al menos, no tendré que pagar matrícula el año que viene. Y aquí estoy. Son las 4 de la mañana, y me voy a estudiar psicología. Buenas noches, querido Wert, que descanse usted que puede.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s