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Al Ministerio de Educación

Antes de ayer se cumplieron 5 meses desde el día en que pedí la beca general. 5 meses que llevo esperando los entre 3500 y 6000 euros que me corresponden. 5 meses abriendo a diario el correo, llamando frecuentemente a las administraciones públicas responsables de este dinero -aunque, por supuesto, nadie sabe nada, nadie puede hacer nada, y lo único que puedo hacer es, según ellos, esperar.

En estos cinco meses he trabajado en un montón de sitios. He sido repartidora de prensa, coordinadora de campamentos, promotora, teleoperadora, comercial, profesora, encuestadora y pizzera. Muchas de estas cosas a la vez. He tenido jornadas laborales que han acabado a las 2 de la mañana, teniéndome que despertar a las 6 de la mañana para entrar a trabajar, otra vez, hasta las diez de la noche. Y sigo mirando día a día el correo, esperando ese e-mail del ministerio que me confirme que mi beca ha sido concedida, y que puedo permitirme dejar alguno de los cuatro trabajos que tengo en la actualidad. Pero no llega. Y sigo, día a día, acumulando trabajos de clase, acostándome a las tantas para poder estudiar en la noche lo que no puedo en la tarde, faltando a clase porque el cansancio que acumulo me impide dar un paso más allá de la cama. Mi vida social se ha reducido a la nada, en parte por la falta de dinero, y en parte por la falta de tiempo libre. Y día tras día, aquí sigo. Luchando. No tengo un duro, he pasado semanas alimentándome a base de pasta, podría escribir un libro sobre métodos y técnicas para colarse en el metro. Tengo anemia, y vergüenza cada vez que un empleado de Seguridad me mira haciendo como que no me ve, al colarme en el tren en esos primeros días del mes, antes de cobrar mi salario.

Día a día sueño con la beca. Soñaba. Porque según se va acercando el fin de curso ya me da lo mismo recibirla o no. Por culpa del dinero y del trabajo he tenido que faltar ya demasiadas veces a las clases, ya mi nota no es recuperable, por mucho que lo intente. Ya no sueño. Porque si me diesen mañana la beca, seguiría trabajando. Porque me he acostumbrado a sonreír y dar los buenos días por las mañanas a los usuarios de Metro, dándoles el Qué en mano; porque aprendo más dando clases de química en la academia que yendo a mis lecciones de la universidad; porque preparar pizzas con ese horrible uniforme, recibiendo continuas llamadas de atención por tardar más de 4 minutos en el proceso, es la única tarea lo suficientemente mecánica y repetitiva como para conseguir que olvide durante unos minutos que no sé con qué pagaré el alquiler el mes que viene.

Sé que esto no es culpa suya, Wert, pues estas becas las concede el anterior gobierno. Pero, ¿sabe qué es peor que recibir la beca tan tarde? Saber que, por culpa de esto, no las va a volver a recibir. Métase su siete de media donde le quepa, señor Wert. ¿Sabe cuáles eran mis planes para el año que viene, si recibía beca? Terminar mi primera carrera, sociología -sí, en mi tercer año, porque no necesito más-, continuar con tercero de mi segunda carrera -psicología- y comenzar con una o dos asignaturas de bioquímica, carrera que quería estudiar tras sociología, pues tenía un gran interés en la investigación del comportamiento humano, tanto a nivel psicosocial como en lo referente a neuropsicología. Gracias a usted, seré pizzera.

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